A casi 10 semanas de los primeros reportes de hidrocarburos en costas de Veracruz, la Red Corredor Arrecifal del Golfo de México y comunidades costeras denunciaron que la afectación ambiental, social y a la salud está siendo minimizada y que, contrario al discurso oficial, decenas de playas aún presentan restos visibles de chapopote.
De acuerdo con el monitoreo ciudadano y recorridos realizados en abril junto con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), en al menos 81 playas de Veracruz, Tabasco y Tamaulipas se detectaron manchas de hidrocarburos de distintos tamaños, además de miles de pequeñas hojuelas mezcladas con la arena, difíciles de retirar. En total, se han documentado 113 sitios impactados entre febrero y abril a lo largo de mil 168 kilómetros de litoral.
La Red señala que esta realidad contrasta con lo informado el 16 de marzo por el Grupo Interdisciplinario de atención al derrame, que aseguró que las playas habían quedado “totalmente limpias en pocos días”. Sin embargo, continúan arribando residuos con las corrientes y adheridos al sargazo, lo que, advierten, evidenciaría hidrocarburo aún presente en el fondo marino, especialmente tras eventos de “nortes”.
Reportes recientes dan cuenta de nuevos arribos el 20 y 21°de abril en Pajapan, Veracruz, y Paraíso, Tabasco. Además, se ha registrado mortandad de fauna: 22 tortugas marinas, 4 delfines, 2 pelícanos, un manatí y numerosos peces, así como posibles daños en manglares y arrecifes.
Las organizaciones denuncian que las acciones de limpieza coordinadas por autoridades y Petróleos Mexicanos se han concentrado en zonas turísticas y de fácil acceso, mientras playas remotas, rurales, indígenas y afromexicanas han recibido atención limitada o nula. Según los reportes ciudadanos, en 16 sitios la limpieza fue realizada exclusivamente por las comunidades; en 36, por comunidades con apoyo de autoridades; en 3, sólo por autoridades; y en 9, por PEMEX mediante empresas contratadas.
Pescadores y prestadores de servicios turísticos reportan pérdidas económicas severas: temor a dañar equipos de pesca, caída en ventas de productos del mar y baja afluencia turística en temporada alta. Las indemnizaciones, afirman, han sido limitadas a ciertas zonas y montos que consideran insuficientes frente al daño. También alertan sobre afectaciones “invisibles”: estrés, miedo, fracturas sociales y riesgos a la salud por la exposición a hidrocarburos durante jornadas de limpieza.
La Red Corredor Arrecifal sostiene que este derrame es parte de un patrón histórico de afectaciones asociadas a la industria petrolera y que los protocolos existentes no han sido efectivos. Por ello, exigen mesas de trabajo con comunidades, estudios independientes sobre sedimentos, agua y fauna, mecanismos transparentes de indemnización con perspectiva de género e intercultural, vigilancia a la industria y la creación de una zona de salvaguarda que restrinja la exploración y explotación en aguas someras. Las organizaciones firmantes llamaron a que se atienda el desastre con una visión integral que regenere ecosistemas y comunidades, y que garantice que un evento similar no vuelva a repetirse en las costas del Golfo.