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Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Misticismo y espiritualidad femenina medioeval

Jos Manuel Velasco Toro 20/10/2022

alcalorpolitico.com

La mirada interior. Mística femenina en la Edad Media (Siruela, 2021), libro deslumbrante que abre la imaginación al asombro intelectual y al conocimiento de una realidad espiritual vivida en los siglos XII y XIII en la Europa medieval. Obra que es resultado de un acucioso estudio realizado por Victoria Cirlot, catedrática de Filología Románica en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y Blanca Garí, catedrática de Historia Medieval en la Universidad de Barcelona.

Ambas autoras estudian, explican y comentan de una manera, no solo amena sino apasionante, la vida de ocho mujeres místicas y visionarias que escribieron, su mayoría, en su lengua materna, cuando los cánones establecidos obligaban a escribir en latín. Pero sobre todo escribieron siguiendo la consigna de la época que era “copiar”, pero con una variante subversiva, copiaron lo que estaba escrito en su corazón porque escribieron desde su experiencia interior.

De la minuciosa lectura de sus escritos, pero, sobre todo, desde la comprensión de la interioridad intelectual de las mujeres místicas y la contextualización cultural de la época, ambas autoras nos conducen por un mundo insospechado, o más bien, olvidado en la vorágine de nuestra época. Ellas, las mujeres místicas, supieron articular su voz y su cuerpo, mostrar sus almas para hacer visible su existencia y rompieron el silencio para ser escuchadas desde su morada espiritual.



Hildegarda de Bingen, ocho siglos después de su muerte, fue declarada Doctora de la Iglesia el 7 de octubre de 2012. Con ella las autoras abren el florilegio místico. Hildegarda escribió acerca de Dios, pero sobre todo del ser humano, del universo, de la salud y sexualidad, rompiendo las barreras del silencio que imponía el poder clerical. De entre sus obras me atrae el Libro Sobre las propiedades naturales de las cosas creadas, un compendio científico de su época, como Hildegarda lo llamó, de medicina sencilla en el que describe las propiedades de plantas medicinales, otros vegetales, de los animales, las piedras y los metales, una Physica del siglo XII.

Continúan con la emotiva narración de la vida y conocimiento de Hadewijch de Amberes, nacida en el ducado de Brabante, Bélgica, y quien escribió su obra en neerlandés, confrontando la norma impuesta de escribir en latín clásico. Se unió a la asociación de mujeres cristianas llamadas beguinas, las cuales realizaban tanto tareas de ayuda a desamparados y enfermos como actividades contemplativas e intelectuales. Su “andadura” estaba fuera de toda norma institucional de la Iglesia y en unas de sus cartas escribió; “Un espíritu de buena voluntad vive en el interior de sí mismo de forma más bella de la que todas las reglas juntas pudieran llegar a ordenar”. Sus poemas estróficos y de rima mixta son todo un arte poético-musical.

Los siete modos de Amor “es la obra mística de Beatriz de Nazaret (incluida en el Apéndice), donde exalta el “amor sin por qué”, como fin supremo del arrobamiento. Inició como beguina para poco tiempo después ingresar al monasterio cisterciense de Bloemendaal, Bélgica. Su obra, también escrita en neerlandés, es un asombroso tratado cuyo núcleo es el conocimiento y explica que meditar es orar en silencio para lograr el arrobamiento místico.



Para Beatriz de Nazaret, como para todas las místicas medievales, el autoconocimiento, la búsqueda del ser interior y el auto escrutinio recurrente, son condiciones necesarias que permiten examinar las acciones interiores y exteriores, actitud con la que se inicia el progreso espiritual. Matilde de Magdeburgo escribió en alemán la Luz fluyente de la divinidad. Una obra que combina prosa y poesía para explicar lo cosmológico-simbólico de la Luz, reflexionar sobre las imágenes del Cantar de los Cantares, libro del Antiguo Testamento, y mostrar, como lo hizo el Maestro Eckart, que la “negación no está al servicio de la imposibilidad de la expresión, sino que es camino de liberación”.

En el quinto capítulo nos introducen a sentimiento místico de Margarita de Oingt, a quien se le llamó “mujer-árbol”, llamada así porque refiere que sus visiones alegóricas eran un “árbol de los sentidos”. Ella escribió en latín burdo y su primer manuscrito se le conoce como Páginas de meditación. Para ella, la escritura es esencial con el fin de lograr el pensamiento concentrado, incluso dijo que, si lo que sentía, conocía y experimentaba “no lo hubiera puesto por escrito, habría muerto o se habría vuelto loca”.

En el siglo XIII se pensaba que escribir era reproducir lo que ya estaba escrito, es decir, copiar los textos, así que Margarita copió lo “escrito en su corazón”, bella metáfora de libertad intelectual al explicar que lo narrado había sido escrito por Jesús. Su otra obra, Espejo, explica que la “enseñanza no se realiza por la mediación de las palabras, sino por una imagen directa en el espejo que revela todas las maravillas del más allá” y agrega: “hay corazones tan envilecidos que son como los puercos, que prefieren el olor del lodazal al de una bella rosa”.



Angela de Foligno, Umbría, Italia, tuvo su experiencia mística siendo de edad avanzada cuando peregrinó a Asís. No sabía escribir, por tanto, su confesor anotó en latín todo lo que Ángela le narró en lengua umbro: visiones percibidas, voces escuchadas, sentimientos y emociones sentidas, todo con lujo de detalle descriptivo, gracias a lo cual conocemos de su arrobamiento místico.

El 1 de junio de 1310, Margarita Porete, beguina y mística francesa, fue quemada viva junto con su libro el Espejo de las almas simples, sentencia dictada por la Inquisición al ser acusada de hereje relapsa (reincidente) y promover la herejía de “Libre Espíritu”. Su tesis central: la perfección y libertad del alma sin mediación, sintiendo y pensando desde el interior con amor. Sin mediación de la razón ni de la Iglesia, porque “Un alma libre -escribió- si no quiere no responde a nadie que no sea de su linaje; pues un gentilhombre no se dignará responder a un villano que lo retara o requiriera a batalla; por ello, quien reta a un Alma así no la encuentra, sus enemigos no obtienen respuesta”.

A Margarita Porete se le ha considerado antecesora de Friedrich Nietzsche. Culminan su viaje místico con Juliana de Norwich, inglesa que escribió en lengua “vulgar”, como lo referían en la época su experiencia visionaria bajo el título: El libro de las revelaciones de Amor. Juliana, al igual que las demás mujeres místicas, procedió, primero, por auto conocerse mediante la indagación de sí misma y del significado de su experiencia. En su obra invita a sumirse en la profundidad del conocimiento interior y prestar atención a las circunstancias para entender “la tierra de las visiones”, como llamara a la meditación profunda.



Cierro este apurado comentario con palabras de las autoras del libro quienes, al referir la época nos dicen en la Introducción: “Mujeres que escriben, mujeres que hablan en la Edad Media acerca de lo que les sucede en un espacio invisible: el de la interioridad. Escriben y hablan de una experiencia interior. Mujeres, escritura y experiencia interior: la conjunción de estos tres elementos es explosiva por lo insólito en la cultura medieval”. Y como es de esperar, subversivas ante el dominio masculino de la Iglesia, por lo que se les acusó de escapar a las dos únicas instituciones pensadas para ellas: el matrimonio o el monasterio.

El Concilio de Lyon de 1274, decretó la disolución de las beguinas y el control de la escritura mística. Leer La mirada interior, es sumergirse en un mundo lejano, pero no extraño al vacío existencial contemporáneo, a la violencia ejercida desde el poder de la palabra, al ansia de dominio absolutista, a la eliminación de personas mediante la inquisición manipulada de las instituciones de justicia, al peligro latente de la pérdida de la libertad y a la lucha por la equidad e igualdad de género que, con autonomía en acciones e intelectualidad, mostraron las beguinas y mujeres místicas en el orden cultural de su época.