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Sección: Estado de Veracruz

Las palabras de la ley

No hay error que por acierto no venga

Salvador Mart?nez y Mart?nez Xalapa, Ver. 15/11/2017

alcalorpolitico.com

Artículo dedicado a los filósofos, amigos de la sabiduría, mañana es su día.

Agustín Basave Fernández del Valle, en su Filosofía del hombre (1963), presenta el siguiente aserto alusivo al ser humano: “Hay en el mundo un ser, mitad bruto, mitad ángel, que, con perdón de la palabra, es un verdadero monstruo metafísico”. Si esto es así, entonces las “brutalidades” no van a desaparecer en la historia, pero las respuestas de la comunidad si pueden evolucionar. Aun cuando, hasta nuestros días prevalezca el hacer sufrir a quien realiza alguna brutalidad, llámese ésta acto de violencia, delito o violación de los derechos humanos.

Cabe recordar que dichas respuestas implican las relaciones sociales, porque este extraño ser también es un “zoon politikón” (animal social) y un indigente, un ente necesitado de seguridad. Por esto, se entiende que la seguridad social, sobre todo, es seguridad humana y, agreguemos de una vez, que ella se sostiene sobre un trípode: ética, justicia y paz. Lo expuesto podría inducir a error a los abogados o estudiantes de leyes, pues en el acto les hace pensar en instituciones de seguridad social como, por ejemplo, el IMSS. Pero, esta visión es paupérrima.



La propuesta principal —en comunión con diversos autores— consiste en aseverar que, ante el fracaso más que evidente de la seguridad pública, se legisle para dar entrada a la seguridad ciudadana, lo cual de ninguna manera se reduce a un simple cambio nombre. El término seguridad pública, entendido como lucha contra el crimen con el fin de que los gobiernos garanticen a los ciudadanos paz y tranquilidad pertenece al pasado (Franz von Liszt, fines del siglo XIX) y se carga en las leyes actuales a modo de un cadáver. Lo de hoy es la seguridad ciudadana y lo de mañana, la seguridad humana. Se entiende por esto último, un ámbito estructural de bienestar y desarrollo en las distintas regiones del mundo.

El problema, planteado de manera magistral, por Rebeca E. Contreras López en su libro Rompecabezas, es que “En la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) se establece el derecho a la paz y la seguridad de las personas, lo que implica no únicamente evitar las conductas delictivas, sino propiciar una situación económica y social que permita a las personas un pleno desarrollo y gozar de las condiciones suficientes para el ejercicio pleno de sus derechos”. Ante un estado de malestar social, como el que se vive en México, y ante la distinción entre <<evitar las conductas delictivas>> y propiciar un estado de cosas diferente, había que rescatar en la noción de seguridad ciudadana lo poco que resta del estado de bienestar. Esto es, una de las finalidades de la seguridad ciudadana es conseguir la buena vida (el bienestar), pero su propósito último es la consecución histórica de la vida buena: la justicia y sus correlatos: los derechos humanos.



Contreras López invoca la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para decirnos que la seguridad ciudadana es concebida como aquella situación donde las personas pueden vivir libres de las amenazas generadas por la violencia y el delito, a la vez que el Estado tiene las capacidades generadas necesarias para garantizar y proteger los derechos humanos directamente comprometidos frente a las mismas. En la práctica, la seguridad ciudadana, desde un enfoque de los derechos humanos, es una condición donde las personas viven libres de la violencia practicada por actores estatales y no estatales… la seguridad ciudadana es una de las dimensiones de la seguridad humana y por lo tanto del desarrollo humano e involucra la interrelación de múltiples actores, condiciones y factores entre los cuales se cuentan la historia y la estructura del Estado y la sociedad.

Ante el hecho de gravísima alarma social, pues todos perciben inseguridad y nadie la seguridad, encontramos un artículo de Antonio Beristain, titulado “La nueva técnica indispensable en los creadores de la nueva paz”, publicado en 2003 dentro de Cultura Democrática, Revista Diversa (9), páginas 18-33, que fuera el órgano de difusión del desaparecido Instituto electoral Veracruzano [IEV] y, con Beristain, afirmamos con convicción científica que la energía del bien supera a la del mal.



Esto es, no se trata de un asunto de fe, sino de atender a las ciencias que no observan los hechos históricos por “sexenios” sino por periodos mucho más amplios (como la Filosofía, por ejemplo). El argumento de Beristain es como sigue: “Todo fluye…todo es mejorable y nada para siempre”. Es decir, actualmente el rápido desarrollo de la tecnología y de las ciencias, así como las hondas transformaciones sociales, están patentizando, cada día más, la necesidad de admitir y tener en cuenta que todo fluye, panta rei, como proclamó Heráclito.

Por lo tanto, debemos mirar al futuro con esperanza, conscientes de que la macrovictimación [la inseguridad] pasará, arrastrada por la corriente que avanza y se perfecciona…”El mundo desde el comienzo de su existencia evoluciona en progresión aunque con interrupciones [o caídas] lamentables.” Si el hombre fuera lobo para el hombre, como escribió Hobbes, homo homini lupus, hace muchos años habría desaparecido la humanidad. Nos hubiéramos comido unos a otros.”

Sin embargo, gran parte de la ciudadanía e incluso de la intelectualidad se resiste a caer en la cuenta de esta imparable evolución radical de las coordenadas sociales, culturales e incluso de los valores éticos, sin olvidar los jurídicos, políticos y económicos. “Lógicamente, conviene investigar sobre la ética, el conocimiento y la justicia como realidades nuevas, frontalmente distintas de las que comentan los tratados políticos y gubernamentales o los libros universitarios y los documentos de las instituciones religiosas.”



Ésta es la tarea que, en las condiciones actuales, tenemos que hacer para intentar un aterrizaje forzoso…Puesto que un gran número de personas e instituciones que intentan bañarse dos veces en el mismo río, ignoran que los ríos de ayer ya no existen, los de hoy son otros nuevos. Y, puesto que no se tiene espacio para examinar el armazón de tres pies (ética, justicia y paz) que sostiene a la seguridad ciudadana. Digamos solamente que en este momento pugnamos por una ética autónoma, una ética cívica, a sabiendas de que no es bueno aquello que se consensa, sino que es necesario consensar aquello que es bueno. “Quien desea vivir éticamente bien debe ser capaz de una justicia empática o de una compasión justa” (Sabater, Fernando. (2010). Ética para Amador. Madrid: Editorial Ariel).

Reflexión.- Estamos en los contextos de la Constitución Política de México, artículo 21: “La actuación de las instituciones de seguridad pública se regirá por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos reconocidos en esta Constitución”.



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