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Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Paz desarmada y desarmante

José Manuel Velasco Toro 05/02/2026

alcalorpolitico.com

El Vaticano firma, con fecha 8 de diciembre de 2025, el Mensaje de Su Santidad León XIV para la LIX Jornada Mundial de la Paz, mensaje que fue dirigido al mundo el 1 de enero de 2026. El núcleo del mensaje emana del saludo de Jesús: “La paz esté con ustedes”. Verbo que desea la “´paz desarmada y desarmante”, “humilde y perseverante”. Es un llamado, y más que un llamado, una invitación urgente a pensar críticamente la sociedad contemporánea con conciencia y atención. De mirar este mundo en el que la violencia y la guerra hacen presa cotidiana de personas, familias, pueblos, comunidades y naciones para plantearnos con inteligencia la resistencia al terror, iluminar el espíritu con el aliento de la paz e impulsar la concordia desde nuestro entorno familiar hasta la sociedad mundial. Señala León XIV, “al mal se le grita basta, a la paz se le susurra para siempre”.

La paz no es una meta, como se reflexiona en el Mensaje, la paz es un camino que debemos andar día a día, recorrer continuamente para “poseerla y retenerla”, para proteger y compartir, para cuidarla y difundir entre nosotros y el mundo. Y rememorando a San Agustín, Léon XIV nos recuerda que “Es más difícil alabar la paz que poseerla” ¿Por qué esa paradoja? Porque “si queremos alabarla, deseamos las fuerzas para ello, buscamos los pensamientos y pensamos las palabras; por el contrario, si queremos poseerla, la tenemos y poseemos sin trabajo alguno”. Esto es posible lograrlo cuando no se destruyen puentes de comunicación, cuando no se hace del reproche un medio para evadir la responsabilidad, cuando no se bloquea la percepción para no mirar la realidad, cuando no se debilita la atención que nos permite escuchar y comprender.

La paz se puede alcanzar cuando escuchamos, percibimos, comunicamos, empatizamos, dialogamos, compartimos y vamos “al encuentro con las razones de los demás” para establecer acuerdos y soluciones de concordia. Pues, señala el filósofo Byung Chul Han: “El bien une y reconcilia, mientras que el mal divide y disgrega. El mal es multiforme. El bien, en cambio se basa en la única verdad” (Sobre Dios. Pensar con Simone Weil. Paidós, 2026, p. 20). Esta reflexión es consonante con el llamado para trabajar a favor de una paz desarmada y desarmante, cuyo núcleo espiritual está en la consiga de Jesús: “Envaina tú espada” (Jn 18,11), y en su prédica de paz y amor que fue, y seguirá siendo, desarmada y desarmante.



Cuando no hay integridad, cuando se tolera la maldad que daña a personas y comunidades, cuando se olvidan los principio éticos del buen vivir y las normas de respeto y convivencia, cuando se violenta a la sociedad, cuando no se escucha y atiende el clamor de justicia y equidad, en ese momento hace presencia la guerra que desenvaina la espada para alterar la vida ciudadana, destruir y sobajar a la población, enseñorear el poder del miedo e imponer el terror como mecanismo de control, más no de quietud y mucho menos de antesala de la paz. La paz tiene que ser desarmada y desarmante para poder ser una realidad cultivada, experimentada, vivida y cuidada. Es menester, para tal fin, desterrar la agresividad en “la vida doméstica y en la vida pública”, condición fundamental para labrar caminos y cultivar el espíritu de la paz que superen la indiferencia social, abatan la irracionalidad de la violencia y frenen la tozudes de las mentalidades enanas que solo buscan producir dolor. En su mensaje, León XIV hace un repaso del absurdo gasto militar a nivel global y advierte del riesgo de la guerra contemporánea que, en todos los ámbitos y espacios, es invadida por el avance tecnológico aplicado a la destrucción y el uso de la inteligencia artificial a la que se le delegan estrategias y acciones armadas con los consecuentes efectos que provocan la muerte de miles de personas y alteran la cotidianeidad de la vida.

Es “una espiral destructiva”, exclama, detrás de la cual se encuentran “enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección”. A esta nefasta tendencia se le tiene que decir basta para desmantelar la desesperanza y superar la desconfianza “disfrazada detrás de la defensa de algunos valores” que resultan contrarios al deseo y voluntad de paz. Para contener la violencia armada es urgente elevar el muro de la conciencia desarmante, de ubicar en su real dimensión la mediación de la diplomacia, de ejercer el respeto al derecho internacional y reforzar las instituciones internacionales pero, sobre todo, de alentar el pensamiento crítico que aliente el diálogo y la “confianza mutua” para desarrollar “sociedades civiles conscientes, de formas de asocialismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala” para lograr el llamado de Isaías (2,4), concluye el Mensaje: “no levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrará más para la guerra”. En ello radica la paz desarmada y desarmante.