Viajar en transporte público en Xalapa se ha convertido en un verdadero viacrucis para los ciudadanos. Como si las malas condiciones del servicio no fueran suficientes, la mañana del lunes 26 de enero los usuarios despertaron con la noticia de un incremento en la tarifa del autobús, aplicado sin previo aviso en la capital veracruzana.
Durante las primeras horas del día, los usuarios respiraron con cierto alivio, pues las combis mantuvieron el cobro de 7 pesos.
Sin embargo, la tranquilidad fue breve. Por la tarde, varios concesionarios decidieron “emparejarse” con los autobuses y aumentar de golpe la tarifa a 12 pesos, es decir, 5 pesos más de un momento a otro. Aunque el incremento se aplicó desde la tarde del lunes, muchos pasajeros se enteraron apenas la mañana de este martes, al abordar las unidades.
En un recorrido realizado por Al Calor Político en distintas rutas de colectivos se pudo constatar la molestia generalizada de los pasajeros no sólo por el aumento, sino por las malas condiciones de las unidades, el deficiente servicio y, sobre todo, los abusos de algunos conductores.
Tal fue el caso de la unidad amarilla TC-19, que cubre la ruta Centro-Ávila Camacho-Lázaro Cárdenas. Desde que comenzó el recorrido, los usuarios manifestaron su inconformidad ante diversas irregularidades. Incluso, un pasajero tuvo que descender de la unidad al no contar con más dinero para cubrir la tarifa ya aumentada. La mayoría de quienes abordaron desconocían el incremento.
Aunque la tarifa se fijó en 12 pesos, con credencial de estudiante o de INAPAM el costo debía mantenerse en 7 pesos; sin embargo, el conductor se negó en repetidas ocasiones a respetar este descuento, asegurando que el aumento era general. La compañía de situación encendió aún más los ánimos y los pasajeros no dudaron en llamarlo abusivo y gandalla.
Durante el trayecto, el chofer avanzaba de manera excesivamente lenta, ya que iba enviando mensajes desde su teléfono móvil, lo que provocó nuevamente el descontento de los usuarios. Estos le exigieron avanzar con normalidad y dejar de detenerse para buscar su estación de radio favorita, pues muchos llevaban prisa. Ante la evidente molestia, el conductor reaccionó de manera contraria: aceleró de forma imprudente, avanzando a jalones y poniendo en riesgo a los pasajeros y a la propia unidad.
“5 pesos de putazos no es justo”, afirmó un usuario.
“Uno que no tiene dinero va a tener que empezar a caminar mejor”, expresó una señora.
 “Ya va a convenir juntarse y tomar taxi”, exclamó una joven.
 “Imagínese pagar más y tener estas unidades y aguantar a este tipo de conductores”, argumentó una pasajera.
 “Si al menos el servicio y las unidades estuvieran buenas uno no se quejaría tanto”.
En las paradas del transporte público es inevitable escuchar el murmullo constante de quienes suben y bajan de las unidades. Aunque muchos ciudadanos entienden que, tras mucho tiempo sin ajustes y ante el aumento en el precio de la gasolina, un incremento podría ser necesario, no están de acuerdo en que sea “tanto”. Peor aún, señalan que la mayoría de las unidades se encuentra en condiciones pésimas y el trato de los operadores deja mucho que desear.
Así, el aumento al pasaje no sólo golpea el bolsillo de los xalapeños, sino que vuelve a exhibir las carencias y abusos de un sistema de transporte que, lejos de mejorar, parece ir cada vez más cuesta arriba.