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Sección: Estado de Veracruz

Partidocracia tutelada: mal de nuestro tiempo

Jorge Salazar Garca 22/04/2024

alcalorpolitico.com

En medio del estercolero de las campañas electorales e intentando conservar la calma ante la guerra sucia legalizada (lawfare) que polariza a los mexicanos en buenos y malos, parece pertinente reflexionar sobre el asunto. Partiremos de 2 premisas: 1) Ningún partido asume una postura ideológica definida 2) Los dualismos derecha-izquierda, capitalismo-socialismo, explotadores-explotados, conservadores-liberales son expresiones retóricas usadas sólo para descalificar, no para convencer.

La primera nace de la ausencia de debates serios sobre ideas, propuestas, programas de gobierno y, más que nada sobre la tendencia ideológica de cada bando. Prevalece una semántica hueca, diluido por ese pragmatismo de mercado donde el dinero es principio y fin. En todos los partidos desaparecieron las asambleas, únicamente las camarillas autocráticas disponen discrecionalmente del poder y las prerrogativas. Se convirtieron, lamentablemente, en eficientes aliados del poder económico omnímodo, que triturando los ideales en máquinas de dinero nos impone una partidocracia tutelada pues, sin excepción, esos institutos públicos han renunciado a su función primordial de promover la democracia.

Hoy encabeza el Gobierno un partido presumiblemente de izquierda, que ha incluido en su proyecto aspectos de ese nacionalismo y soberanía abiertamente traicionados por el PRIAN. También ha destinado más recursos a los que menos tienen, aunque sin resolver de fondo el origen de su condición. Nadie debería sentirse traicionado. El régimen jamás prometió cambiar al sistema capitalista. Tan sólo se ha enfocado en ponerle el disfraz de humano recomendado por la gente de Davos y la Agenda 2030. El neoliberalismo se queda aunque desde el púlpito se condene. No obstante, al mantenerse el contubernio entre el poder económico y político sin cambio, la extrema derecha ha decidido combatir a la 4T calificándola absurdamente de comunista. Siembran la narrativa de que en la próxima elección presidencial la disputa es por el País, argumentando que si gana Claudia Sheinbaum impondrá el Socialismo. MORENA, por su lado responde que si el triunfo lo obtiene la botarga de la extrema derecha iremos directamente al fascismo.



Ambos señalamiento son convenientemente exagerados con el objeto de legitimar sus respectivos triunfos ante un electorado creyente de que con su voto decidirá el futuro de esta nación. Cuando lo real es que vivimos en una democracia simulada por un consorcio integrado por los poderes económicos y políticos que AMLO prometió separar. Lo grave y peligroso de aquellas exageraciones es que son implementadas sin importarles la ley ni la pérdida de credibilidad de los partidos. Gracias a estos institutos, reglamentados con leyes diseñadas por el poder económico, es casi imposible que algún grupo de hombres y mujeres, inclinados por una ideología de izquierda logre conformar un movimiento de masas autónomo. Sus promotores, si militan en un partido de inmediato son ignorados, marginados o expulsados. Algunos líderes, cuando son cooptados, ya encaramados en las dirigencias, adoptan una narrativa populista, de la cual extraen cualquier referencia a la lucha de clases. Una vez alcanzado un “hueso” juran defender y representar los intereses del pueblo desgarrándose las vestiduras por los pobres. Así se conformó la actual casta política parasitaria de derecha y de extrema derecha, cuyo miembros sólo vuelven a tener contacto directo con la población cuando se aproximan votaciones.

Tal vez lo más difícil de aceptar para quienes tienen que salir todos los días a cumplir un horario para devengar un salario, sea la orfandad política en la que quedan después de las elecciones. Desmovilizados y azorados ven cómo sus autoridades y dirigentes inmediatos acumulan riquezas rodeados de ostentosos aparatos de seguridad. La decepción es suprema.

Podría decirse que este trazado promueve el abstencionismo, pero no es así. La decisión de acudir a las urnas o no, es sagrada por tratarse de un derecho legado por hombres y mujeres que derramaron su sangre para conseguir el voto. La pretensión es alertar sobre el peligro real de que los trabajadores otorguen el voto a sus verdugos. Pues, como dijera Ricardo Flores Magón: “Nada es tan desolador como un esclavo satisfecho”.



Dos casos recientes servirán para visualizar ese fenómeno de ver a trabajadores votando por candidatos financiados abiertamente por sus patrones: Daniel Naboa y Javier Milei. Por cierto, es curioso que sus nombres contengan el mismo número de letras. Aparte de eso, también comparten su fanatismo por el mercado y admiración supina a los yanquis. Ganaron la presidencia dado que fueron vendidos como valientes emprendedores dispuestos a acabar con la casta política corrupta que se roba la riqueza que producen los ciudadanos. Naturalmente, sólo los “zurdos” fueron culpando de la pobreza, inseguridad y desempleo inherentes al capitalismo. El marketing fue exitoso, los jóvenes abandonados y decepcionados por los políticos de izquierda, votaron por la ultraderecha pues los izquierdistas, desde los sindicatos corporativos, instituciones y ventanillas gubernamentales continuaron maltratando y abusando del gobernado. Lo más absurdamente burdo, en esta democracia tutelada, es la unión pragmática de los izquierdistas con los verdugos de siempre. De ese modo despojan a los trabajadores hasta de la esperanza. Pues a la hora de votar sólo pueden elegir esclavismo moderado o extremo. En Argentina sobre todo, la mayoría lo hizo por la esclavitud plena. ¿Por qué?

De acuerdo a la teoría política, después de un movimiento, presumiblemente emancipador, (izquierda) que defrauda las expectativas del gobernado suele atraer un movimiento reaccionario de derecha. Y he aquí el meollo del asunto. La decepción acumulada (y amplificada con la guerra sucia) convirtió en motores el enojo y la rabia acumuladas. La llave de encendido provino de los sentimientos de venganza y revanchismo contra quienes prometieron equidad mientras se enriquecían morbosamente. Los votantes de Milei y Noboa reaccionaron como la esposa engañada por un marido prepotente que, además de medio proveer, amenaza con golpearla si se le pone al brinco. Al inicio, la mujer calla, pero en la menor oportunidad tratará de hacerle al marido el mayor daño posible, como engañarle con su peor enemigo. Bueno, pues eso parece sucedió en Argentina y Ecuador y, parece, se está implementando en México.

Igual que en Argentina, las dirigencias prianperredistas, desfachatadamente, desde sus cuevas de Alí Babá, acusan a quienes fueron sus compinches en el pasado de corruptos y ladrones. Cínicamente señalan a MORENA de ser peor que el PRIAN. Cuando fueron ellos quienes pusieron el Estado al servicio de los narco-empresarios. Mientras padecemos esta parafernalia, la oligarquía posiciona la idea de que sólo es productivo el empresariado. Consecuentemente, los únicos capacitados para gobernar son ¡los empresarios!: por buenos, productivos y honrados. ¡Pa´ su mecha…!



Capitalismo o Socialismo

Poco a poco, sin tregua, van convenciendo a los jóvenes mexicanos de que las políticas de izquierda son malas. Que un junior millonario lo crea se comprende, pero no de un joven que tendrá que trabajar probablemente toda su vida. Estos deberían saber que el capitalismo y socialismo son sistemas de gobierno que plantean maneras diferentes de organizar la sociedad. Ambos tienen sus fundamentos en la filosofía griega de la cual se derivan sus manera de interpretar la realidad. El capitalismo parte de una interpretación subjetiva (individualista) inspirada en Dios, llamada idealista. Ordena a la sociedad conforme lo dicta el espíritu. El socialismo, en cambio, nace de la observación objetiva conjunta de los fenómenos físicos (naturaleza) anteponiendo la razón. Los 2 sistemas proponen modos de comerciar, producir, relacionarse con los demás y sobre todo cómo deben manejarse la propiedad, la riqueza y los derechos de los gobernados.

El pecado capital de la izquierda hecha gobierno es desvincularse de las causas y movimientos sociales y, más que nada, aceptar la imposición del capitalismo “humano” derivado de la Agenda 2030.



Para terminar debiera reconocerse que ningún personaje por muy honrado o iluminado que parezca puede cambiar un sistema y sostenerlo sin el concurso del pueblo organizado. Por lo pronto, en este proceso electoral, la ventaja narrativa parece tenerla la derecha, por las razones siguientes:

a) Se apropió exitosamente del discurso populista de la izquierda.
b) Promueve con efectividad una tensión psicológica social para provocar una respuesta visceral.
c) Poseen todos los medios digitales y plataformas para posicionar tendencias a su favor.
d) Su discurso es retomado por los jóvenes ansiosos de éxito, riqueza y reconocimiento fáciles.

Frasecita para la Historia: “Cumplí a banqueros”: AMLO.