Un sistema educativo se debilita cuando se precariza el nivel de contenidos de aprendizaje que deben estar permeados por conocimiento científico, cultura humanística, pensamiento lógico-matemático y por excelentes niveles de lectura y escritura que son base fundamental en el pensamiento crítico. Al ser precarizado el sistema educativo, la consecuencia inmediata es la generación de condiciones adversas que impactan negativamente el desarrollo social, el nivel cultural, la dinámica económica y el perfil ético de la sociedad, lo que, más temprano que tarde, provoca graves problemas de orden estructural y civilizatorio. Estructural porque sume a la economía en niveles bajos de productividad al quedar atrapada en el uso de fuerza de trabajo físico barato y poco eficiente, lo que la aleja de la aplicación del conocimiento que en la actualidad es generador de valor. Civilizatorio, porque en la actual sociedad del conocimiento y de economía digital, una educación precaria en todos los niveles, pero sobre todo en el básico, limita peligrosamente el avance científico y tecnológico autónomo.
Ambas condiciones conducen, invariablemente, hacia el nuevo colonialismo tecnocientífico que los países desarrollados ejercen para controlar economías y sociedades de los países con fuerte rezago educativo. Otro de los nefastos impactos de la precariedad educativa hacia el interior de un país, es el incremento de la brecha social, intelectual, cultural y económica de la mayoría de la población frente a quienes poseen un mayor capital cultural y educativo. A mayor y mejor educación, mayor posibilidad de acceder a superior condición y oportunidad de movilidad laboral en la sociedad del conocimiento y economía digital. Pero también se posee el impulso de emigrar hacia países que ofrecen condiciones adecuadas para desempeñarse, aplicar y desarrollar la aptitud operativa poseída, la habilidad intelectual cultivada y la preparación adquirida. Así pues, todo el mal social que se propicia cuando se sostiene un sistema educativo precario en contenidos de aprendizaje, precario en el cultivo del pensamiento reflexivo y lógico, precario en las condiciones académicas de docentes, precario en percepción salarial de quienes deben ser dignificados por constituir la base formadora de un país, precario en infraestructura educativa, carente de conectividad digital y acceso a tecnología inteligente, convierte esa precariedad en resabio histórico pues tiene repercusión intergeneracional.
Este problema es más grave en áreas rurales e indígenas donde el apartheid cognitivo se refleja con intensidad, cual nefasto resabio de un colonialismo interno que oprime y explota a campesinos, a las naciones indias y agricultores pequeños y medianos que son alma cultural y fuerza alimenticia de México. La pobreza cognitiva es acumulativa entre generaciones cuando persiste la precariedad educativa. Cual, si fueran capas superpuestas, éstas comparten el apartheid intelectual y heredan, generación tras generación, empobrecimiento cultural e incapacidad para imaginar el mundo. Se desvaloriza el saber lo que impide cultivar el pensamiento reflexivo, se vulnera la ciudadanía volviéndola fácil presa de políticos populistas, se debilita a las instituciones que son invadidas por la corrupción y hay pérdida de visión para construir un horizonte futuro con independencia científica, tecnológica, cultural, política y económica. México se encuentra en esa encrucijada, donde la educación puede dar el salto hacia el futuro en la sociedad del conocimiento y la economía digital o puede sumirse en la precariedad cognitiva que, cual lastre, hunda a la sociedad en el pantanoso mundo de relaciones neocoloniales derivadas de la dependencia tecnocientífica. Desafortunadamente se observan tendencias que, obnubiladas por dogmas ideológicos, componendas políticas y tozudes inculta, se inclinan por lo segundo.
Los hechos hablan por sí mismos: libros de texto gratuito en los que priva la ideología, antes que el saber, en los que se margina el pensamiento lógico-matemático, en los que la comunicación mediante la lectura y escritura es arrojada a un tercer plano, en los que la ética no es consistente en la formación sociocultural, en los que no se refleja responsabilidad pedagógica pues poseen múltiples errores infográficos y de secuencia en materiales que se correspondan con el nivel cognitivo esperado. En fin, un sistema educativo que en plena era de la comunicación digital y la inteligencia artificial, sigue apostando por el texto escolar como fuente de aprendizaje y apostando mal, pues ni siquiera se brinda calidad de contenidos y un enfoque pedagógico que priorice la autonomía intelectual, el pensamiento lógico, la curiosidad gnoseológica y la habilidad intelectual. Por otra parte, pese a que México tiene una cobertura histórica en educación primaria y secundaria cercana al 100% nacional, también existe un rezago educativo que afecta a más de 24 millones de niñas, niños y jóvenes. Es una población que no alcanzó el nivel mínimo de escolaridad, un derecho humano necesario para participar plenamente en la vida económica y social del país.
Este rezago ha sido, y será acumulativo generacionalmente si no se transforma el sistema educativo para permitir no sólo el acceso y permanencia de educandos, sino, sobre todo, para abandonar la visión pedagógica decimonónica que creyó, y aún lo cree, que el conocimiento radica en la memorización de información, y entre más información mejor, según esa lógica, cuando en la actualidad la información está en los sistemas informáticos y redes digitales, siendo prioridad, hoy en día, aprender a establecer objetivos de aprendizaje, saber preguntar lógicamente, operar técnicas y métodos de búsqueda para localizar, comparar y verificar información, saber aplicar la información obtenida para generar conocimiento y aprender a aplicar el conocimiento obtenido para plantear nuevos objetivos de aprendizaje. Eso no se enseña en el actual sistema educativo mexicano que pretende eliminar el alma de toda educación escolar: la inteligencia. Se retrocede por la creencia de que ideologizar es adecuar conductas sociales, se retrocede porque se supone que eliminando el esfuerzo intelectual se va a acabar con el rezago educativo, se retrocede cuando se minimiza la lecto-escritura, se retrocede cuando no se cultiva el pensamiento lógico, se retrocede cuando no existe una política de actualización cognitiva, intelectual, neuro pedagógica, de dignificación salarial y respeto profesional hacia docentes y personal involucrado en cada tarea del hacer educativo escolar.
Se retrocede cuando las propias autoridades responsables de la conducción de la educación en México, aparte de ser improvisadas, carentes de compromiso educativo e invidentes de lo futuro, actúan contra el derecho humano a una educación digna en condiciones físicas de infraestructura, actualizada en la dinámica del saber contemporáneo, integral en el aprendizaje, respetuosa de la personalidad y autonomía del educando. Se quiere una autoridad educativa que sea eso, autoridad en educación y no de mando en bandazos ideológicos, ocurrencias político-partidistas, desvaríos acusatorios de culpas para evadir responsabilidades actuales. Si no se camina hacia un sistema educativo digno en todo sentido, actualizado en conocimiento científico y humanístico para hoy y el futuro, con estrategias neuro pedagógicas aplicadas al cultivo de habilidades intelectuales y operativas urgentes en la sociedad del conocimiento y la economía digital, con sentido ético y manejo socio emocional, colaborativo en el aprendizaje y participativo en el hacer social, entonces México caerá en anomia social porque al darse un incremento de la población con precarios niveles educativos, se afecta negativamente el desarrollo económico, el avance tecnocientífico, la productividad y el bienestar social equitativo. Y, por otra parte, se propician condiciones que alientan el trabajo infantil, la multiplicación del trabajo informal y el reclutamiento de jóvenes, forzado o voluntario, para las organizaciones criminales que asolan a México.