Un grupo de investigadoras e investigadores de la Universidad Veracruzana (UV) obtuvo una patente otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) por el desarrollo de biocompuestos de origen vegetal capaces de prolongar la vida de anaquel de frutas, verduras y flores, con potencial para transformar los procesos de conservación, distribución y comercialización de alimentos.
El desarrollo, resultado de varios años de investigación interinstitucional, permite retrasar la maduración de productos agrícolas, lo que abre la posibilidad de reducir pérdidas poscosecha —que a nivel mundial pueden alcanzar entre el 20 y 50 %— y disminuir la dependencia de sistemas de refrigeración y cadena de frío, que representan hasta 60 % de los costos de exportación.
La patente, solicitada en 2023 y concedida en marzo de 2026 por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), es producto del trabajo conjunto de especialistas de las facultades de Biología y de Ciencias Agrícolas, en colaboración con el Instituto Tecnológico de Úrsulo Galván y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.
Vianey del Rocío Torres Pelayo, investigadora de la Facultad de Biología, explicó que el proyecto surgió a partir de un hallazgo en laboratorio en 2016, que detonó una serie de estudios orientados a desarrollar una solución natural basada en extractos de plantas, capaz de conservar distintos productos agrícolas.
“Se trata de una formulación que permite prolongar la vida de anaquel; además, es de bajo costo, ya que se trabaja con agua como solvente y con plantas de amplia disponibilidad”, detalló.
La académica subrayó que uno de los aspectos centrales del desarrollo es su seguridad, ya que se han realizado pruebas preliminares de toxicidad que indican que los compuestos no representan riesgos para el consumo humano, lo que fortalece su viabilidad como alternativa a los conservadores químicos.
Por su parte, Ángela Callejas Utrera, maestra en Ciencias Agropecuarias, señaló que las primeras aplicaciones se realizaron en flores de corte —rosa, gerbera, gladiola, crisantemo y clavel—, en las que se logró incrementar hasta 2.5 veces su vida útil.
Posteriormente, el equipo amplió las pruebas hacia frutas y verduras, identificando el potencial de estos biocompuestos como conservadores naturales, con posibilidades de uso incluso en procesos alimentarios más amplios.
Destacó que los extractos contienen metabolitos secundarios con propiedades antifúngicas y antibacterianas, lo que contribuye a frenar la descomposición de los productos y ampliar su tiempo de conservación.
En tanto, Gerardo Alvarado Castillo, investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas, enfatizó que el impacto del desarrollo trasciende el ámbito académico, al ofrecer una solución concreta a problemáticas del sector agroalimentario.
“Tenemos una tecnología que puede ayudar a que los productos lleguen más lejos, en mejores condiciones y con menores costos”.
Explicó que uno de los principales retos en la comercialización de alimentos es el deterioro durante el transporte y almacenamiento, por lo que este tipo de innovaciones puede incidir directamente en la soberanía alimentaria, la reducción de desperdicios y el acceso a mercados internacionales.
Como ejemplo, mencionó el potencial de exportar productos como el mango a destinos lejanos, al reducir tiempos de refrigeración y prolongar su frescura durante trayectos prolongados.
El proyecto también destaca por su carácter interdisciplinario e interinstitucional, añadió. Durante la pandemia, el Instituto Tecnológico de Úrsulo Galván brindó espacios para continuar la experimentación, donde contaron con el apoyo de Jacel Adame García y José Antonio Fernández Viveros.
Asimismo, el Cinvestav aportó infraestructura especializada para el análisis fitoquímico de los extractos, lo que permitió identificar sus propiedades biológicas y fortalecer su validación científica.
Además de su aplicación en frutas y verduras, las y los investigadores señalaron que esta línea de trabajo podría extenderse hacia cosméticos, sanitización de alimentos, conservación de carnes y desarrollo de productos farmacéuticos, lo que abre un amplio campo de investigación y transferencia tecnológica.
El siguiente paso, coincidieron, será avanzar hacia la escalabilidad, producción y comercialización del desarrollo, con el objetivo de que este conocimiento científico se traduzca en soluciones accesibles para productores, distribuidores y consumidores.
“Primero generamos el conocimiento, luego lo protegemos y ahora el reto es llevarlo a la sociedad”, concluyó Alvarado Castillo.