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Columnas y artículos de opinión

¡Ojalá y Dios te alcance a perdonar…!

Por: Helí Herrera Hernández

03/12/2012

alcalorpolitico.com

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Twitter: HELIHERRERA.es
 
Las palabras retumbaron tanto que la vocera del para ya entonces expresidente de la República Alejandra Sota, buscaba desesperada, entre ese mar de periodistas donde se pronunciaron, quien era el responsable de haberlas gritado, de habérselas espetado a un Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, quien con la banda presidencial aún puesta, se dirigía al podium de la Cámara de Diputados y sorprendido, por más que no quiso voltear, de reojo lo hacía tratando, desesperadamente, de ubicar al responsable.
 
Y es que parafraseando al autor de la frase que se hizo celebre no solo en México sino en muchas naciones: “haiga sido como haiga sido" la sentencia surgió, en efecto, del grupo de periodistas, de reporteros, de columnistas que cubrían el cambio de poderes en el recinto de San Lázaro, que en sesión solemne de Congreso tan solo esperaban al presidente saliente y al entrante y así, cuando Felipe de Jesús alcanzó la zona de curules justo donde estaban apostados ellos, el grito enmudeció a todos los que reporteaban en vivo para la radio y la televisión: "Ojalá y Dios te alcance a perdonar…..asesino de periodistas".
 
Atónitos todos y todas buscaron el rostro de Felipe Calderón, para ese instante ya descompuesto, con la ira colgada en su cara que de reojo buscaba al responsable, pero que alguien del estado mayor presidencial le comento al oído que siguiera caminando mientras su vocera Alejandra escudriñaba, entre las decenas de tunde teclas, al que había osado gritarle al ex presidente Calderón semejante sentencia que, para un hombre católico, apostólico y romano-mexicano debieron haberle roto los tímpanos.
 
¿"Quién fue, quién fue"? alcanzó a gritarles Alejandra pero de los cuestionados ninguno, nadie le dijo a pesar, como lo afirmara minutos más tarde Carlos Loret de Mola en vivo, en el canal de las estrellas, que todos ellos sabían quien había sido.
 
A partir de ese instante, de ese minuto en adelante el rostro de Felipe de Jesús fue otro. La sonrisa muy usual en él se desdibujó. Terminó por atravesar los pasillos que dividen a las curules de los diputados del PAN y del PRI con una cara seria, adusta, molesta, y con ella llego a la tribuna, tratando de no mirar todas las pancartas que decían "monex monex", "presidente de Soriana", "tu no eres nuestro presidente porque compraste la presidencia", pero cuando leyó toda esa manta de más de veinte metros que tenía dibujadas cruces y más cruces, con frases como "tu guerra deja miles de muertos y desaparecidos" ya no pudo más y la mueca se hizo dolor, su mirada se desvió mejor a las curules que ocupaban los diputados y senadores de su partido y nunca más volvió a voltear a la izquierda del Congreso, quizás nostálgico porque ahora ellos sí dejaron tomar posesión a Enrique Peña Nieto, dejándolo entrar por la puerta principal mientras que él lo hizo por donde sacan la basura.
 
Absorto estuvo de todo lo que aconteció con la llegada del presidente Peña Nieto al recinto de San Lázaro. Obnubilado por el grito "ojalá y Dios te alcance a perdonar…….asesino de periodistas", ya no vio los miles de pesos que caían del cielo y volaban por todas las curules en relación a la presidencia comprada. Ya no vio que esos billetes que flotaban como el peso eran dinero falso, como falso fue su mandato. Ya no vio aquella cartulina que rezaba "dichoso tú que te vas a Harvard; jodidos nosotros que nos quedamos con tu alocada guerra". Felipe de Jesús Calderón Hinojosa ya no estaba allí. Quizás su cuerpo pero no su mente que tal vez, en efecto, ya estaba en Boston, Massachusetts, allá en los Estados Unidos.
 
Los estertores de su mandato ya no lo dejaron disfrutar los últimos instantes del poder presidencial. Impávido se quitó la banda presidencial y rompiendo el protocolo legal le dio un beso ante el asombro del que llegaba y del presidente de la Cámara de Diputados Jesús Murillo Karam, que solo alcanzo hacer una mueca y como si la saliva contuviera un virus se la pasó inmediatamente a Enrique Peña para que se la colocara, y ahora sí, constitucionalmente se convirtiera en Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.
 
Ya sin el poder que el Estado te otorga pero conservando los privilegios de un expresidente salió del recinto, sin los reflectores, sin los periodistas que siempre lo seguían, sin la atención de los medios de comunicación que ya gritaban ¡muerto el rey viva el rey!, acompañado solamente de la escolta del estado mayor presidencial que lo resguardará a él y su familia hasta que muera.
 
Hundido en la soledad salió del edificio que lo albergó dos veces como uno más de sus miembros, dubitativo, pensando quién pudo ser aquel comunicador que le gritó "asesino de periodistas" y que puso en duda, dado su catolicismo, el perdón de Dios cuando esté en agonía, porque siendo así ya no entraría al reino de los cielos sino de los avernos.
 
¿O pensaría acaso que, en el mejor de los escenarios, se quedaría en "el limbo", como fueron los seis años de su gobierno?
 
No sé si más adelante llegaremos a saber de qué garganta surgió el grito. No sé si haya sido hombre o mujer. Lo que sí sé es que por el momento todo ese gremio tan agredido en el sexenio por la guerra loca que le declaró a los grupos del narcotráfico guardó silencio, nadie quiso abrir la boca y unánimemente protegieron al que alzo la voz, lleno de valor y de coraje por sus compañeros caídos.
 
Allí mismo en San Lázaro, en otro mes de diciembre pero del año 1991, un panista gritaba desde la tribuna que ya era hora de que en la Cámara de Diputados se acabaran los mitos y se hablara de Dios. Diego Fernández de Ceballos se desgañitaba afirmando "….todavía son suficientemente fuertes los brazos de la cruz, como para colgar mi destino de ellos". Quien más lo aplaudió fue el diputado Felipe de Jesús Calderón Hinojosa en aquella histórica sesión de decenas de horas, cuando ellos y los priístas reformaron el artículo 130 constitucional y le devolvieron los fueros al clero político.
 
21 años después, en otro mes de diciembre, dios volvió aparecer en San Lázaro pero ahora invocado por un periodista y no por los acólitos panistas, concediéndole al menos en ese grito a don Felipe de Jesús Calderón Hinojosa el beneficio de la duda. "Ojalá y Dios te alcance a perdonar……..asesino de periodistas".

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