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La tragedia que se vive pide una sensibilidad especial

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 14/09/2020

alcalorpolitico.com

La muerte y el sufrimiento de tantas personas en estos tiempos de pandemia piden una sensibilidad para saber conducirse en este ambiente de desaliento generalizado. No es únicamente el sentido común el que nos lleva a la moderación, al respeto y al silencio cuando alguien sufre, sino sobre todo la sensibilidad al experimentarnos también nosotros afectados y verdaderamente cuestionados por las tragedias que enfrentan tantas personas.
 
Los valores religiosos de nuestro pueblo han creado un clima de acogida, cercanía y solidaridad ante las personas que sufren. Aunque en otros momentos de la vida estuviéramos distanciados de las personas, en los duelos y tragedias que enfrentan las familias se deja sentir la presencia, la comprensión y el apoyo de los demás.
 
Muchos hermanos reconocen que para enfrentar el duelo y el sufrimiento fue fundamental la cercanía, el cariño, los detalles, la oración y el apoyo de tantas personas, incluso de personas desconocidas y de quienes menos se esperaba, porque a pesar de todo -y especialmente de las diferencias que podamos tener- se da esa sensibilidad para tratar con ternura, delicadeza y consideración a quien ha sido alcanzado por los sufrimientos de esta vida.
 
Hay tiempos críticos y de tragedias que piden una mirada diferente y una sensibilidad especial hacia la realidad de sufrimiento y que exigen por lo menos una tregua para respetar el dolor de los demás y el sentimiento de tristeza generalizado. Esa sensibilidad y solidaridad la hemos vivido en otros momentos trágicos y la hemos incluso constatado con admiración en el caso de otros países, cuando pasan por terribles momentos.
 
Nos apena, nos preocupa y nos indigna mucho que, en el caso de nuestro país, en el momento presente de tanto sufrimiento no se esté dando esa sensibilidad y respeto de parte de nuestros gobernantes. Los homenajes y los minutos de silencio se reducen a protocolos y procedimientos vacíos que ni siquiera mueven a la reflexión y a la compasión, sino que parece que sólo los llevan a detenerse un momento para regresar con más fuerza a mantener un ambiente de descalificación y confrontación sistemática.
 
Nunca imaginamos que ante un momento delicado y de tanto sufrimiento se elevara el tono de confrontación y descalificación. Sin embargo, eso es lo que predomina todos los días: ante el sufrimiento del pueblo, se obstinan en el encono; ante las tragedias que se viven todos los días, atizan las diferencias partidistas; ante el panorama desolador, sostienen un discurso de confrontación; ante la pobreza generalizada, su mayor desgaste es exhibirse mutuamente en su corrupción.
 
Pasan las administraciones y duele constatar que lo que resulta más urgente para la clase política, incluso en tiempos de tragedias, es conservar el poder y preparar las estrategias electorales, más que la situación sufriente de nuestro pueblo. Es completamente inhumano implementar otras agendas y tener otros intereses, cuando mucha gente está muriendo y cuando hay una pobreza generalizada.
 
No hay un discurso de reconciliación ni un llamado a la unidad, y cuando marginalmente se ha hablado de ello, el discurso beligerante esfuma toda posibilidad de estrecharse las manos para poder trabajar dignamente por el rescate de nuestro pueblo.
 
Y por si faltara algo más, contra la lógica, la sensibilidad y el sentido común que tendrían que imponerse en este momento crítico, no han dejado de promover una política en contra de la familia, impulsando el aborto y la agenda de la ideología de género.
 
Mientras valoramos y cuidamos más la vida ante la adversidad que estamos viviendo, la ideología de género que adoptan nuestros gobernantes implementa un mecanismo de muerte, especialmente impulsando la mentalidad abortiva.
 
Todo parece indicar que mientras el pueblo se encuentra en la aflicción y aprovechando la distracción que generan otras noticias, siguen impulsando esta agenda que erosiona los fundamentos de nuestra vida democrática y golpea fuertemente a la familia que es de las instituciones que más está dando la cara en esta contingencia, brindando lo mejor para resguardar y animar a sus miembros y apoyando las medidas sanitarias.
 
El verdadero humanismo no está en la exposición fervorosa y constante de ciertas ideas, sino en la capacidad de conmoverse e implicarse en el sufrimiento de los demás, así como en la defensa y promoción de una vida auténticamente humana.
 
Se esperaba que la realidad de sufrimiento por sí misma generara verdaderos sentimientos de humanidad. Por lo que ante la confrontación sistemática que se está dando, se pide a nuestros gobernantes en estos tiempos de profundo dolor y desesperanza: sensibilidad ante el sufrimiento de los demás; moderación para respetar el luto de miles familias; compromiso para conducirse con la responsabilidad y la conciencia que exige un momento delicado como éste; y un verdadero humanismo para defender la dimensión auténticamente humana de la existencia, ante la amenaza de la colonización cultural de la ideología de género.
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