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Cultura Viva
Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

Sursum Corda

San José: cuando las cosas son demasiado grandes, simplemente callamos

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 21/03/2022

alcalorpolitico.com

Para escribir sobre Abbá José no hay que forzar las cosas ni exprimir al máximo los datos que tenemos de él. El parámetro lo da su misma vida, es el hombre discreto, el hombre del silencio, y su vida está vinculada a María, por lo que hablar de José es aceptar también el silencio como parte de la revelación de Dios. Hablar de José es también reflexionar sobre el silencio y la humildad que estos tiempos necesitan.

“Aquel que viene del silencio fue el primero en escuchar la Palabra. A aquel que vino de la oscuridad de la vida cotidiana le fue dado contemplar, él primero, la luz que ilumina a todo ser humano que viene a este mundo. Este silencio no es mutismo de quien no tiene nada que decir. José tenía muchísimo que decir. Por ser justo... ciertamente irradió a su alrededor más por el ejemplo que por las palabras. Por lo demás, cuando las cosas son demasiado grandes, simplemente callamos” (Leonardo Boff).

Al ir profundizando en la vida de San José asumimos el silencio como una forma de acercarnos a Dios, ya que nos pone frente a una fuente de revelación en la que se llegan a comprender los designios de Dios.



Tanto José como María se destacan por ser personas de silencio. En los dos aparece de manera constante esta característica de su vida espiritual. Son personas de silencio que tenían, precisamente por su silencio, la apertura y disponibilidad a las cosas de Dios.

El silencio se convierte así es un medio para sentir la presencia de Dios, así como para escuchar, creer y aceptar su palabra. Si no sabemos guardar silencio, si no sabemos apreciar el silencio, va ser muy difícil que podamos encaminarnos hasta esos umbrales donde Dios comienza a darse a conocer.

Esta enseñanza es coyuntural ahora que estamos llenos de tanto ruido y no paramos de hablar; necesitamos aprender a guardar silencio y acercarnos con respeto y esperanza al misterio de Dios, como nos enseña la familia de Nazaret.



Viendo a José y María uno diría que, si los papás son así, así es el Hijo. Consideramos el ejemplo de los papás cuando nos admiramos y quedamos gratamente sorprendidos de la humanidad y espiritualidad de Nuestro Señor Jesucristo. En Nazareth tuvo una gran escuela con sus padres, ejemplos de silencio, de personas que están moldeadas por la palabra de Dios. Venía del cielo, pero sus padres cumplieron su misión al ofrecerle una familia y al formarlo como un hombre bello y lleno del Espíritu de Dios, un hombre con la sensibilidad de una persona, pero con la espiritualidad de un Dios.

Forjado en el silencio, en la escuela de Nazareth, Jesús buscaba momentos para estar en silencio y en oración. Esto también lo aprendió de sus padres; lo vio en José y María que dejaban hablar a Dios.

Dios tiene tantas cosas que decir; si no las escuchamos es porque no sabemos guardar silencio ni sabemos apartarnos de las cosas del mundo como sí lo supo hacer la familia de Jesús. Si nos quejamos de no que no escuchamos a Dios, que no lo llegamos a sentirlo, es porque nos falta ser hombres y mujeres de silencio, como la sagrada familia.



Resulta sorprendente que José, con los problemas que tenía no actuó precipitadamente, sino que guardó silencio, le dio margen a la palabra de Dios cuando se le iba revelando lo que estaba pasando con María y lo que Dios le pedía.

Sorprende que, con estos problemas, San José tenga la capacidad de dormir. Nosotros tenemos problemas y no podemos dormir poque no tenemos limpia la conciencia y porque no confiamos en el Señor. En cambio, José puede dormir y, en el sueño, se le revelan los designios de Dios. Basta la palabra de Dios que se le comunica para que, al despertar, sepa lo que tiene que hacer.

Si uno no deja hablar a Dios se llena de pensamientos negativos e impresiones subjetivas. No es que seamos malos, sino que no dejamos hablar a Dios. Lo que tenemos que hacer cuando enfrentamos situaciones delicadas es ir a escuchar a Dios, poner las condiciones para que a través del silencio podamos sentirlo, aún en las situaciones más delicadas de la vida.



Dios siempre tiene algo que decir, pero si delante de esos problemas personales y sociales no guardamos silencio para escucharlo, nos estaremos privando de la visión y la bendición que en esos momentos nos puede conceder la paz. Aun en situaciones desesperantes, Dios siempre tiene algo que decir.

Honor a San José que cuidó de Jesús y de su esposa de una manera celosa y delicada. Pero más honor porque si el apóstol San Juan tuvo el privilegio de recargar su cabeza en el pecho de Jesús, a San José se le concedió el privilegio de que Jesús recargara su cabeza en su pecho todas las veces que como padre lo abrazó desde su niñez hasta su vida adulta.

No nos privemos de ofrecer nuestro pecho al Señor para que se recargue en nosotros cada vez que en la oración le expresemos nuestro amor, le digamos que estamos con Él y le aseguremos que, como San José, lo cuidaremos y defenderemos en estos tiempos en los que se ataca a Dios y a la familia.