Un cóctel es básicamente una mezcla de bebidas, alcohólicas o no. El llamado “margarita” incluye tequila, otro licor y zumo de cítricos; se sirve en copa escarchada con sal, una rodaja de limón en el borde y hielo en las rocas. Por supuesto, existen muchas variedades; puede acompañarse con frutas dulces y de una amplia gama de bebidas fuertes, dependiendo del gusto del cliente o de la honradez del bar donde se sirva. En la alteración de los componentes alcohólicos está el gane, sirviéndole mezcal o aguardiente rebajados u otro licor blanco barato, sin avisarle. El cliente, si no es buen catador, difícilmente notará la diferencia y pagará lo que le cobren, aunque le den gato por liebre. Esta añagaza nos sirve para compararla con la renuncia de Margarita Zavala a su candidatura independiente. La cual, con toda seguridad, NO fue decisión de la señora ni de su alcohólico marido sino de los cantineros del sistema que preparan una mezcla especialmente explosiva con tres propósitos: embriagar al electorado, inhibir el voto y facilitar el megafraude.
Ante la ventaja creciente de AMLO, la mafia del joder parece nerviosa, más no desesperada; porque tiene recursos ilegales e ilimitados para engañar, otra vez, a una buena parte de población. Su actuar, ajustado al guión (plan) escrito por los ingenieros electorales, grita a los 4 vientos la preparación del mayor fraude del siglo. Las fuerzas vivas (caciques, charros, traficantes de influencias, vividores, jueces y empresarios corruptos, expresidentes) tienen pavor, a mi parecer infundado, de que llegue a gobernarlos un político sin haberles garantizado la permanencia de sus privilegios.
Ya se ha hecho un rosario con la basta cantidad de marrullerías que el sistema utiliza para manipular las votaciones a su conveniencia. Las más recientes, difundidas en la redes, son la edición de boletas, padrones y credenciales de elector duplicadas; y la entrega a una empresa de ¡Slim! la cyberseguridad de los comicios. Las señales de la existencia de una Elección de Estado, son abrumadoras: habrá compra de votos, acarreo, carrusel, turismo electoral, uso de los programas sociales, presiones y amenazas y corporativismo e inducción del voto a militares y fuerzas de seguridad. El panorama es desolador y muy peligros para la estabilidad nacional. Su objetivo, por lo pronto es supera (juntos) la ventaja de AMLO. Ya lo están logrando; de acuerdo a la encuesta (IPSOS) de Mayo, AMLO tiene 43% que es menor a los porcentajes de Anaya, Meade, Bronco y Margarita Con esto, sumado a la renuncia de Margarita y próximamente la del Bronco (si se lo ordena Salinas) se está anunciando la unificación PRI-PAN en contra del puntero.
Para utilizar la renuncia de Margarita, pueden actualizarse dos hipótesis o su combinación, refiriéndonos específicamente a la aparición de su nombre en las boletas ya impresas (50%); es decir, en más de 45 millones.
La primera vincula a las casillas donde logren comprar a su presidente y al representante de MORENA o, este último, no lo haya: las boletas podrían ir tachadas previamente a favor de la señora Zavala hasta darle el 2 % que supuestamente tenía. A ella no le sirven, claro está, pero serían útiles para ajustar artificialmente los resultados a favor del candidato oficial (Anaya o Meade). La segunda hipótesis se remite al cierre de la jornada: en las casas de seguridad, en los sótanos de los organismos electorales locales, podrían tachar el nombre de Margarita en algunas boletas donde la gente votó por AMLO, anulándolas. Si se combinan ambas hipótesis, configuran un cóctel eficiente que podría duplicar ese 2 % de sufragios escamoteados al puntero. Ahora hagamos otras cuentecitas; calculando, optimistamente, que salga a votar el 65% de los electores (60.45 millones), ese 4% de sufragios cruzando el nombre de la señora Zavala, representa 2.4 millones. Si a esta cantidad le aumentamos el 2 % del Bronco (renuncie o no) resultan 3.6 millones de votos que ayudarían con mucho a dar credibilidad
al INE. Naturalmente, la perversidad del Sistema va más allá: para invalidar más votos cruzarán el emblema del PT y/o Encuentro Social, en aquellas donde se eligió el de MORENA.
Sin duda, después del segundo debate, se reforzarán los acercamientos Meade-Anaya (a pasar de haberse calificado de cínico e hipócrita uno al otro) para mantener secuestrado al Poder. El Cuchareo de las encuestas harán ver como perdedor a AMLO, paulatinamente hasta lograr que la diferencias entre los tres sea mínima, ocasionando que el porcentaje del peje sea superado por la suma de los porcentajes de los contendientes oficiales. Así se puede ver en la encuesta de IPSOS publicada en este mes: Anaya, 24%; Meade, 16 % y AMLO, 43%.
A pesar de que todo, esta celada se sabe como cierta y eminente, la ciudadanía libre, en lugar de organizarse para evitar la perpetuación de la ignominia; por temor, ignorancia o indiferencia, prefiere dejar eso en manos de los partidos: “Todos son iguales” asumen. Por supuesto, hay mucho de verdad en esa premisa, pero de no ganar la oposición en esta ocasión, México caerá en una espiral de mayor saqueo, violencia y desnacionalización, sin remedio por la vía pacífica.