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Universidad Anahuac

Seccin: Estado de Veracruz

Libertas

Trascendencia y variedad del pensamiento religioso

Jos Manuel Velasco Toro 27/06/2019

alcalorpolitico.com

La información estadística contenida en el Censo General de Población y Vivienda de 2010 (INEG)I, refleja, para el caso del estado de Veracruz, la variedad religiosa existente en el estado, pues el 98% de la población censada se declaró profesante de una religión. En nuestro entorno cultural se vive, observa, se conoce y comparten variadas formas de expresión religiosa. Como en muchas otras partes de México y el mundo, la expresión religiosa la podemos observar porque ésta trasciende hacia el exterior de las personas y se expresa de múltiples maneras, como son, tanto las expresiones religiosas institucionalizadas sujetas a la doctrina establecida en sus textos sagrados, formas rituales y cánones de trascendencia compartidos, o bien aquellas expresiones de variado sentimiento religioso que poseen un carácter individual o colectivo cuya organización no recae o está al margen de la estructura de las iglesias o agrupaciones religiosas. Así, el abanico de expresión religiosa se abre desde la práctica ritual que celebra cada una de las distintas confesiones religiosas al interior de sus templos o salones del Reino, la actitud de esperanza en el destino expresada en la lectura de cartas, asientos de café o, simplemente, el horóscopo matutino día a día, hasta la tendencia creciente de la Cienciología que incorpora, de manera distorsionada, conceptos proveniente de la física y la biología, como energía cuántica o evolución creativa.
 
Esta variedad de expresiones en el pensamiento religioso humano, la explicó el psicólogo y filósofo William James (1842-1910) en su libro culminante, Las variedades de la experiencia religiosa. En él planteó que la religión debía estudiarse no sólo desde la teología, sino, fundamentalmente, desde el contexto histórico, social, psicológico y cultural en el que emerge y expresa la variada experiencia religiosa, individual y colectiva, así como su derivación emocional que se difunde mediante formas establecidas por la costumbre. Para James, esta propuesta tenía una base biológica pues intuyó que la variada experiencia religiosa estaba anclada en lo emocional, hipótesis que le condujo a idear el posible origen neuronal de la misma. La hipótesis, años después, también fue reflexionada por Erich Fromm en su libro La revolución de la esperanza (1970), pero desde la perspectiva de la trascendencia. Ahora el tema ha tomado nuevos senderos y bríos. Ciencias como la neurobiología, neurociencia, neuro paleontología, genética y mecánica cuántica, exploran la relación neural que alimenta al pensamiento religioso y su variada expresión cultural. El neurocientífico español, Francisco Mora, afirma en su obra, Neuro-cultura (2007), lo siguiente: “toda experiencia religiosa, en su misma base, destaca la actividad de los sistemas neuronales límbicos que imprimen a esa percepción o proceso cognitivo, una etiqueta profunda de emoción, un encendido o exaltación gozosa o si se quiere un sentimiento de «unión con el más allá»”. Estudios paleontológicos, por otra parte, están revelando que la espiritualidad como experiencia de sabiduría y el sentimiento religioso como cualidad de trascendencia, emergieron a lo largo del Paleolítico, periodo de tiempo muy largo en la evolución humana que se extiende desde hace 2.5 millones de años. Este proceso evolutivo quedó codificado en la información genética de los seres humanos. El genetista Dean Hamer, siguiendo esta hipótesis, exploró experimentalmente el posible origen biológico del sentido de espiritualidad y encontró que la actitud espiritual se manifiesta en nuestro cerebro porque está contenida en el conjunto genético, especialmente en la información del gen VMAT2, conclusión que expone en su libro The Good Gene (El Gen de Dios) publicado por Anchor Books en 2004. La intuición de James, desde la cual planteó la relación de nuestra biología con la experiencia religiosa, ha adquirido relevancia desde la óptica de las nuevas ciencias que estudian nuestro cerebro, bajo el supuesto teórico de que la espiritualidad responde a un mecanismo biológico que se expresa de variada forma y es modulada por la experiencia personal y el entorno cultural.
 
Pero como el entorno cultural está interconectado con otros entornos culturales, próximos o lejanos, posee la capacidad social de intercambiar información, de imitar conductas sociales, de establecer parámetros de valores que se entremezclan con lo propio, de idear nuevas formas de expresión social, plantear nuevas interrogantes y buscar otras respuestas, sobre todo hoy más que en el pasado por la creciente comunicabilidad derivada de los medios digitales que difunden propaganda e información religiosa y la movilidad de las personas que emigran con mayor intensidad, las que al entrar en contacto con nuevas creencias y devociones las incorporan a su vida.
 
La mentalidad religiosa es maleable, influenciable, dúctil y capaz de construir compatibilidades entre diversas creencias religiosas que pueden imbricarse y hacerse visibles en la conducta de los creyentes a través de tradiciones festivas que conmemoran un evento religioso; rituales cósmicos sincréticos de concepciones que buscan armonizar la realidad mediante contacto energético con el Cosmos y la Naturaleza; prácticas permeadas por un fuerte pensamiento mágico como lo son las limpias para expulsar el mal o sanar de alguna dolencia que se cree provocada por algo o alguien; conductas protectoras cuando las personas recurren al uso de objetos como colocar un Rosario en el auto, amuletos para evitar el “mal de ojo” o tatuajes de alegorías religiosas que convierten, simbólicamente al cuerpo en un templo. En fin, múltiple y variada expresión del sentido religioso que es constructo humano y emana de la dinámica que entreteje creencia pasadas y presentes, cuya manifestación se objetiva en la conducta ritual de las personas (sea en lo individual, grupal o en grandes colectivos), que se denota con intensidad variable y carácter diferente, según se corresponda con la cultura íntima de quienes profesan una creencia vinculante y la tradición cultual compartida. De ahí que lo religioso no debe verse constreñido a las expresiones Teístas institucionalizadas que son producto histórico cultural, sino abrirse a la valoración del sentido variado de la trascendencia para poder conocer, comprender y valorar los cambios en el sentimiento y expresiones religiosas que brotan aquí y acullá, hoy y mañana, y que están íntimamente entretejidas en el evolucionar biocultural, la dinámica social existente y el ejercicio del poder político que se vale de la creencia como forma de adhesión y el control de actividades económicas.
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