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Sección: V?a Correo Electr?nico

El rinc?n de la abuela

Mi tío Chamito

Alicia Dorantes 20/04/2015

alcalorpolitico.com

La familia es un núcleo sagrado
León Edel

Años atrás, comencé esta carta, dirigida a mis nietos, diciendo: “Les he prometido platicarles acerca de la familia y en la nuestra, como en todas las demás, hay todo tipo de personas. Si hacemos un balance justo, creo que hemos sido muy afortunados con tener a seres verdaderamente excepcionales, como lo fue su bisabuelo, mi padre y como lo fue su hermano: mi tío Samuel, entre otros ascendientes. Hablar de una gran persona resulta fácil. Sin embargo, la tarea se complica cuando estamos ligados a ese ser por lazos familiares o de gran afecto. Entonces, tememos caer en la lisonja vana, en la falacia de la humildad o, peor aún, en la cursilería insulsa.

Samuel Dorantes Mesa, el maestro, el médico, el amigo, nació el 13 de Julio de 1920 en la ciudad de Xalapa-Enríquez en la casa actualmente marcada con los números 2 y 4 de la calle Díaz Covarrubias, hoy Jalapeños Ilustres. En esa casa sus amigos, sus exalumnos colocaron una placa conmemorativa, que el tiempo implacable y cruel carcomió. Y todo se olvidó. Mi tío Chamito fue el tercero de los cuatro hijos que nacieron del segundo matrimonio de mi abuelo don Luis Dorantes Martínez con Laura Mesa Miranda, ambos originarios de Naolinco de Victoria y radicados en la capital del estado desde el año de 1916. De ellos, ya les he platicado, emigraron de su natal terruño, buscando mayores posibilidades de estudio para sus hijos: Miguel mi padre, Laura Rita, Samuel y Alicia, de quien heredé el nombre.

Algún día sabrán, pequeños, que dos son las decisiones más importantes que el ser humano debe tomar en su vida: 1.-La elección de la carrera y 2.-La de su pareja. Y Samuel Dorantes, Chamito, como solemos llamarle quienes le queremos y admiramos o, mejor aún, los que tenemos el privilegio de formar parte de su familia, las hizo correctamente.

Sé que a pesar del gran cariño que me unió al tío, si le hubiese preguntado algunos datos de su vida: infancia, juventud, formación académica y logros científicos y supiera que eran para platicártelos aquí y ahora, Samuel Dorantes no hubiera abierto la boca porque parte de su grandeza era la sencillez que le caracteriza. Así es que tuve que recurrir a fuentes indirectas, que tampoco fueron explícitas. Viene a mí memoria cuando le solicitaban su currículum vitae, él sonreía y se limitaba a contestar: Hematólogo del Hospital Infantil de México.

Es momento de volver al ayer; a un ayer que no volverá: al día que mi tío Chamito, concluyó su primer año en la escuela Médico Militar y habiendo obteniendo el primer lugar de su generación, al comunicárselo a su padre, éste ─aunque a ciencia cierta debió experimentar un gran orgullo interno─, se limitó a responder: Espero que así sigas. Y así siguió año tras año, aunque don Luis ya no estuvo para saberlo. Murió súbitamente una noche del mes de julio del año 1940, por lo que no presenció su graduación con Honores, aquel l0 de febrero de 1944.

Ya para entonces había llegado el amor a su vida, sólo una vez y para siempre. Conoció a Concepción Álvarez Garduño, la tía Conchita y contrajeron matrimonio el 25 de Septiembre de 1943. De esta unión nacieronn sucesivamente: Luis, Lidia, Laura y Samuel. Actualmente todos son profesionistas; personas íntegras y honestas.

El tío Chamito vivió para la hematología ̶ que es el estudio de las enfermedades de la sangre ̶

y para los niños que padecen estas enfermedades. Los trabajos de investigación que realizó, le ganaron el prestigio mundial. Su integridad como ser humano: el cariño y respeto de todos cuantos le conocieron y rodearon; de colaboradores y amigos. Cuando iba a publicar en el ámbito científico internacional, sus investigaciones sobre la enfermedad de García, descubierta y descrita por él, durante una rueda de prensa le preguntaron por qué la publicaba como Enfermedad de García y no como Enfermedad de Dorantes, como lo harían otros investigadores. La respuesta fue rápida y breve:

̶ Porque la familia afectada se apellida García y no Dorantes.

¿Qué o quién determinó su carácter y la nobleza de espíritu? ¿Fue la vida tranquila y sencilla en su ciudad natal, entonces ciudad provinciana con olor a neblina, a campo verde y a cafetos en flor? ¿Fue su formación familiar, la rectitud del padre o la ternura de la madre? ¿Fueron sus hermanos y la cálida vida de hogar? ¿Acaso sus maestros, maestros en toda la extensión de la palabra, que además de las enseñanzas básicas le inculcaron ese gran amor a la vida y al ser humano? Fue todo eso y más...

Ahora bien ¿qué hizo el doctor Dorantes para trascender internacionalmente en el ámbito de la ciencia

médica? Escribió y publicó más de cien artículos de investigación clínica y básica en revistas médicas, nacionales e internacionales. Impartió conferencias en varios países del orbe, como: Suecia, Noruega, Inglaterra, Francia, España, India, Estados Unidos, Panamá, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Ecuador, Honduras, El Salvador, Argentina, Paraguay, República Dominicana, entre otros más. Escribió veintisiete capítulos en diferentes libros médicos, tanto nacionales como extranjeros y publicó tres libros. En cuanto a la actividad de maestro de hematología, fue también rica y fructífera... y de la que actualmente cosecha todavía el cariño de los alumnos formados.

Algunas de las distinciones nacionales, que para él tuvieron mayor significado, fueron: la Medalla "Federico Gómez", que la Sociedad de Médicos del Hospital Infantil le entregó por su trabajo en dicha Institución, o la presea "Luis Landa", otorgada por la Academia Nacional de Medicina, por sus investigaciones en la enfermedad de García o quizá la medalla "Rafael Soto", que le diera la Asociación Mexicana de Pediatría, por la publicación de sus libros. O bien el hecho, que se suele calificar como un honor inmerecido, de haber sido invitado para pertenecer al Sistema Nacional de Investigadores.

¿Y su vida como Médico? Esa, la dedicó íntegramente a sus pequeños pacientes. Como hematólogo de talla internacional, apenas tuvo tiempo para incursionar en temas tan interesantes como es el estudio de la anemia aplásica y de la que se presenta en los niños desnutridos. Investigó acerca de la púrpura, de las trombosis y de la hemofilia, entre otros muchos padecimientos.

Si me preguntasen: ¿Qué admiré más en él? Me sería difícil contestar: ¿Su capacidad intelectual? ¿La entrega apasionada de su vida a la investigación de la hematología, en aquel su pequeño-gran laboratorio situado en el sótano del viejo Hospital? ¿El respeto por alumnos y colaboradores o el que ellos a su vez le

profesan? ¿Su gran honestidad? ¿Su humildad y rectitud? ¿El desinterés por las cosas superfluas y materiales? ¿O la capacidad de adaptación a la sencilla vida que sólo le permite esa modesta pensión que recibe en forma vitalicia, tras de haber dado tanto al mundo de la investigación y de la hematología? En verdad, no lo sé...

¿Qué amó Samuel Dorantes? Samuel Dorantes amó la vida, el campo verde, la flor sencilla. Amó el canto del arroyo y el rugir del mar. Amó la naturaleza, el trino del ave, la grandeza del silencio. Amó la libertad de ser y de pensar. Amó la buena música, la pintura, el arte. A la medicina, al Hospital Infantil, a la hematología, a sus pequeños pacientes para quienes vivió, pero sobre todo, amó a su familia.

Hace unos años el tío Chamito decidió volver a casa. Lo hizo. Una vez más estuvo entre nosotros y en su terruño: Xalapa. Volvió por un breve tiempo. Entonces como como ayer, continuó escribiendo, pintando, escuchando buena música, efectuado largas caminatas, disfrutando y amando a la vida… Samuel Dorantes Mesa, xalapeño por nacimiento, por convicción y universal por corazón, fue un ejemplo para las jóvenes generaciones de médicos, de lo que es el verdadero apostolado de la profesión médica.

Ayer, al caer la noche, el ángel de la muerte vino por él, envidioso quizá, de los 94 años que nosotros lo disfrutamos o, quizá, para que esté nuevamente al lado de la tía Conchita: su amor eterno.

Duerme en paz, tío Chamito. Los que te quisimos, te seguiremos queriendo, como ayer… como hoy… como siempre.

Alicia Dorantes.