Ir a Menú

Ir a Contenido

Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Realidad compleja

José Manuel Velasco Toro 09/07/2026

alcalorpolitico.com

Desde tiempos de Heráclito (540-480 a. C.), quien vivió en Éfeso en la región Jónica de Asia Menor, sabemos, aunque siempre buscamos un pretexto para no aceptarlo, que todo fluye en la vida, que en ese fluir cada elemento que nos rodea está bajo una relación de tensión sujeta a un proceso que se llama cambio. Dinámica constante que trascurre entre orden y desorden, organización y reorganización manifiesta en el tiempo y en el espacio. Nada es estático, aunque lo parezca. Nada se mantiene igual, pese a cualquier esfuerzo que así lo pretenda. Por eso es por lo que la identidad está más allá de ser estática, por el contrario, es dinámica en todo plano de la realidad. Por tanto, el ser está inmerso en un continuo proceso de permanente inacabamiento que lo transforma cotidianamente. La famosa metáfora de Heráclito lo dice todo: “no podemos bañarnos dos veces en el mismo río”. Ella habla con claridad de ese constante movimiento en el que todo cambia. Lo que hoy se nos muestra como una realidad dada, mañana puede no serlo, pues ocurren cambios no previstos que están inmersos en el fluir de la complejidad cotidiana.

Para comprender el cambio y la complejidad, es fundamental dejar de ver el mundo de manera lineal, mecánica, fragmentada y dual, como hasta ahora ha marcado la tradición mecanicista heredada del siglo XVII. Es necesario comprender, como lo señaló Edgar Morin, que el mundo, “que lo real está tejido junto” y forma un entramado de relaciones, interdependencias e incertidumbres que obliga a una permuta radical en el pensamiento para poder aprender a pensar de manera relacional, compleja. Nuestra actitud tiene que ser de mente abierta para poder ver las interrelaciones existentes, comprender su dinámica, explicar las implicaciones y asumir la incertidumbre que acarrea toda evolución. Solo así se está en condiciones de idear cómo resolver conflictos, buscar soluciones creativas y superar la incertidumbre en la dinámica del cambio intrínseco a la realidad. Cada componente, cada elemento, cada acto relacional, interactúa uno con el otro y en el otro, dinámica que es diferencial, pero no aislada, lo que acarrea cambios y situaciones inesperadas, muchas veces no previstas y nuevas por no tener referente con alguna experiencia pasada.

El mundo es, en pocas palabras, una red de interacciones continuas donde cada ente, cada objeto, cada sujeto y cada persona, interactúan entre sí, directa o indirectamente, influyéndose y transformándose. Por ello, la acción depende de la comprensión que se logre de la realidad, algo que solo se consigue si sabemos leer las pautas por debajo de la superficie para poder decidir cómo reaccionar ante la incertidumbre y tener una perspectiva prospectiva del sentido en que se darán futuras interacciones. Si se carece de una perspectiva relacional, difícilmente se comprende el cambio y las propiedades de las relaciones que se establecen entre sí en el conjunto de la red, por lo que la comprensión de cómo se dan las relaciones manifiestas u ocultas no solo queda corta, sino que es poco probable que emerja en el ámbito consciente de la persona quedando en pasmada ignorancia. Hay propiedades y características que se manifiestan unas respecto a otras, de acuerdo con el contexto de la interacción. Así, para usar un ejemplo simple, o tal vez simplón pero ilustrativo de las interacciones en función del contexto, hablemos de la silla. Una silla es un objeto que encontramos en muchos lugares. Su función es permitir sentarnos para estar en una posición de descanso, cómoda y agradable cuando estamos en un lugar.



Como habitáculo utilitario se le diseña con variadas formas y estilos estéticos, se elabora con madera u otros materiales con fines prácticos o de orden ceremonial. Pero la interacción del objeto silla con el entorno en el que es usada, varía según la función del evento, relación que le da una carga simbólica, en muchos casos, de jerarquía y poder. No es lo mismo una silla en un aula escolar ubicada frente al espacio del educador cuyo simbolismo relacional refiere a un contexto pedagógico de enseñanza-aprendizaje, jerárquico y disciplinar, cómoda para la atención requerida o incómoda ante el aburrimiento que suele invadir la mente cuando lo que se enseña es irrelevante o tedioso, a una silla en una sala de espera de una oficina o centro de salud donde la función relacional es proporcionar descanso a la agachada paciencia que se debe mostrar para ser atendido. Mucho menos lo es al de una silla presidencial que, cual trono absolutista, simboliza poder de mandato y está asignada para una persona que ha adquirido la cualidad legal, o usurpadora, para usarla y que, cuando la tiranía acecha, cual madriguera se niega a abandonar. Observamos que la forma de interacción del objeto con el contexto es diferente de acuerdo con las situaciones dadas y la carga simbólica existente en el tiempo y espacio ocurre en función de la variabilidad de las relaciones existentes, cuyo valor determina la cualidad de la interacción determinante.

Es claro que el fluir del cambio es imparable en la cotidianeidad de la vida, en la existencia de las personas, en el establecimiento relacional con el entorno vivido, mascotas y objetos usados, en la construcción diaria de vínculos para buen existir social, en las ligaduras interpersonales, en la dinámica cambiante de la política, en los altibajos de la economía, en lo deseado y no ocurrido, en la incertidumbre social plagada de violencia de todo tipo, en los actos de justicia o injusticia, en fin, ante las múltiples y variadas situaciones, según las determinantes existentes, por lo que hay que aprender a leer, interpretar y asumir la complejidad con miras a superar y solventar la incertidumbre. Comprender la dimensión relacional coadyuva a elegir la acción que se debe emprender en la complejidad del cambio, pues nos enseña a fortalecer la virtud para cultivar la capacidad de discernir con sabiduría, proceder con justicia y actuar correctamente hacia el bien común.