El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene bajo presión el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), aunque el escenario actual no implica una salida inmediata de Washington del acuerdo comercial que sustituyó al TLCAN.
La situación se produce mientras Estados Unidos y Canadá atraviesan una nueva escalada comercial derivada de la imposición de aranceles y de las diferencias sobre el acceso de productos de ambos países a sus respectivos mercados.
Este sábado, la agencia Associated Press reportó que Trump fue cuestionado sobre la posibilidad de retirar a Estados Unidos del acuerdo trilateral. El mandatario ha sostenido una postura particularmente crítica hacia Canadá, al que acusa de mantener prácticas comerciales que perjudican a empresas estadounidenses.
El conflicto ha escalado durante las últimas semanas. Washington impuso nuevos aranceles a mercancías canadienses y Ottawa respondió con medidas similares, mientras permanecen abiertas las posibilidades de retomar las conversaciones.
México, en una posición distinta
Mientras la relación entre Estados Unidos y Canadá se deteriora, Washington y México han optado por mantener abiertas las negociaciones comerciales. Los 2 gobiernos aceleraron sus conversaciones con la intención de alcanzar un entendimiento bilateral antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
Entre los asuntos que se encuentran sobre la mesa están los aranceles, las reglas de origen de productos manufacturados –particularmente en el sector automotriz– y las condiciones para la inversión extranjera, con especial atención a la participación de capital chino en México.
La negociación bilateral no significa que el T-MEC haya dejado de existir. El acuerdo continúa vigente y constituye el marco comercial que regula buena parte del intercambio entre los 3 países. Sin embargo, la revisión de 2026 abrió un nuevo escenario en el que Washington busca obtener modificaciones y mayores compromisos de sus socios comerciales.
Trump busca mayores ventajas para Estados Unidos
La administración estadounidense ha utilizado la revisión del T-MEC para presionar por cambios relacionados con la producción industrial y las cadenas de suministro de América del Norte. Uno de los sectores más sensibles es el automotriz. Trump ha insistido en que la fabricación de vehículos y componentes debe generar mayores beneficios para trabajadores y empresas estadounidenses.
Este sábado, además, el mandatario afirmó que estaría dispuesto a permitir que fabricantes chinos produzcan automóviles en Estados Unidos, siempre que generen empleos para trabajadores estadounidenses. Al mismo tiempo, rechazó la posibilidad de que compañías chinas fabriquen vehículos en México para posteriormente enviarlos al mercado estadounidense.
La postura coloca a México ante uno de los principales desafíos de la actual negociación: mantener su papel dentro de las cadenas productivas de América del Norte sin convertirse en una plataforma para inversiones que Washington considere estratégicamente inconvenientes.
El conflicto con Canadá aumenta la incertidumbre
La relación con Canadá representa actualmente el mayor foco de tensión dentro del esquema trilateral. Las negociaciones entre Washington y Ottawa se rompieron en agosto y posteriormente la administración Trump incrementó las medidas comerciales contra productos canadienses. De acuerdo con AP, Estados Unidos llegó a imponer aranceles de 50 por ciento sobre alrededor de 20 mil millones de dólares en mercancías canadienses, mientras Canadá respondió con medidas similares.
El enfrentamiento representa un problema para la integración económica de América del Norte, debido a que numerosas industrias dependen de cadenas de suministro que cruzan las fronteras de México, Estados Unidos y Canadá. El sector automotriz es uno de los ejemplos más claros de esta integración.
¿Qué significa para México?
Para México, la principal prioridad es conservar las condiciones preferenciales de acceso al mercado estadounidense y reducir la incertidumbre que generan los cambios en la política comercial de Washington. México envía más de 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, por lo que cualquier modificación sustancial en las reglas comerciales puede tener efectos sobre empresas, inversiones, empleos y cadenas de suministro.
El Gobierno mexicano busca aprovechar la negociación para mantener condiciones favorables para sus exportaciones, particularmente en sectores como automotriz, autopartes, electrónica, manufactura y otros bienes integrados a las cadenas productivas estadounidenses. El reto consiste en lograr acuerdos con Washington sin provocar un rompimiento del esquema comercial trilateral.
Un tratado que sigue vigente
El T-MEC entró en vigor el 1° de julio de 2020 y sustituyó al TLCAN. El acuerdo establece mecanismos de revisión que comenzaron en 2026. Por ello, la discusión actual no significa que el tratado haya desaparecido. La incertidumbre está relacionada con las condiciones bajo las cuales continuará funcionando y con los cambios que Estados Unidos pretende obtener de México y Canadá. La misma Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos mantiene al T-MEC como uno de los principales acuerdos comerciales de Washington.
En este contexto, la declaración y postura de Trump deben interpretarse dentro de una estrategia de presión comercial: el T-MEC continúa vigente, pero su revisión se desarrolla en medio de una disputa que podría modificar de manera importante las reglas del comercio norteamericano.
Para México, las próximas semanas serán determinantes, particularmente por el avance de las negociaciones con Washington y por la posibilidad de que las diferencias entre Estados Unidos y Canadá terminen afectando el funcionamiento conjunto del acuerdo.