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Sección: Estado de Veracruz

Las palabras de la Ley

Los valores democráticos [I]

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 21/06/2023

alcalorpolitico.com

“Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.” Constitución Política de México, artículo 40.

¿La realidad que estamos percibiendo es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo?, ¿Es el sistema que rige en nuestro campo político el que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica?

Habiendo entendido que el concepto significado de la voz titubear es sentir perplejidad (confusión) en algún punto o materia, en este caso, acerca de la democracia (y dejando de lado otros significados de la palabra), la lectura del libro de Luis Villoro El poder y el valor. Fundamentos de una ética política. (1997), casi nos hizo titubear sobre algunas ideas y creencias en torno a la democracia.



En esta ocasión no seguimos ni de lejos ni de cerca la exposición de Villoro, sino que solamente se enuncian los valores que inspiran los procedimientos democráticos.

1) La dignidad humana;

2) El respeto de los derechos del ser humano;



3) La asunción del “bien común” como fin y criterio regulador de la vida política.

Dignidad humana. El Centro de Estudios sobre la Enseñanza del Derecho A. C. publicó un libro titulado Curso de Derechos Humanos. Libro para docentes (2018) dentro de cuyo contenido ofrece una noción de la dignidad humana.

Suele decirse que los derechos humanos son aquellos derechos que pertenecen a la persona en su condición como tal. Es decir que el ser persona otorga un cierto estatus preferencial sobre otros seres vivos, al cual le son inherentes una serie de derechos. El término ‘dignidad’ tiene sus orígenes en la palabra latina dignitas y se relaciona con las nociones de respeto, de ser merecedor de o acreedora.



La dignidad nos remite a cierta excelencia que posee el ser humano por encima de los demás seres del universo y sobre la cual descansa un catálogo de cosas que le son debidas por el solo hecho de pertenecer al género humano. El disfrute de los derechos que nos son inherentes a nuestra calidad de humanos es, precisamente, lo que nos permite tener una vida digna.

Ahora bien, se trata de un concepto problemático en términos de la fundamentación de los derechos humanos por dos motivos. En primer lugar, porque pareciera que los derechos humanos, en tanto que, ligados al hecho de ser persona, son por tanto inmutables: todos deberíamos tener en todo momento y lugar los mismos derechos. Sin embargo, afirman los autores de aquel libro, esta es una idea errónea, pues el concepto de dignidad humana siempre es hasta cierto punto relacional con el propio contexto social de la persona y, por lo tanto, puede evolucionar con el desarrollo de las sociedades. Así, lo que antes no se consideraba un derecho humano, ahora pudiera ser que sí, porque el progreso social ha convertido a ese derecho en una condición necesaria para tener una vida digna, como es el caso, por ejemplo, de la esclavitud que durante siglos se consideró legal y posteriormente fue abolida tanto en el ámbito internacional como nacional.

Por otro lado, resulta problemática la noción de dignidad como fundamento de los derechos, porque ello supone declarar una superioridad del ser humano sobre cualquier otro ser vivo y, por lo tanto, reconocer una serie derechos que no son atribuibles a otros seres vivos. Así, por ejemplo, el concepto de dignidad humana se interpone como un impedimento al reconocimiento de que el resto de los animales tienen derechos



En su libro Criminología y Dignidad Humana (2004) -y al cual ya aludimos en alguna ocasión- Antonio Beristain y Elías Neuman se manifiestan radicales. Dentro de aquella obra, Beristain lanza la pregunta: “¿Cómo definir la dignidad humana?” y Elías Neuman nos regala una respuesta convertida en materia para pensar:

“¿Es que podríamos definir la sonrisa de la Gioconda? Seguramente no, pero sí gozarla espiritual, estéticamente. Por lo demás, querer saber cuál es el factor que determina la elección es absurdo, porque, entre otras cosas, el pensamiento es sólo un aspecto de la vida y no puede abarcar la vida, que es totalidad. ¿Es preciso definirlas? Esas cosas que se viven, no se saben... como vos no sabes el porqué de tus riñones. Decía San Agustín que sabía lo que era el tiempo, pero cuando se lo preguntaban ya no lo sabía. Todos sabemos lo que es la vida, menos si queremos pensarla. Posiblemente San Agustín no podía descifrar el tiempo porque estaba inmerso en él.”

El párrafo trascrito es sólo la introducción a su respuesta y el segundo párrafo despertó un profundo interés:



“Claro que tener la sabiduría de Buda en el ‘sermón de la flor’ en que mostró una flor y no dijo más nada, no nos es dado a todos. Creo que los términos ‘dignidad humana’, que para mí constituyen el principal derecho humano, encierran conceptos de universalidad capaces de traspasar cualquier sistema político-social. Son valores idénticos que no sólo debían sentirlos todos los habitantes del planeta, sino hacerse efectivos por sobre las contradicciones de cualquier formulación o interés.”

Para Neuman, la dignidad humana es el principal derecho humano. Habíamos avanzado en el conocimiento de los derechos humanos bajo la idea de que la dignidad humana (la libertad y la igualdad) constituían el fundamento de los derechos humanos y, de pronto, Neuman nos para en seco, para decirnos que la dignidad humana también es un derecho humano y sugiere que el fundamento de los derechos humanos es el ser humano, lo cual se echa de ver en el último párrafo de su respuesta:

“Si tuviera que delimitar el concepto y sabiendo que las opiniones sobre ciertas cosas soy yo, y no las realidades de esas cosas, me animaría a establecerlo por lo que es su ausencia o, mejor aún, su contrario. En ese caso debo decir con Malraux: no sé muy bien lo que es la dignidad humana; sí conozco bien, lo que es la humillación. La humillación del hombre allí donde se encuentre. La humillación del hambre o del desempleo...”



Iniciamos afirmando que la respuesta de Neuman es materia para pensar. Por tanto, no espere el lector conclusión alguna.

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