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Sección: Vía Correo Electrónico

Naolinco en el contexto de las tradiciones milenarias

Armando Freddy Bautista Alonso 01/11/2012

alcalorpolitico.com

El hombre desde que tiene uso de razón, ha buscado la relación que tiene con el universo, con todo lo que lo rodea, ha tratado de dar respuesta a interrogantes que tienen que ver con la existencia de todo cuanto existe, ¿por qué lo que existe es de esa manera y no de otra? y en su afán de encontrar respuestas a sus enigmas, es que ha creado mundos mágicos y desconocidos que lo aproximan a entender su existencia y que paralelamente abren nuevos caminos a lo infinitamente desconocido. Dando le nombres y ubicación en el firmamento, todas las culturas que nos han antecedido se han visto subyugadas por estos misterios, la cultura prehispánica es una de ellas, dentro de su concepción de ver el mundo y dar una explicación a su paso por éste, es que dio importancia fundamental al acto de morir, que se iniciaba con un viaje al mas allá que podría ser al Mictlan ( inframundo), al Tlalocan o al Omeyocan, esto dependía de la forma de morir, natural, de parto, en combate o sacrificado, los niños por su puesto tenían un lugar a donde llegar llamado Chicihuacuauhco.

Estas creencias y tradiciones al entrar en contacto con las del nuevo mundo, se vieron modificadas y altamente influenciadas, el choque entre la civilización europea y la prehispánica fue brutal, y pese al sojuzgamiento de los indígenas, se dio una época de sincretismos y esfuerzos de evangelización cristiana, que tuvo que ceder ante la fuerza de las creencias indígenas que aun en nuestro época se conservan. Esta fusión de costumbres y creencias dio como resultado un catolicismo muy propio de nuestro continente, que toma rasgos de ambas culturas, un caso muy concreto es el de la celebración de los Fieles Difuntos, que se dan en ambas civilizaciones de manera y significado un tanto diferente, incluso en la actualidad, cada municipio o localidad de la inmensa geografía mexicana celebran estas festividades, con características propias de cada entidad, dos municipios veracruzanos sirvan para ejemplificar lo antes mencionado: Naolinco y Acatlán.

En la comunidad naolinqueña, en los últimos días de octubre previo a la celebración de los Fieles Difuntos, es notorio el movimiento de la gente, el ir y venir de un lado a otro, en las tiendas de abarrotes, en el mercado, en torno a los vendedores ambulantes que lo mismo ofertan calabazas, flore de muerto, tepejilote, frijol gordo, manzanas, guayabas, naranjas y frutas de la temporada, en los preparativos de estas festividades en notoria la participación de toda la comunidad naolinqueña, chicos y grandes se esmeran en amasar la pasta para las galletas o para elaborar figuras de jamoncillo ingeniosamente diseñadas. Entidad que además se distingue por su habilidad para elaborar calzado, grotescas y finamente talladas mascaras de madera, embutidos, arreglos florales de papel de cera, coronas y dulces entre otras cosas, y desde luego, “pan de muerto”, de dulce, manteca, huevo y granillo.

La festividad del Día de Muertos o de los Fieles Difuntos, es muy concurrida por propios y extraños, incluso extranjeros, que los mueve el conocer y participar en la “Cantada” que tiene lugar el 1 de noviembre, y que consiste en entonar cantos y alabanzas escritas por naolinqueños, dedicadas a personajes y mártires que tienen que ver con la religión católica. La primera “cantada” se hace en el cementerio a las 8 de la noche en la tumba familiar, del amigo o de quien se le guarde un cierto afecto.

Posteriormente comienza el recorrido por toda la ciudad, pues no hay calle o callejón donde no se ponga de manifiesto esta festividad, grupos de amigos o de agregados se unen para entonar los Cantos y Alabados que da “derecho” a tomar algo del altar que el casero ofrece amablemente, altares elaborados con arcos de carrizo, adornados con tepejilote, papel picado, sobresaliendo el cálido color amarillento de la flor de muerto o cempoalxochiltl, arco o rectángulo da lo mismo lo importante es adornarlo con frutas de la temporada, naranjas, plátanos, berenjenas, uvas, tejocotes, peras y guayabas entre otras, sin faltar las velas, incienso de copal, sal y agua, desde luego, no pueden faltar el pan de muerto, tamales y platillos que se sabe agradaban al difunto, esto y muchas cosas mas depositadas sobre un altar cubierto con manteles elaborados con papel picado o de tela blanca, para acompañar lo tomado del altar se ofrecen vinos tradicionales elaborados de manera casera, los hay de berenjena, mora, uva, guanábana, limón maracuyá, naranja entre algunos otros. Así continua el peregrinar de los grupos de amigos por calles y callejones de la comunidad naolinqueña, otros hacen lo propio en el paseo de las cascadas, Entre los cantos mas socorridos esta el dedicado al Padre Darío Acosta: /Oh, padre Darío/ Que estas en el cielo/ Yo en ti confió/ bendice a tu pueblo,/ La primera luz/, La viste en Naolinco/ Muriendo por Cristo/ Allá en Veracruz/….. o el alabado a las festividades de Todos Santos: /En esta fecha sagrada/ elevamos nuestros cantos/ con fervor hoy festejamos/ la noche de Todos Santos/, Esta fiesta es para el pueblo/ son de significación/ y que de siglos atrás /se ha vuelto una tradición/… El día 2 es para ir a al panteón a dejar las flores o coronas en las tumbas que lucen todas ellas pintadas, adornadas y pulcras, parece una ciudad de muertos donde los vivos deambulan de un lugar a otro.

Sin embargo, algunos naolinqueños exteriorizan su preocupación porque estas tradiciones se vean afectadas por el abuso o desmanes que de forma aislada se dan en estas festividades, como lo señala el Dr. Martin Bartolomé Mesa, “Esto es muy bonito, anteriormente se realiza con profundo respeto, será que solo participa la comunidad naolinqueña, ahora la difusión de estos actos hacen que venga mucha gente y si antes recibías a seis o siete personas en la casa, ahora te llegan grupos de treinta o mas gentes y te barren el altar, por eso muchos ya no abren la puerta”. Pese a todo esto, Naolinco como muchas otras comunidades lucha por fomentar y dar vida año con año a estas tradiciones milenarias que se resisten a morir y que cada vez lucen más esplendorosas, luchando por rescatar los elementos que históricamente sintetizan nuestros legados milenarios, que sin duda, inciden en la cohesión e integración de nuestras comunidades. Si tiene la oportunidad visite a este hermosa comunidad, llena de tradiciones y misticismo, participe de esta festividad, conozca la exposición alusiva a estas fechas, montada por la Casa de la Cultura y conocerá el ingenio y la riqueza cultural de esta comunidad, donde el ritual en memoria de los muertos unen el tiempo sagrado y el religioso, donde conviven las almas desaparecidas con los vivos, privilegiando el recuerdo sobre el olvido. Aquí el espacio público se convierte en el escenario del acontecer pasajero, desplazando temporalmente a las actividades civiles para dar paso a las conmemoraciones religiosas, la festividad hace de las calles y plaza pública el escenario donde propios y extraños comparten un objetivo común, la convivencia entre muertos y vivos.

A sólo 8 kilómetros de Naolinco sobre la carretera Xalapa-Misantla se localiza la comunidad de Acatlán, donde con menor esplendor pero con el mismo fervor y objetivo celebran también el día de los Fieles Difuntos. Dada la pluriculturalidad de nuestras comunidades, se entiende que la misma celebración no tenga un carácter homogéneo, pues cada comunidad añade diferentes significados y evocaciones de acuerdo al grupo social o pueblo de que se trate, lo que da a cada festividad algo muy propio con un objetivo común, la celebración de los Fieles Difuntos, aquí como en otras muchas comunidades estos días son días de guardar, ya que el tiempo alígera nuestros problemas y sinsabores de la cotidianeidad, un breve sueño hecho realidad, que solo cada año se da, la convivencia con los que se han ido, Siendo el altar de Muertos la representación de la visión que una comunidad tiene de la muerte, además de ser parte fundamental de estas festividades, pues se cree que es la fecha en que los muertos regresan para estar entre nosotros. Culto tan antiguo como el hombre mismo, permeado por la angustia del hombre de a donde va después de la muerte, creando mundos intangibles donde cree que allí será su última morada, lo siente y así lo expresa: /Aunque en esta vida, fálteme riquezas/ Sé que allá en el cielo tengo mi mansión/ Alma tan perdida entre las pobrezas/ De mi Jesucristo tuvo compasión/….. En este contexto es que se hace necesario poner en el Altar de Muertos todos los elementos que servirán al difunto en su otra vida, para aligerar la carga, para su descanso eterno.

En la Comunidad de Acatlán, la puesta del altar forma el ritual más importante en cuanto al culto a los antepasados, ya que a través de ellos se materializan los recuerdos y se abre el camino para convivir con los muertos. Se ubica generalmente en la sala o en una habitación sobre una mesa cubierta con manteles blancos con papel de china y picado, el adorno del altar no es muy complicado, ni se diseña pensando en los niveles, generalmente son de dos, se utiliza para ello lo tradicional: arcos adornados con flor de muerto, tepejilote, frutas de la temporada que penden del arco, canastitas de viruta forradas con papel de china, desde el primer día se pone sal y agua, la primera para que el cuerpo no se corrompa y la segunda para mitigar la sed. Otros elementos, son las velas, veladoras y cirios ya que su flama sirve para guiar a las animas donde un día fue su hogar y de regreso a su eterna morada, en algunos casos se pone una imagen de un santo o virgen junto a la foto del difunto, que se cree son los intermediarios para que el difunto llegue a la gloria, en un pebetero de barro, o un incensario se quema copal e incienso que purifican la habitación.

Sin duda, el altar, que es donde reflejamos el pasado y presente de nuestra existencia, es el espacio donde recordamos a nuestros muertos acogiendo su espíritu, donde podemos compartir con ellos, todo aquello que era de su agrado, siendo el pan uno de los elementos mas preciados, hay de granillo, de huevo, manteca, dulce, mantequilla, tortas de manteca y huevo –es un pan un poco mas grande, de diferentes precios y tamaños según sea el gusto del cliente- adornados con flores que simulan los huesos, con un punto blanco en el centro que significa el cráneo del muerto, las conchas o volcanes así como las quesadillas rellenas de queso.

El 29 de octubre se destina a los muertos que fueron asesinados con violencia, de manera trágica; el 30 y 31 de octubre son días dedicados a los niños que murieron sin recibir el bautismo; el 1 de noviembre, es el Día de Todos los Santos de los muertos grandes, a primera hora el altar se ve invadido de ricas viandas; recipientes con espumoso chocolate, calabaza en dulce, manjar, arroz rojo, chiles rellenos de picadillo, capeados o en frio, pipián, adobo, tamales de verdura, rancheros, de carne de pollo de “rancho”, o de cerdo, mole con carne de guajolote y chocos, atole de dulce y de granito, todo ello antes de las doce del día, pues el tañido de las campanas indican que las animas van llegado. El día 2 es la visita al cementerio, donde se llevan flores y coronas a los fieles difuntos, prendiendo una vela o veladora para despedir a las animas que van de regreso a su eterna morada.

No sabemos si realmente vengan o no, lo fundamental es el fomento a nuestras raíces históricas y culturales, pues un pueblo sin memoria es vulnerable a la invasión de ideas extranjeras que nada tiene que ver con la enorme riqueza de nuestras expresiones culturales.
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