Este martes 22 de septiembre, a las 18:05 horas, hora de México, entró el Otoño, mejor conocido como el equinoccio de septiembre, un evento astronómico de escala planetaria que marca formalmente el inicio del otoño en el hemisferio norte y de la primavera en el hemisferio sur. El término "equinoccio", proveniente del latín aequinoctium (que significa "noche igual"), describe el momento exacto en que el eje de rotación de la Tierra no está inclinado con respecto a los rayos del Sol.
Durante este fenómeno, el centro del disco solar cruza el ecuador celeste de norte a sur. Como resultado directo, la luz del Sol se distribuye de manera uniforme sobre ambos hemisferios, provocando que la duración del día y de la noche sea prácticamente idéntica en casi todos los rincones del globo terráqueo.
Este hito astronómico conlleva transformaciones biológicas y ambientales plenamente documentadas por la ciencia: Descenso gradual de temperaturas: En las regiones templadas del hemisferio norte, los días comienzan a acortarse progresivamente y las temperaturas medias descienden a medida que el polo norte empieza a inclinarse lejos del Sol.
Cambios en la flora y fauna: Los árboles caducifolios suspenden la producción de clorofila debido a la menor cantidad de horas de luz, revelando pigmentos carotenoides que tiñen las hojas de tonos amarillos, naranjas y cobrizos. Asimismo, diversas especies de aves inician sus rutas migratorias hacia el sur.
Significado cultural: Desde la antigüedad, diversas civilizaciones han estructurado sus calendarios agrícolas en función de este equinoccio, asociándolo con el periodo de cosecha, el almacenamiento de alimentos y la preparación para la época invernal.
En Veracruz, si bien el clima dominante es tropical y de alta humedad, el equinoccio marca la transición hacia el periodo de frentes fríos y masas de aire polar que alteran la dinámica meteorológica de la zona costera y montañosa, invitando al turismo local a disfrutar de los paisajes boscosos de la región central.