Por primera vez en la historia del Poder Judicial de Veracruz, el arranque de un nuevo periodo se realizó con un ritual cargado de ofrendas, flores, velas e incienso. El acto, presentado como un gesto de purificación, contrastó con los señalamientos que aún pesan sobre la reciente elección de magistrados: el uso de “acordeones” durante las votaciones, la escasa participación y las críticas a la legitimidad del proceso. Paradójicamente, lo primero que se hizo al instalar esta nueva etapa fue una ceremonia simbólica, antes de responder a los cuestionamientos de fondo que marcaron la renovación judicial.
La magistrada presidenta del Poder Judicial del Estado de Veracruz, Rosalba Hernández Hernández, inició su periodo agradeciendo a la Madre Tierra, con un ritual donde participaron los 16 pueblos indígenas y el pueblo afro de la entidad. Explicó que este ritual se realizó por acuerdo de la Ciudad de México: “se tomó el acuerdo de que los 16 pueblos indígenas de Veracruz y el pueblo afro, darían acompañamiento a quienes tomaron protesta, y a mí por haber obtenido el mayor número de votos y con ello asumir la presidencia y la representación legal del Poder Judicial del Estado”.
Por tanto, refirió que dicho acto se llevó a cabo en cumplimiento al acuerdo del Consejo Nacional, compuesto por las representaciones de los 72 pueblos indígenas que hay en el País y que son electos por asamblea comunitaria y mismos que tienen la autoridad de los pueblos indígenas.
Portando un traje del pueblo indígena Totonakú, vestimenta prehispánica y la cual dijo, se les pone a las mujeres que son autoridad, Hernández Hernández aseveró que una de sus prioridades es plantear mayor justicia para personas indígenas: “Vamos a analizar la situación en que está cada uno de ellos, algunos están todavía en el tema de la Fiscalía y otros acá y otros en ejecución”.
Comentó que en breve se dará a conocer su plan de trabajo, pero se decidió iniciar actividades en el recinto del Poder Judicial con la ceremonia de agradecimiento a la Madre Tierra.