Desde el año pasado la vida de los esposos Luis Enrique Martínez Galindo y Brenda Torres Vega no ha sido la misma; cambió de tal manera que hoy el sólo hecho de ver jugar futbol a su hijo los alienta y les da la fuerza para mantenerse en pie.
Y es que el hombre, oriundo de Altotonga, sufrió una caída de poco más de 20 metros cuando realizaba su trabajo en una obra en Guadalajara, Jalisco, donde permaneció por unos meses en estado de coma; incluso los médicos que lo atendieron no daban crédito a lo que estaban viendo porque otra persona hubiera muerto al instante. “Los especialistas me comentaron que alguien que cae de una altura de menos de 10 metros hubiera muerto... ¡Fue un milagro!”, manifestó Luis Enrique.
Por su parte, Brenda vivió meses atrás una trágica situación, luego de que de emergencia fuera operada el 4 de julio: “Yo me encontraba trabajando en Monterrey (NL); tenía un mes de embarazo, de hecho, ya es el tercer bebé que perdemos, por lo cual sentimos tristeza porque mi niño quería tener un hermanito y ya no se lo pudimos dar”, comentó.
Ambos se encontraban en las visorías que aplicó Felinos de Xalapa en Altotonga, donde 54 chicos de ese municipio y sus alrededores fueron a probar fortuna. Uno de esos pequeños es su hijo Luis David, quien además de tener el talento para destacar en el llamado “juego del hombre” mostró un rostro diferente, de un espíritu de amor e ilusión por ayudarlos, especialmente a su padre que hoy dejó de trabajar debido a las secuelas que le dejó ese percance. “Juego futbol porque me gusta, pero también porque quiero ayudar a mi papá”, dijo mientras que de sus ojitos brotaban algunas lágrimas, dejando al descubierto un semblante triste, pero un rostro de nobleza que no se ve a diario en un mundo donde la inocencia y la esperanza van perdiendo terreno.
El chico enseñó en el campo que el futbol es lo suyo, que nació para eso, aunque también sabe que para consumar sus anhelos falta un tiempo, quizá mucho, pero todo ahora depende de él, del empeño que le ponga en cada entrenamiento y de esas virtudes que posee y que lo hacen diferente a muchos niños de su edad.
Pero por azares del destino el sueño de Luis David por ser futbolista profesional empieza con la escuela comunitaria que fundó en Altotonga el club Felinos de Xalapa, institución que no sólo busca el talento deportivo, sino que quiere ser un alivio y una cura para los males que aquejan a la niñez y juventud de Veracruz.
El futuro del pequeño Luis David dejó de ser incierto. Una luz de esperanza brilla en esos ojos que ahora ven un universo diferente y lleno de promesas. Hoy una mano divina, la misma “mano de Dios”, escribe un nuevo capítulo en la vida y destino de Luis David, como una película, un poema, una canción o una historia; sí, una historia que no tiene fin.