El obispo de Orizaba, Eduardo Cervantes Merino, afirmó que, aunque las personas cargan cicatrices físicas, psicológicas y del alma, no deben vivir en la amargura, ya que la fe puede sanarlas.
"Las que más nos lastiman son las que se hacen en la infancia, dicen los especialistas; por eso debemos ir buscando la salud abriendo nuestro corazón a Dios. Vamos sanando desde adentro por el encuentro con su palabra", expresó Cervantes Merino.
Añadió que cada persona debe tomar las riendas de su vida sin culpar a los demás por sus circunstancias, asumiendo la responsabilidad propia para buscar el cierre de las heridas. Cervantes Merino acentuó que, aunque la gente no siempre es responsable de las emociones causadas por terceros, sí es responsable de lo que hace con esos sentimientos de dolor y rabia. Finalmente, el Obispo pidió a los fieles convertirse en sal de la tierra y reflejar a Dios.