“La democracia (es) un instrumento de dominio del poder económico”
En octubre se iniciarán los foros y consultas para reformar el sistema electoral mexicano. De ahí saldrá, se supone, el texto final que se presentará el próximo año en el Congreso. De principio la propuesta presidencial incluye lo que a su juicio debe modificarse para mejorar la credibilidad en instituciones, partidos y leyes electorales. Entre los temas a discutir están la reducción del financiamiento público a partidos, el recorte de gastos al INE y la modificación al modelo de representación proporcional.
En el fondo, esta clase de reformas son consecuencia de las disputas internas de poder que desnudan las crisis de credibilidad del sistema expuestas por los sectores hartos de fraudes electorales, violencia política, gastos onerosos y partidos corruptos antidemocráticos. Los mismos beneficiarios del sistema las promueven y aprueban cuando la reforma anterior perdió eficacia. Saben que si el ciudadano deja de creer en los partidos y en las autoridades emanadas de ellos, la estabilidad social se debilita; y eso no es bueno para los negocios. Además como “todo rey quiere su Ley”, dice el refrán, cada Presidente modifica leyes e instituciones para consolidar su grupo y garantizar al poder económico que lo financió su dominio. Por sobrevivencia propia ningún tlatoani plegado a los intereses de la Agenda 2030 reconocerá su responsabilidad en la descomposición del sistema. Aunque la narrativa circense de la oposición mencione los fraudes, acarreos, venta de candidaturas, financiamientos ilícitos, compra, alteración y manipulación del voto, aquella cesará una vez negociada la mochada.
Plutocracia reoxigenada
Dicho con crudeza, los propósitos inmediatos de las reformas son reposicionar la democracia capitalista, legitimar al corrupto árbitro electoral y devolver credibilidad a sus instrumentos de control. Una prueba de lo anterior se tiene en las reformas previas, centradas en imponer el neoliberalismo en México.
La primera se ubica en 1977. Nace del boicot que los partidos de oposición hicieron a la elección presidencial en 1976: ninguno postuló candidato, aparte del PRI. Para legitimarse, José López Portillo nacionaliza la banca y permite el registro de nuevos partidos. Estas osadías aceleraron los planes yanquis de imponer a tecnócratas fanáticos del modelo de mercado. Colocan en la Presidencia a Miguel de la Madrid Hurtado; este banquero fiel a la plutocracia que lo llevó al poder propone “renovar moralmente” a las instituciones electorales. Con su reforma en 1986 aumenta los comensales al gran pastel subiendo de 100 a 200 diputados de representación proporcional, pero conservando el control del árbitro electoral. A pesar de ello la oposición cardenista logra ganar en 1988. La maquinaria del partido único desconoce a Cárdenas mediante un fraude operado por Manuel Bartlett. La crisis fue tan profunda que, en 1991, el presidente formado en Harvard, Carlos Salinas, intentando legitimarse, sustituye la Comisión Federal Electoral por el Instituto Federal Electoral (IFE) e inicia su ciudadanización nombrando consejeros dizque no vinculados a los partidos y establece se fiscalicen los gastos de campaña y el financiamiento privado. Dos años después, Salinas perfecciona el control sobre la ciudadanía creando la credencial de elector y aumenta las curules senatoriales de 64 a 128 ¡más comensales voraces! La insurrección zapatista, el asesinato de Colosio y de otros políticos, desnudaron el fiasco de estas reformas.
En 1996, Zedillo otorga una autonomía tan falsa al IFE que Vicente Fox la viola y obedeciendo a los empresarios, locales y extranjeros, anula “por sus botas” el triunfo de López Obrador e impone a Felipe Calderón. Este, al realizar su propia reforma en 2007, regula los medios y la fiscalización de partidos. Peña Nieto, obedeciendo a su titiritero Salinas, efectúa su reforma en 2014 transformando el IFE en INE.
El triunfo de AMLO en 2018 es reconocido por ese sistema putrefacto porque así lo creyó necesario la plutocracia reoxigenada después de haber pactado garantías a sus fortunas, explotación y saqueos. Habilidoso, el “presidente de los pobres” y después de haber calificado, justificadamente, de mafioso al INE, propuso reformarlo basándose en el lema de F. Madero de “Sufragio Efectivo no reelección”. Lamentablemente, haberla pospuesto hasta el 2022 cuando carecía de mayoría calificada, le obligó a buscar aliados, aceptando la reelección hasta por 12 años. Trágicamente todo sigue en manos de las mismas mafias partidistas neoliberales.
Reforma 2026
Respecto a la actual reforma en proceso, aunque suena muy bien eso de “Transformar al Instituto Nacional Electoral (INE) en el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC) eligiendo consejeros y magistrados electorales por el voto popular, los puestos seguirán repartiéndose entre quienes mejor los paguen. Aquello de “disminuir presupuesto al INE y partidos políticos” o reducir salarios y el número de consejeros de 11 a 7 no funcionará. Tampoco bajarán el número de senadores (96) y de diputados (300) al menos que hubiera movilización social. Si el sistema electoral mexicano es uno de los más onerosos y lucrativos (para la plutocracia) del mundo, ninguna reducción o ahorro sin supervisión ni auditorías ciudadanas se traducirá en beneficio social. Los truhanes encontrarán los modos de seguir engrosando su patrimonio personal a costa del erario público.
Por otro lado, y tomando en cuenta la durabilidad de las reformas precedentes, la de López Obrador fue la que menos resistió, probablemente por haber incorporado la mafia del poder a MORENA y al gabinete. De ahí que la de su sucesora tampoco remediará la podredumbre del sistema electoral; será otra reforma neoliberal más. Sheinbaum, igual que los expresidentes, utilizará el poder a su alcance para asegurar la permanencia de su partido en palacio otro sexenio más, por lo menos. Ella tiene ya cocinado su proyecto que garantiza esa continuidad. Con ese propósito buscará arreglos con las dirigencias de los partidos de oposición cediéndoles pedacitos del pastel. Desde luego, la señora simulará tomar en cuenta las propuestas ciudadanas presentadas en sus foros; mientras, la oposición fingirá defender la facultad constitucional del mexicano establecida en el artículo 39. Los privilegios de la clase política permanecerán pues como dijera un tlacuache veracruzano: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.”
Consecuentemente, el desprestigio de los partidos, tribunales e INE derivado del despilfarro y su abrumadora ineficacia para parir certeza, confiabilidad y transparencia en las elecciones, no menguará. Por lo pronto los plurinominales, la reelección, la impunidad sobre los delitos electorales, el nepotismo, la falta de transparencia en la selección de candidaturas y la ausencia absoluta de democracia en los partidos permanecerán ¡hasta el 2030! Respecto a la posible digitalización de las elecciones, tampoco servirá de mucho, al menos que sean ciudadanos, académicos y organizaciones no ligadas a intereses partidistas, los encargados de ella.
Sin cambio de sistema
La percepción de que la reforma resultará un fracaso vive incluso entre los protagonistas. La aprobarán porque así aseguran sus fuentes de ingresos, espacios de poder y oxigenan al modelo en crisis.
Actualmente, la Presidenta tiene un partido dividido. MORENA abrazó con furor un pragmatismo electorero deslegitimador. La militancia honesta ha sido fraccionada, desarticulada o expulsada. Las cúpulas sabotean todo intento por democratizar sus órganos de Gobierno. Ahora Sheinbaum tiene un gran dilema: si no hace la reforma todo queda igual y si la hace al gusto de la mafia, también.
Lamentablemente, sin presión popular ni mecanismos de participación social (consejos ciudadanos o tribunales populares) facultados para cancelar y otorgar el registro a los partidos, enjuiciar a delincuentes electorales y auditar sus gastos nada cambiará. Consecuentemente, las condiciones de inseguridad, devastación ambiental, destrucción de la vida comunitaria, secuestros, violaciones, desaparecidos, asesinatos, corrupción, impunidad, abusos y fraudes, inherentes al modelo capitalista no podrán eliminarse. Justo es decir que la sola voluntad presidencial no basta para democratizar y dignificar la vida política del país. Es una tarea de todos.
*Parafraseo de “se ha convertido en” (José Saramago)