La prevención y atención de riesgos desde un enfoque colaborativo y comunitario fue el eje del curso-taller “Gestión del riesgo con perspectiva de resiliencia comunitaria frente a hidrometeoros agravados por cambio climático”, organizado por la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad (Cosustenta) y el Sistema Universitario de Gestión Integral del Riesgo (SUGIR) de la Universidad Veracruzana (UV), en el que participaron académicos, directivos y personal administrativo de la institución.
Beatriz Torres Beristain, investigadora del Centro de Investigaciones Tropicales (Citro), explicó que esta iniciativa surge de la articulación entre la Cosustenta y SUGIR, ante el incremento en la intensidad y frecuencia de fenómenos hidrometeorológicos.
Señaló que el objetivo es fortalecer la preparación de la comunidad universitaria frente a eventos como inundaciones, tormentas o granizadas, a fin de evitar pérdidas humanas y materiales.
Detalló que durante el taller se trabajó en la identificación de riesgos tanto al interior de las entidades como en el entorno urbano, particularmente en la ciudad de Xalapa.
Asimismo, se promovió la elaboración de cartografías específicas y la definición de rutas de acción ante posibles contingencias.
“Es algo que se tiene que hacer en conjunto, donde participan directivos, académicos, administrativos y estudiantes”, subrayó la investigadora.
Torres Beristain destacó que uno de los principales avances ha sido la generación de diálogo entre distintos sectores universitarios, lo que permite integrar perspectivas prácticas y teóricas para la toma de decisiones.
Añadió que la comunicación del riesgo y la educación en la materia representan áreas clave a fortalecer, como base para la construcción de protocolos de atención más efectivos.
Por su parte, Narda Garrido Martínez, directora de la Facultad de Economía, consideró fundamental la realización de este tipo de encuentros, ya que permiten analizar cómo los fenómenos naturales pueden derivar en problemáticas complejas dentro de las entidades universitarias.
A partir de su experiencia, señaló que han identificado puntos críticos relacionados con inundaciones y escurrimientos pluviales, derivados de la ubicación geográfica de su facultad.
Indicó que estos ejercicios contribuyen a replantear zonas de resguardo y a mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias, al tiempo que fomentan la vinculación con otras áreas del conocimiento. También destacó la importancia de involucrar a estudiantes mediante actividades prácticas que fortalezcan su formación y los preparen como futuros tomadores de decisiones.
Por su parte, Carlos Alberto Ochoa Rivera, coordinador de la Unidad Interna de Gestión Integral del Riesgo (UIGIR) de la Facultad de Economía, subrayó que el taller permite traducir el diagnóstico en acciones concretas, al impulsar la construcción de protocolos de respuesta claros y aplicables.
Explicó que, frente a los efectos del cambio climático, resulta indispensable “integrar soluciones tanto técnicas como basadas en la naturaleza, como el uso de muros de retención que ayuden a regular el flujo del agua de manera más sostenible”.
Destacó, a su vez, que uno de los principales aportes del curso ha sido la posibilidad de aprender de experiencias previas dentro de la propia universidad, lo que ha permitido identificar fallas, como la falta de mantenimiento en infraestructura, y atenderlas oportunamente para evitar su repetición.
En ese sentido, subrayó la importancia de definir responsabilidades, establecer canales de comunicación efectivos y reconocer quiénes deben actuar como primeros respondientes ante una emergencia.
Ochoa Rivera agregó que la coordinación con instancias externas, como Protección Civil o los distintos cuerpos de emergencia, también forma parte de esta planeación, lo que permite escalar la atención en caso necesario.
“Se trata de tener claridad sobre qué hacer, a quién acudir y cómo actuar de manera inmediata”, señaló el académico.
Las personas entrevistadas coincidieron en que el diálogo entre académicos, directivos y comunidad universitaria es fundamental para diseñar mecanismos y protocolos de atención adecuados, así como para consolidar una cultura de prevención basada en la corresponsabilidad.
Coincidieron en reconocer que este ejercicio marca un punto de partida para fortalecer la resiliencia institucional mediante la suma de esfuerzos y la construcción colectiva de estrategias frente a los desafíos que impone el cambio climático.