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Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Paz en el habitar

José Manuel Velasco Toro 02/10/2025

alcalorpolitico.com

En 1981, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció que el 21 de septiembre fuese el Día Internacional de la Paz. Desde el año 2002, en todo el mundo se celebra con actividades que invitan al cese del fuego, a la no violencia, al desarme y al cultivo de una cultura que fomente la vida en entornos de paz, donde el habitar sea cobijo de tranquilidad, cuidado y preservación de la libertad.
Un anhelo histórico que día a día se construye y reconstruye en todas las culturas, en todas las sociedades y naciones con ahínco y esperanza, con experiencia e imaginación, con misericordia y confianza, con convivialidad y compasión.
Anhelo vivo pese a las corrientes contrarias que acarrean guerras que son verdaderas carnicerías humanas y destructoras de la biodiversidad, la persistente existencia de conflictos políticos dados por intereses encontrados, las luchas absurdas que buscan acumular poder y riqueza, las idiotas diferencias ideológicas que se encauzan para imponer voluntades sin importar el dolor que causan a la sociedad, la nefasta soberbia narcisista de gobernantes que se creen dueños de la verdad absoluta, conflictos y masacres provocadas por fanatismo religioso y no por amor al prójimo, el egoísmo y la envidia de unos sobre otros que desemboca en asesinatos y desapariciones de personas solo para obtener dinero o la fantasía de poder, mentiras y más mentiras para ocultar verdades y realidades que son contrarias a la paz, la libertad y la equidad.

Toda esta conducta es opuesta al habitar de la humanidad cuya experiencia persiste en la constancia de buscar la paz y lograr la permanencia en ella, nos dice Nazareth Castellanos en su bello y extraordinario libro: El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración (Siruela, 2024).
Castellanos deriva su reflexionar de tres fuentes esenciales: el ensayo de Martín Heidegger, Construir, habitar pensar; los estudios propios relacionados con la neurobiología y la respiración; la Biosofía desde la cual reflexiona la comprensión del conocimiento y la comprensión del aprender como unión indisoluble de saberes.
Y se pregunta “¿Las humanidades humanizan?” No se contiene y afirma que las humanidades pueden convivir con la “impiedad, la ignorancia y la superficialidad” porque no se “asegura la humanización de quien las contiene en su intelecto”. Para que esto suceda las humanidades deben humanizar, es decir, “hacer humano algo, familiar, afable”, cordial y amable, lo que requiere del profundo significado del concepto paz proveniente del alemán: “friede, e indica lo libre, lo que está fuera de peligro”.

Una experiencia que solo es dable en el habitar que es en el preservar la tranquilidad y la libertad, así como cuidar y resguardar nuestra esencia humana. Una esencia que, cuando se fragmenta y distorsiona, conduce a la crueldad, la impiedad y la muerte que altera todo lo que es y significa habitar.
En nuestro querido y entrañable país, hemos perdido buena parte de ese habitar “fuera de peligro”, y la violencia de todo tipo y género nos arrancó de golpe la tranquilidad y la libertad proveniente de una barbarie que, cual virus, ha infectado tejido social, instituciones gubernamentales, empresas privadas, milicia y policía, organizaciones religiosas y, tristemente, algunas instituciones educativas que envenenan el pensar que humaniza.



El preservar la paz y cuidar la libertad se ha vuelto una prioridad para poder reconstruir nuestro hábitat, de empujar para abandonar lo amargo de la guerra y la violencia, de poner alto a la privación de la vida y desaparición de personas, de desterrar la extorción e intimidación, de frenar el asesinato de comunicadores sociales por el hecho de cumplir con su deber moral al señalar la corrupción y la violación de las leyes, de hacer efectiva la ley para acabar con la podredumbre política y mentira insidiosa, de educar para evitar el engaño y la explotación, de superar la ignorancia y el atraso social que solo sumen en la pobreza denigrante.
Preservar la paz es luchar para superar lo que nos hunde y recuperar con nuevo sentido el placer de vivir en paz, de respirar seguridad, de sentir el gozo de ser libre de temor y reinventar la reconstrucción del tejido social con visión de vida amorosa y la libre continuidad de la esencia humana.
Celebrar un día dedicado a la Paz es significativo, pero no trascendente, pues no va más allá de foros académicos, oficialistas y declaraciones que suenan panfletarias frente a la realidad, por lo que no permea a la sociedad con acciones directas que muestren que se está reconstruyendo el habitar en la paz. Y Confucio dijo: “Ver lo que es correcto, y no hacerlo, es falta de valor”.

Tan solo el día en que se celebró el Día Mundial de la Paz, el Sistema Nacional de Seguridad Pública reportó, por ejemplo, entre muchos otros delitos, 60 homicidios dolosos distribuidos en los estados de Guanajuato, Chihuahua, Michoacán, Baja California, Estado de México, Sinaloa y Veracruz, cifra que acumuló, a ese día, 1151 homicidios dolosos reportados en lo que va del año.
La desaparición de personas es alarmante, sobre todo de mujeres y quienes tienen el rango de edad de entre 15 y 29 años, dolor de familias e indignación social por los más de 5 mil casos de desaparición en los nueve meses de este año 2025. Cifra que se acumula a las de años anteriores y resalta Veracruz como una de las entidades de mayor índice en este rubro.
Y qué decir del ambiente de violencia que crea la práctica de la extorsión y cobro de piso, la producción y tráfico de drogas, el secuestro físico y digital, los robos a casa habitación y callejera a mano armada, o de la violencia del acoso escolar, virtual y laboral que trastorna el habitar emocional y daña la salud mental de quienes lo sufren. ¿Cómo podemos celebrar un día de paz cuando la violencia permea, a cada momento, el habitar humano?

La paz debe celebrarse mes con mes, día con día, hora con hora, momento a momento con hechos reales que nos den tranquilidad, seguridad y certeza de que podemos salir a la calle si temor, de que podemos estar en nuestros hogares tranquilos esperando el retorno de nuestros seres queridos, de que hay serenidad en los negocios, que se hace justicia cuando se violenta la ley (siempre y cuando esa ley no haya sido legislada a modo para favorecer la ignominia), cuando la impunidad sea abatida, cuando los derechos humanos sean respetados cabalmente, cuando exista trabajo digno y equidad económica, cuando no exista discriminación por diversidad de género, cuando la educación cultive el libre pensar y la empatía, pero sobre todo, cuando la ciudadanía pueda incidir en decisiones públicas sin miedo a la represión o al señalamiento mordaz e intimidante.
Sé que es mucho desear, pero si observamos la historia de la humanidad vamos a encontrar que estos ideales han sido utopías realizadas en sus momentos, y seguirán siendo en todos los tiempos el aliento que impulsa el motor de la libertad política, que alimenta la consigna de la igualdad social, que fluye en la construcción de la equidad económica, que alimenta el alma del libre pensar que humaniza, que es piedra angular de la justicia y la potencial posibilidad real de habitar en paz. Tenemos que cultivar la cordialidad para construir un mundo habitable, de lo contrario la ignominia nos hundirá en la miseria espiritual y material.