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Seccin: Estado de Veracruz

Las palabras de la ley

Títulos académicos o títulos nobiliarios

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 29/07/2020

alcalorpolitico.com

“La institución del doctorado es un rasgo de pedantismo universitario que no responde a ninguna necesidad seria de la ciencia especulativa, ni de la práctica del derecho.” Jacinto Pallares.
 
El Poder judicial es el Poder de la razón y es el Poder de los abogados. Un poder que, en Veracruz, durante la pandemia COVID-19, se ha caracterizado por no-poder. Su inmovilidad en la pandemia (y su lentitud antes de la misma) le ha merecido que su avance en la modernización de los sistemas se califique como el de “un elefante reumático” (Portal alcalorpolitico.com 26/07/2020).
 
Suele olvidarse que los litigantes y los fiscales coadyuvan con los jueces, participan del poder judicial (no jurisdiccional), lo cual amplía la crítica. Sentimos gran respeto por algunos jueces, litigantes y fiscales. Todos ellos, son abogados. Pero, y con esto llegamos al meollo del tema, los profesores y doctrinarios también participan del poder judicial (no jurisdiccional). ¿De qué manera participan estos abogados? Proyectan Jurisprudencia (¡Crean el Derecho!), ni más ni menos.
 
Esto, sin embargo, nos hace recordar la dura y ácida crítica contra las iglesias, dentro de la cual se confunde al pueblo de Dios con los ministros del culto religioso. En el tema, “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo” y “El pueblo ejerce su soberanía por medio de los Poderes de la Unión”. Le damos razón a la crítica contra Poder judicial y, sin caer en contradicción, pedimos que no se extienda al pueblo mexicano.
 
En la década de los 70s del siglo pasado y en Veracruz, muchos sintieron el prurito de hacer un posgrado como medio de superación personal, académica o profesional. En los tiempos que corren, los posgrados han dejado de ser un medio y se convirtieron en un fin en sí mismos. El hacer un posgrado se mueve como un péndulo entre dos extremos: o el desprecio (o menosprecio) de los títulos académicos o el hacer la licenciatura, la maestría, otra maestría, el doctorado, el posdoctorado, otro doctorado, etc.
 
Tomamos como referencia de este comentario la legislación de la Universidad Veracruzana. En particular, el Reglamento General de Estudios de Posgrado, 2010. Dicho reglamento, en su artículo 3, dispone lo siguiente:
 
“Los estudios de posgrado son los posteriores a los estudios de licenciatura. La Universidad Veracruzana ofrece los estudios de posgrado siguientes:
 
I. Especialización: su objetivo consiste en consolidar las habilidades profesionales, a través de competencias para solucionar problemas en un área del conocimiento específico;
 
II. Maestría: su objetivo consiste en ampliar los conocimientos, competencias y reflexión, brindando herramientas avanzadas de formación teórica y metodológica orientadas a la investigación, la docencia o las actividades profesionales; y
 
III. Doctorado: su objetivo consiste en el fortalecimiento de la investigación mediante la aplicación y generación del conocimiento en forma original e innovadora.”
 
La ingenuidad de los años mozos llevó a imaginar que el cuestionamiento a los títulos académicos era nuevo, la opinión cambió cuando conocimos un texto de la autoría de Jacinto Pallares, que data de 1901: “Allá en el viejo mundo, donde no han podido desaparecer los detritus de caducas distinciones, un título de doctor es un título de nobleza universitaria que da o puede dar preeminencias, honores, distinciones y hasta emolumentos en las aparatosas exterioridades de la sabiduría convencional, de la sabiduría de orden superior; ...”
 
No se piense, sin embargo, que Pallares fuera un férreo opositor de los grados académicos, aquello que ocurrió fue que, en el campo del derecho, solamente concebía dos grados: la licenciatura y la abogacía. Por lo tanto, rechazaba un proyecto de Doctorado para la Escuela Nacional de Jurisprudencia.
 
Conozcamos su versión: “Yo, lo mismo que cualquier espíritu sensato, no puedo encontrar sino dos únicos fines, dos propósitos y por lo mismo dos programas y dos maneras de estudiar el derecho...o se estudia el derecho como se estudia cualquier arte u oficio, con el objeto de tener un medio honesto de vivir, de ejercer una profesión lucrativa, de poseer un arma en la lucha por la vida económica o un empleo remunerado oficialmente; o se estudia por el amor a la ciencia con el propósito de hacerla progresar y de poner al servicio desinteresado de la patria y de la humanidad, los adelantos y conquistas adquiridos.”
 
Esta visión resumía los estudios jurídicos: “Es decir, y hablando en términos vulgares; puede estudiarse el derecho con el sólo objeto de vivir como postulante, o con el de tener aptitud para funciones públicas que exijan una ciencia más sólida y vasta que la del simple defensor de litigios...Lo primero constituiría la carrera de licenciado; lo segundo la carrera de abogado...”. En el presente, todos son abogados. Ya no existe ese tufillo de desprecio, casi de discriminación, para los patrocinadores de litigios y que se aprecia en Pallares.
 
También se encontró una razón de ser para cada posgrado. En la Especialización: “competencias para solucionar problemas en un área del conocimiento específico”. En la Universidad Veracruzana, hemos conocido efímeras especialidades en el área jurídica. Por ejemplo: Negociación Colectiva, Derecho Fiscal y Derecho Aduanero.
 
La razón de ser de la Maestría: “ampliar los conocimientos, competencias y reflexión, brindando herramientas avanzadas de formación teórica y metodológica orientadas a la investigación, la docencia o las actividades profesionales”. En la Universidad Veracruzana conocimos, por ejemplo, la Maestría en Ciencias Penales, la Maestría en Derecho, y actualmente se oferta, la Maestría en Derechos Humanos y Derecho Constitucional. Todas en el área del derecho o disciplinas afines. La razón de ser del Doctorado: “la aplicación y generación del conocimiento en forma original e innovadora”. En la Universidad Veracruzana conocimos el Doctorado en Derecho Público y actualmente se oferta el Doctorado en Derecho.
 
No se puede dejar de mencionar que las Universidades privadas de Veracruz también han prestado atención a los posgrados, con seriedad. Mencionemos a guisa de ejemplo, la Universidad de Xalapa, la Universidad Anáhuac o la Universidad Cristóbal Colón.
 
Todos los abogados, sobre todo los posgraduados, deben sostener al Poder Judicial, particularmente en el campo de las TIC, y romper los cercos de los otros poderes. Nada de irresponsabilidad. Nada de “Terminé el Doctorado, doy vuelta a la página, y me dedico a otra cosa”. Sobre quienes actúen de tal manera seguirán cayendo las duras palabras de Jacinto Pallares:
 
 “...pero en México, que con todas sus revoluciones políticas, sociales y hasta morales ha borrado todo recuerdo, todo sedimento, toda aspiración a distinciones de artificio legal, en México el aparatoso título de doctor tiene que ser una especie de sainete, algo como la resurrección de la orden de Guadalupe, algo como la exhumación de aquellos doctores a título de sabios en latín y necios en castellano, que alcancé yo a conocer y que exhibían las borlas de su alto grado con los harapos de su miseria, efecto de su inutilidad.”
 
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