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Sección: Estado de Veracruz

Martín Corona se presentará en la Feria del Libro Infantil y Juvenil, en la Prepa Juárez

- El escritor y cuentacuentos dará a conocer su obra “Hablar de paz, nunca está de más”

- La cita es el jueves 30 de julio a las 14:00 horas en el escenario principal

Arturo Benjamín Pérez Xalapa, Ver. 22/07/2026

alcalorpolitico.com


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En el marco de la 36 edición de la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil (FNLI) que se inaugura este viernes se presenta “Hablar de paz, nunca está de más” espectáculo de Martín Corona Alarcón, el jueves 30 de julio, en el escenario principal a partir de las 14:00 horas.

El reconocido escritor, juglar y cuentacuentos xalapeño, fundador de la compañía Juglaria Circo y Narración, habilidoso para mezclar la palabra, el juego y la música, es un destacado miembro de la Red Internacional de Cuentacuentos, además de ser activo promotor de la lectura en Hispanoamerica, comparte una anécdota ocurrida el siglo pasado en su primera ocasión que participó en esta emblemática Feria del Libro de la Prepa Juárez.

Recuerda que en el verano de 2001 estaba listo para dejar Xalapa, “ese espacio que me permitió escribir en la prensa de aquellos días, aprender de teatro en talleres y montajes que nunca llegaron a presentarse, ver todas las exposiciones plásticas posibles, presenciar mucha danza. En fin, hacerme un sitio en la cultura de la última parte del siglo XX”.

“Una de las últimas acciones fue impartir un taller en la Feria del Libro Infantil y Juvenil de la prepa Juárez. La generosa invitación de la maestra Lulú (Lourdes Quiñones) era leer y motivar a niñas y niños a escribir sus propios cuentos. Cosa sencilla, bajar los libros infantiles de mi pequeña biblioteca, ir por la mañana a leer un poco en voz alta y dejar, antes de final del relato, que los pequeños concluyeran escribiendo.

“La inexperiencia y el exceso de confianza de aquellos días me llevaron a cometer un error tremendo. Desde el primer día, los chicos que pasaban sus vacaciones en la feria miraban desde afuera de mi aula y me gritaban entre risas: ‘Ese maestro que aburre a los niños y nadie quiere entrar en su taller’. No recuerdo lo mal que me fue en el intento de taller, pero sí que, después del primero no hubo manera de que ningún asistente permaneciera sentado a la segunda frase de mi lectura”.

En esa época Martín Corona Alarcón se encargaba de editar y escribir la sección de cultura en prensa escrita de un periódico local. Cierta mañana, al llegar a la redacción su jefa le comentó “Le acaban de hacer una grosería a Elenita, búscala para entrevistarla”. Llamé de inmediato a un par de amigos que trabajaban para los escritores viejos y encumbrados de aquellos días”.

La contactó, la entrevistó vía telefónica “La entrevista fue simple y cálida, con esos tonos aprincesados y cursis de Elenita. Cerré mi edición y orgulloso me fui a tomar una cervezas con los amigos. A la mañana siguiente llegué a la feria como siempre, pero los expositores y organizadores no me saludaron como siempre. Había algo en su rechazo que era completamente intencional. La pandilla de chamacos no bajaba a jugar ni a burlarse de mí. Algo estaba muy raro. Fue entonces que un compañero de la organización bajó con el ejemplar del periódico y después de cerrar la puerta me dijo: ‘¿Por qué escribiste esto? Van a despedir a la encargada y ya se hizo un caos allá arriba, en la oficina de dirección las cosas están muy mal’.

“¿Qué podía tener de malo lo que escribí? Doña Elenita me dijo que estaba triste porque cuando llegó nadie estaba esperándola y entonces se tomó un boleto en el vuelo de regreso y se volvió apenada por la situación. Pero al leer lo publicado donde decía: ‘Me sentí triste’, se leía ‘fue un desaire”. Donde ella me dijo ‘cuando llegó la chica muy amable se disculpó’, la nota decía: ‘Trató de obligarme a devolver mi boleto de avión, pero ya no era posible’. Y de la misma forma un montón de exageraciones.

“Me sentí tan mal que sólo pude salir de ahí apenado y triste. No tenía sentido defender lo indefendible. La nota estaba firmada con mi nombre. Yo había hecho la entrevista y tampoco estaba en posición de pedirle a mi jefa que hiciera nada. Agrandar y exhibir era su misión y se había logrado. ‘La intelectual Elenita fue desairada por la feria’, decía la primera plana”.