José Llanos Arias*
¿Fueron insignificantes las lluvias?
En relación a las declaraciones que hizo el día de ayer el Director de Protección Civil de Veracruz, Isidro Cano, sobre la operación de las presas de la cuenca del Papaloapan y apelando al derecho de réplica, me permito comentar lo siguiente:
Conozco a Isidro Cano desde hace mucho tiempo y doy fe de su conocimiento y experiencia en meteorología y en especial en los fenómenos meteorológicos que afectan a Veracruz.
Pero, con el respeto que debo a su experiencia en estos campos, me atrevo a decir que lo que él ha expresado sobre operación de presas y análisis hidrológico deja grandes lagunas de conocimiento en estas áreas de la hidrometeorología, donde debiera prevalecer el rigor técnico y las afirmaciones sustentadas.
Recuerdo que en 1999, tras las lamentables inundaciones de varias localidades del Norte del Estado, el Sr. Cano también argumentó que la mala operación de las presas del sistema Necaxa, habían causado los desastres, cuando son presas que no pueden ser operadas o controladas, por la sencilla razón de que tales presas son de vertedor de cresta libre; es decir, no tienen compuertas, por lo tanto no se puede controlar el volumen vertido.
Ahora argumenta que también hubo un inadecuado manejo de las presas en varios estados y, particularmente, se refiere a las presas del Papaloapan, de las que dice: se hicieron para evitar inundaciones en esta zona. Efectivamente, estas obras fueron construidas entre las décadas de los años 1950 y 1980 para prevenir las inundaciones en una superficie aproximada de 200 mil hectáreas de la parte baja de la cuenca del Papaloapan, perteneciente a Veracruz. Recordemos que esas zonas sufrían periódicas inundaciones que en ocasiones llegaban a ser catastróficas y a cobrar no sólo bienes materiales, sino aún vidas humanas.
Afortunadamente, esas presas vinieron a disminuir las áreas siniestradas por inundaciones, pero se debe aclarar que también, desafortunadamente, estas presas no controlan otros ríos como El Valle Nacional, El Obispo, el Tesechoacán y San Juan que bajan libremente a todo lo que da su caudal. Estas corrientes prácticamente una vez al año presentan desbordamientos que en ocasiones -en años recientes como 1991, 1992, 1993, 1996 y más reciente en el 2008- conforman una enorme laguna que afecta a una gran extensión. Esta área abarca municipios como José Azueta, San Juan Evangelista, Juan Rodríguez Clara, Hueyapan de Ocampo, Isla, San Andrés, entre otros, y se extiende hasta Saltabarranca y Lerdo de Tejada. Desafortunadamente este año no fue la excepción.
Continuamos con las aseveraciones del Sr. Cano: señala que tiene conocimiento que con lo que llovió no es como para que se inunde de ese modo la cuenca del Papaloapan. Yo preguntaría ¿qué dirán de esto los habitantes de poblaciones de la zona alta de Oaxaca y los de la zona veracruzana de Coatzacoalcos, que también resultaron afectados y donde no existen presas a las que se pueda culpar? ¿También a ellos les dice usted, Sr. Cano, que las lluvias no eran de tal magnitud como para dejarlos inundados por más de 10 días?.
Estas lluvias que, al parecer del Sr. Cano no fueron tan significativas, ocasionaron que —entre el 20 de agosto y el 5 de septiembre— las Presas Cerro de Oro y Temazcal acumularan en conjunto un volumen de 2,898 millones de metros cúbicos de agua, que sirven para satisfacer la necesidad de, nada más ni nada menos, que de 40 millones de habitantes en zonas urbanas durante un año. Dejamos al cálculo del lector investigar para cuantos estados podría servir esta cantidad de agua.
Estas lluvias fueron tan significativas, que ocasionaron que el río Coatzacoalcos registrará cuatro avenidas – una de esas ocasiones alcanzó el segundo nivel más alto de la serie de registros que se tiene-, al igual que el rio Valle Nacional y el río San Juan –que por cierto superó su record histórico-, en tanto que el río Tesechoacán tuvo tres avenidas.
Sobre los pronósticos de las lluvias que ocasionarían estas avenidas y, la información de las crecidas de los ríos, la Conagua emitió los boletines y avisos correspondientes, de los cuales podrían dar cuenta las diferentes dependencias de los tres niveles de gobierno y los diferentes medios de comunicación.
En lo que se refiere a los gastos máximos de los ríos Santo Domingo y Tonto, antes de llegar a las presas Cerro de Oro y Temazcal, donde son controlados, fueron de 2,500 m3/s y 4,400 m3/s, respectivamente, y de no existir las presas mencionadas, el gasto máximo del río Papaloapan —a la altura de la estación, también llamada Papaloapan que se encuentra aguas abajo de ambas presas—, aunado al caudal máximo registrado del río Valle Nacional (2,400 m3/s), hubiera generado un valor aproximado a los 9,300 m3/s, casi tres veces más de lo que se estima transitó en esta ocasión. Las consecuencias, Sr. Cano, nadie las quiere imaginar.
* Jefe de Hidrometeorología del Organismo de Cuenca Golfo Centro de la Comisión Nacional del Agua