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Sección: Estado de Veracruz

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Los mejores cuentos tristes-Varios

21/01/2025

alcalorpolitico.com

La tristeza es algo que persigue a propios y extraños, por muchas razones tarde o temprano nos invade.

Los cuentos aquí seleccionados y cuidadamente traducidos, nos sumergen a ese lado oscuro de nuestras vidas. La presente edición (Mestas ediciones) cuenta con los siguientes: “La tristeza” – Antón Chéjov: Creo que fue un acierto por parte de la editorial incluir al maestro Chéjov, pues es de esos que dicen mucho en un par de líneas.

El cuento presente no es la excepción. Sobre la indiferencia y el egoísmo que podemos tener ante el dolor de los que nos rodean.



“El canario” – Katherine Mansfield: Primera vez que leo a la autora, un cuento aún más corto.

Mismo tema, la pérdida de algo que a simple vista parezca insignificante, cuando en realidad puede significar mucho, dejándonos en el vacío abismo de la soledad y la depresión.

“Coco” – Guy de Maupassant: Otro de los grandes, para mí, es el Chéjov francés (¿o Chéjov el Maupassant ruso?) cuento durísimo, sobre la crueldad e indiferencia hacia los animales, pero también sobre lo oculto de nuestra naturaleza humana.



“Bartleby: El escribiente” – Herman Melville: Creo que muchos ya hemos leído este breve pero contundente relato, tan simple como lo absurdo de la vida y la imposibilidad de evitar lo inevitable, lo que nos podría llevar a sentenciar un “preferiría no hacerlo”.

“Alyosha, el cántaro” – Lev Tolstoi: Otro gigante, un cuento con el sello característico de Tolstoi, estepas, mujiks, muerte y desesperanza. Un cuento demasiado sorpresivo, del que hablar de más, seria echarlo a perder, recomendado (como todo lo de Tolstoi) pues el autor es gigante tanto en la novela como en el cuento.

“Un perro castaño oscuro” – Stephen Crane: El cuento final de esta jugosa antología, de hecho, es la cereza del pastel, el título lo dice todo y es más triste de lo que se podría pensar, además provoca cierta angustia. Autor revelación (para mí).



Hacer mención especial a: “Yzur” de Leopoldo Lugones, “¡Adios, Cordera!” de Leopoldo Alas “Clarin” y “El chico que amaba una tumba” de Fitz James O’Brien, por su facilidad para crear atmosferas que hacen honor al título de la presente antología.

Estos son los que, a mi criterio, tienen el potencial de crear esa angustia y tristeza, como debe ser.

Una antología que recomiendo a todo el que pase por momentos de tristeza o depresión, eso sí bajo su responsabilidad.



Merecido reconocimiento a la editorial por tan impecable trabajo de selección, se lleva un 9/10.


Irving Romero