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Quality Phones no respeta precios de apartados y los aumenta arbitrariamente

Raúl Torres alza su protesta contra este negocio de telefonía celular de Xalapa

Xalapa, Ver. 02/03/2009

alcalorpolitico.com

Señor director:

Acostumbrados como estamos a leer cotidianamente de los fraudes cometidos por comerciantes sin escrúpulos que prácticamente reetiquetan los artículos y productos que venden a su antojo ante la carencia de firmeza para meterlos en cintura, le narro este caso.

El 15 de enero anterior aparté en la tienda de telefonía celular Quality Phones de la avenida Clavijero número 94-B, código postal 91000 y con teléfono 841 4651, un par de teléfonos celulares Sony Ericsson modelo W200. El costo individual de este producto, de acuerdo a lo que me dijo la joven empleada que amablemente me atendió, era de 999.00 pesos, y podía apartarlo con una mínima cantidad y liquidarlo en tres meses.

Aparté dos equipos para regalarle uno a cada uno de mis dos hijos. Obviamente en lo que la señorita me elaboraba la nota que amparaba el apartado y otros detalles, le hacía diversas preguntas, algunas de las cuales fueron:

- ¿Cuenta con tiempo aire cada equipo? Sí, 300 pesos diferidos, trae 100 precargados y los 200 restantes se le abonarán con cada recarga que usted haga.

- ¿Trae todo lo que se muestra en la caja? Desde luego, el teléfono, su chip con su respectivo número que se habilita al momento de entregárselo, el cargador, la tarjeta de memoria, la cámara fotográfica, el MP3 y todo lo demás.

- ¿Precio congelado? ¡Claro, ya lo apartó usted y se le respeta el precio!

Dejé 500 pesos.

Este viernes 27 de febrero, a las 20 horas y minutos, pasé a liquidarlos para que me los entregaran, y la señorita gerente del negocio, de nombre Paola, con toda la tranquilidad del mundo, incluso hasta con desgano, me dijo luego de indicarle que los iba a pagar: “pero fíjese que ya cambiaron de precio”.

¿Por qué? Fue mi pregunta. Jamás supo darme una explicación real, lógica, convincente, y se limitó a decir prácticamente que porque sí.

Mortificado pero tratando de ser ecuánime, le pregunté por qué no había un aviso a la entrada del negocio advirtiendo algo así como “por decisión del proveedor –en este caso Telcel- no se respetan los precios de apartado de los equipos porque ya subieron de precio”, y su respuesta prácticamente fue nula.

Solicité si el gerente general o dueño del negocio (que no aparece su nombre en las notas, sino el de otra persona, lo que me confundió por no saber si se trata de dos dueños o más) podía atenderme, y me dijo “fíjese que todos los días viene a esta hora, pero hoy no”.

Pedí entonces si me podía proporcionar el número telefónico del gerente general o dueño para preguntarle el motivo del cambio de precio sin previo aviso, y me lanzó “fíjese que ese no se lo puedo dar”.

Le dije que la conducta del negocio me parecía fraudulenta o por lo menos engañosa -con respeto, considerando que trataba con una dama-, y de plano me dio evasivas sin ton ni son, desde acusar a la empleada que me atendió –que no se si aún trabaja allí o la cambiaron de horario o la mandaron a otro negocio-, hasta salir con la sobadísima frase –aunque con otras palabras pero la intención era la misma- de que “son políticas del negocio” y “yo no soy responsable”.

Cada aparato aumentó 170 pesos en su costo. Podría haberlos liquidado, aunque desembolsara 340 pesos más, pero me pareció deshonesto tratar así no a mí, sino a cualquier persona.

Antes de que me atendieran, una dama solicitó una recarga, le cobraron el costo, y la recarga no se dio al paso de los minutos. La señora protestó por la tardanza y exigió le regresaran su dinero, la gerente primero le dijo que no porque “¿qué tal si ya está en proceso de cargarse la recarga (sic) y le regreso su dinero? Le tengo que cobrar el costo de la recarga a la empleada que le atendió”, hasta que ante la evidente molestia de la señora finalmente le regresó el dinero, porque a través de una computadora canceló el trámite.

En este país no protestamos por nada. Si aumenta el precio de la tortilla, pintamos un “violín” al que nos las vende, pero la seguimos comprando; si aumenta el precio de la cerveza, nos enojamos de momento con el que nos la despacha pero luego, al grito de “!arriba el vicio aunque la familia perezca¡” la consumimos; si la medicina para el familiar antes costaba 40 y ahora nos dicen 60, decimos que los dueños de la farmacia son unos rateros pero la adquirimos porque nos espanta la idea de dejar sin el medicamento al ser querido.

Pero yo digo ¡ya basta! Aunque se que si voy a la oficina de la Procuraduría Federal del Consumidor voy a perder el tiempo, este día o mañana, cuando trabaje la dependencia, presentaré mi queja. No quiero formar parte del ejército de conformistas que aceptan con mansedumbre todos los abusos, excesos, ilícitos que los voraces comerciantes cometen amparados en que este país es de corcho y no se hunde.

Le saludo con afecto, ah, y no compre en Quality Phones o en cualquier negocio que no respete los tratos y quiera hacer su capricho, y si es Telcel el responsable, vamos analizando boicotearlo… ¿o usted también se conformará ante los abusos de que somos objeto todos?

Raúl Torres Jiménez
teléfono 044 2288 37 3759