Ir a Menú

Ir a Contenido

Sección: Estado de Veracruz

Sonrisas entre la crisis: “Bienvenidos a la nueva Venecia, ¿de dónde nos visita?”, dicen en Álamo

- Cansados por la lucha titánica para recuperarse, pobladores agradecen la ayuda que han recibido

- Batalla contra el lodo no acaba; necesitan comida, jaladores, escobas, artículos de limpieza

Suhaily Barrón / Enviada Álamo, Ver. 17/10/2025

alcalorpolitico.com


Click para ver fotos
La primera advertencia de que se entra a una zona de devastación es el olfato. Un olor pesado y dulce, que se asimila al de un basurero a cielo abierto, recibe a quienes se adentran en el municipio de Álamo. En la entrada, una gasolinera y una tienda de conveniencia se han convertido en un oasis de normalidad, con largas filas de vehículos. Para muchos, este es el lugar para una última pausa, para usar un baño, comprar algo o simplemente para asimilar, desde el borde, el impacto de lo que han visto en el corazón de la catástrofe.

Frente a este punto, en una vulcanizadora, se libra una batalla silenciosa contra el lodo. Los vehículos hacen fila para reparar llantas que se dañan hasta 3 veces al día. “Andan prácticamente a ciegas entre el lodo de las calles: vidrios, clavos, fierros y hasta las propias máquinas que trabajan en la zona, ponchan sus llantas”, explica un voluntario. No sólo son coches; la maquinaria pesada y los volteos también sucumben a la ferocidad de las calles convertidas en un campo de obstáculos.

Al continuar el recorrido hacia el interior, el olor se intensifica, volviéndose casi tangible. La magnitud de la destrucción crece con cada calle. Es imposible no ver a personas llenas de lodo, trabajando incansablemente. En cada esquina, montículos de muebles, ropa y recuerdos de vidas pasadas forman un paisaje repetitivo y desgarrador.

En medio de este escenario, un padre de familia se detiene frente a lo que fue su hogar. Se lleva las manos al rostro y llora. Tras un momento, se limpia las lágrimas y aclara: “Lloro de agradecimiento. Los míos están con vida, están todos. Lo material sí pesa, pero la vida de mi familia es más importante que todo”.

El cansancio en la población es palpable. Día tras día de limpiar y el lodo parece no querer irse. El aire es pesado, una mezcla penetrante de lodo, animales sin vida y basura en descomposición. Pero en este agotamiento, la gratitud no se extingue. Al paso de cada camión con víveres o de cualquier voluntario, las manos se alzan, las voces se unen en un coro: “Gracias, que Dios los bendiga”. Si los voluntarios van caminando, se acercan para agradecerles personalmente. “Gracias, gracias por ayudar, Dios los bendiga, de verdad gracias”, repiten, una y otra vez.

La solidaridad se manifiesta de formas inesperadas. Taxistas y motociclistas, que también han perdido mucho, se niegan rotundamente a cobrar sus servicios a los voluntarios y foráneos que ayudan. “Ustedes están aquí ayudando, ¿cómo les vamos a cobrar?”, argumentan, a pesar de la insistencia de los pasajeros por pagar. Para ellos es una cuestión de agradecimiento.

La ayuda es mucha pero no es suficiente. El lodo es una presencia obstinada. Ante la enormidad de la tarea, el humor negro surge como un mecanismo de supervivencia. “Bienvenidos a la nueva Venecia, ¿de dónde nos visita?”, bromean algunos pobladores entre risas y porras, para luego tomar seriedad y asegurar: “De verdad mil gracias por estar aquí, las gracias no son suficientes”.

Mientras tanto, entre el fango y el hedor, la cadena de solidaridad no se rompe. Personas caminan ofreciendo comida –tortas, tacos, tamales– a todo el que encuentran, sin distingo. La solidaridad de los veracruzanos es impresionante. Muchos ni hambre tienen; su único impulso es seguir limpiando, rescatar de entre la basura algún objeto que, con una lavada, quizás pueda volver a ser útil.

Niños y adultos por igual están cubiertos de lodo, un recordatorio de los riesgos sanitarios que acechan. La emergencia aguda pasó pero ahora comienza la crisis sanitaria y humanitaria. Los habitantes, mientras continúan su lucha titánica, lanzan un llamado urgente a la población: necesitan comida, jaladores, escobas, todo tipo de artículos de limpieza, pomadas para los hongos en la piel que ya empiezan a aparecer y medicamentos. La batalla contra el lodo es diaria y la esperanza de normalidad, por ahora, flota sobre un mar de fango y gratitud.