Se acabó la magia del tricolor. Fue bonito el sueño mientras duró. Los goles de los ingleses Jude Bellingham y Harry Kane nos volvieron a nuestra infame realidad.
“Otra vez nos quedamos en el quinto partido”, “como vamos no se ve para cuándo nos sacudiremos esa mala suerte”, fueron los dichos de algunos aficionados xalapeños que tenían la fe puesta en la Selección Mexicana para hacer algo más en este Mundial, su Mundial.
Otro más atrevido culpó de este doloroso revés al estratega. “Aguirre, con sus tonterías, ya fue visoreado por la 4T por su ineptitud y no sería nada extraño que prontamente engrosara sus filas”, dijo.
Y Agregó: “A pesar de las molestias que tenía el defensor Montes lo mantuvo en la titularidad. Sacó al máximo goleador mexicano, Quiñónez, cuando se necesitaba un gol para empatar. Centros, centros, centros, centros y miles de centros, en lugar de meter algún jugador que desbordara, que llegara a la línea de fondo o que se colara con habilidad por en medio, pero metió al ‘Memote’, quien nada más entró a estorbar. El ‘Chino’ Huerta, sin ser la gran estrella, encara, la arriesga y tiene algo de desborde y no lo metió. Centros y centros y no pasó nada. Aguirre nunca apostó por la habilidad ofensiva, se casó con sus ideas y adiós”, expresó.
Esos fueron sólo algunos comentarios que se escucharon tras la derrota del seleccionado azteca, pero como siempre sucede en el futbol cada mexicano tiene en su interior un alma de entrenador, un estratega que da su opinión, válida porque es su sentir, su libertad de expresión, su libre albedrío.
Lo cierto es que esta caída dolió más que nunca porque fue en este presente, en este momento, en este instante, en el ahora. Muchos pensamos que este era el Mundial en el que México cambiaría su historia, que dejaríamos de ser el “ya merito”, pero nos equivocamos, volvimos al “jugamos como nunca, pero perdimos como siempre”.
De esto estoy seguro que no hay culpables, más sí responsables, pero habrá que hacer un estudio, un análisis desde nuestras raíces desde la estructura que compone el futbol nacional para ver dónde está el mal para erradicarlo de una vez por todas. Pero esto sin duda y lamentablemente no será posible porque todos sabemos dónde nace este cáncer, dónde crece y dónde hace su nido, pero sobre todo quiénes están atrás de todo esto, quienes manejan los hilos o mejor dicho manipulan a su antojo nuestro futbol mexicano.
Mientras tanto habrá que esperar otro proceso de al menos 4 años para ver si llegamos al tan ansiado sexto partido o si algún día levantaremos el trofeo de campeón mundial, algo que sólo podemos imaginar. El sueño terminó, se esfumó, fue bonito, fantástico, pero no eterno. Y más temprano que tarde teníamos que regresar a esta realidad. Lo triste es que esa ilusión se volvió decepción, una pesadilla. Sí, una horrible pesadilla de la que ahora queremos despertar.