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Los normalistas de Iguala, La Dictadura perfecta y el “sólo para mujeres”

Magali Velasco Vargas 27/10/2014

alcalorpolitico.com

—No ha muerto —respondieron las rosas—, pues nosotras hemos estado bajo tierra, que es donde yacen los muertos, ¡y Kay no estaba entre ellos!
“La reina de las nieves”, H. C. Andersen
 
Es más que probable que este texto parezca un desorden, pero las ideas son así, caóticas y más cuando las fuentes que las originan resultan peor de desgobernadas.

¿Cómo hablar de los taxis en Xalapa, de la desaparición y presunto asesinato de 43 jóvenes normalistas en Iguala y también del estreno del último film de Luis Estrada: La dictadura perfecta?
 
La violencia.
 
La violencia en sus varias manifestaciones cruza como escalpelo tres eventos, tres discursos que se desdoblan en un retablo.
 
Las noches de octubre con sus lunas sangrientas han sido testigo de una historia que sólo intuimos. Tendríamos que saber en dónde están los muchachos que fueron secuestrados por elementos de la policía en Iguala, Guerrero. Tendríamos que saber quiénes son los asesinados en las más de 20 fosas clandestinas que han encontrado en busca de los normalistas. Pero ni los antropólogos forenses argentinos, quienes jamás se habrían imaginado que su profesión fuera tan rentable en cualquier parte del mundo, logran descifrarlo porque  los cuerpos están incinerados y no hay con qué trabajar, o los laboratorios carecen de altas tecnologías para agilizar los análisis. Y mientras esto ocurre, la prensa nacional e internacional abre despacio la caja de Pandora.

Rostros de los estudiantes que se llevaron, rostros de padres dolientes, el rostro imperturbable de un presidente que se regodea frente a las cámaras declarando que es una prioridad de su gobiernos el esclarecimiento de la desaparición de los muchachos y por eso envía buzos buscando en donde no encontrarán jamás las cenizas de las que el padre y activista Alejandro Solalinde ha hablado en los medios y no en la  Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) donde no lo recibieron (cfr. http://www.sinembargo.mx/20-10-2014/1147800).
 
Las historias locales se vuelven nacionales, la empatía ante el dolor es mayor que frente a la felicidad. En las pantallas de televisión, de celulares y de cine se lleva a cabo un desdoblamiento más: las cajas chinas escenificadas en la película La dictadura perfecta. No extraña que como en dos de sus más famosas películas,  Luis Estrada refrende un discurso y una poética que no permite al espectador un espacio metafórico para reflexionar. Me explico, las propuestas fílmicas de Estrada conllevan en su manufactura dos niveles narrativos que sustentan la parodia: un primer texto, llamémoslo “realidad” de todos sabida, y el texto satírico que al rescatar elementos de esa realidad, isotópicamente reconfiguran esa “realidad”. Como si se tratara del espejo maléfico en el cuento “La reina de las nieves” de Hans Christian Andersen, las películas de Estrada se nos incrustan como lentes de contacto haciéndonos ver cruda y cómicamente situaciones mexicanas altamente conocidas y reconocibles. Así, La dictadura perfecta lleva al hastío (y creo que ese fue el fin estético al dejar la película en una hora y 43 minutos) secuencias donde el noticiero “24 horas en 30 minutos”, repite la misma estúpida noticia. En efecto, las risas en la sala de proyecciones ocurren al principio de la película, hacia el final la gente ya no se ríe. Con actuaciones más que destacables y muy equilibradas en tanto protagonismo y fuerza, Damián Alcázar, Joaquín Cosío y Alfonso Herrera llevan el peso dramático que sustenta el guión de las odiseas mexicanas: corrupción, machismo, corrupción, cinismo, ambición, corrupción etc. Todos lo sabemos. El hiperrealismo de Luis Estrada recuerda a ciertos cuadros de artistas en los años 60, pero la frontera definitiva es la interpretación de ese retrato en apariencia real. Tendría el espectador que encontrar un espacio vacío en el discurso de Estrada para colmarlo con su propio imaginario. Esto, a mi parecer, no ocurre. No hay metáfora en la película que invite a la reflexión y el final, un pleonasmo, catapulta cualquier esperanza. Sin embargo, La perfecta dictadura provoca sentimientos y reacciones inmediatas como enojo, fastidio y vergüenza porque tanto “chiste” negro sobre uno, tanto relajo sobre uno, a la larga deja un muy mal sabor y olor de boca: ¿de plano somos tan pendejos?

¿Y por qué tenemos que aguantarnos? ¿Por qué tendría como xalapeña que subirme en un taxi “sólo para mujeres” conducido por otra mujer para evitar alguna agresión? Frente al aumento de denuncias de mujeres que en mi ciudad han sido atentadas sexual y verbalmente, el Diario de Xalapa levantó un sondeo el 16 de octubre y lo que contestaron algunos choferes va desde la propuesta de taxis rosas para que las mujeres elijan, hasta la triste y clásica idea de que “si acosan a las mujeres es porque dan motivo o el nivel de edad de cada quien (sic). Si las mujeres tiene ese miedo, pues sí”, opinó un chofer.
 
Del taxi rosa a la burka.
 
Tal como lo ha dicho la antropóloga argentina Rita Segato, en la línea temporal de las políticas de género, no hemos avanzado ni un milímetro. El imaginario machista y misógino continúa fortaleciéndose (basta recordar las sobradas escenas en La dictadura perfecta, el cliché –real- de políticos con mujer desnuda en las piernas). Se continúa viendo a las mujeres como reses, las jóvenes y las niñas, las más vulnerables.

Nuestro escenario es violento pero no porque México o los mexicanos lo seamos per se. A México lo hemos violentado con varias y cada vez más sofisticadas formas de la violencia.

Hoy martes 21 de octubre escuché por radio la bienvenida que el Gobernador Javier Duarte dio a la nueva Fuerza Civil. En la retórica del gobernante, la palabra PAZ resaltó más de quince veces. Si se piensa en PAZ es que hay guerra o habrá o ya está instalada. No, yo no le doy la bienvenida a un nuevo cuerpo policiaco que se suma a los robocops que no caben en las calles coloniales de Xalapa; entre la policía vial que cree que es necesario portar un rifle a la par que da el paso, los marines, los municipales y el ejército, la PAZ no se come ni se entiende más que como Estado de sitio.
 
Lo que une tres de los acontecimientos actuales, entonces, es el cansancio. Un terrible cansancio a dejar pasar. Pero ese hartazgo no es pasivo y sus raíces son profundas.

La señora Margarita Santizo Martínez, otra madre mutilada como lo definió dolorosamente la escritora Esther Hernández Palacios,  pidió como última voluntad ser velada frente a Segob. Margarita buscó a su hijo por cinco años, su hijo era policía y lo desaparecieron. Cuántas mamás muertas frente a un Palacio de Gobierno, recuerdo a Marisela Escobedo siendo asesinada en Chihuahua, no puedo imaginar el tormento de los padres de los 43 normalistas aún desaparecidos, ni el de todos los padres a los que el cinismo de los gobiernos varios les ha arrebatado hijos. Habrá que preguntarles a las rosas del cuento de Hans Christian Anderson por todos ellos, habrá, definitivamente, que terminar con el cansancio. Ver La dictadura perfecta y no creer que nuestra película termina con la entrega de la Banda Presidencial a un asesino más o que no hay cambio en el destino o que hay un bizarro happy end.  Habrá que hacer lo que se tenga que hacer con tal de cambiar el final de la dictadura perfecta.
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