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Sursum Corda

Abbá José ejemplo de cómo se protege a Dios y a los más necesitados

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 09/03/2021

alcalorpolitico.com

Las propuestas que hace el papa Francisco quieren mover a la Iglesia en torno a temas que tienen el potencial espiritual y son coyunturales para el cumplimiento de nuestra misión, considerando el estado actual de las cosas en la Iglesia y en el mundo.
 
Sólo por recordar algunas de las propuestas que nos han hecho en los últimos años los Sumos Pontífices, se ha dedicado un año en la Iglesia a la fe, la esperanza, la caridad, el sacerdocio, san Pablo, la familia, la juventud, etc. Se trata, como se puede ver, no simplemente de innovaciones sino de verdaderas inspiraciones para recurrir al potencial que tiene la doctrina católica e impulsar cada una de estas realidades neurálgicas en la vivencia de nuestra fe.
 
Desde esta perspectiva nos ha ilusionado la propuesta del papa Francisco de dedicar un año para reflexionar y celebrar al Señor San José, no sólo porque se trata de un santo muy querido que tiene mucha devoción en nuestras comunidades cristianas, sino porque su figura y su misión proyectan muchas luces para asumir la espiritualidad cristiana y para fortalecer a la familia, tan golpeada por las tendencias ideológicas y las políticas de gobierno.
 
En un tiempo en el que se ha sentido el asedio, así como la presión política y cultural contra la familia -donde las corrientes culturales nos alejan de la familia-, San José nos lleva a la familia, al Niño y a su madre; nos lleva al redescubrimiento del don de la paternidad y nos lleva al asombro de los misterios de Dios.
 
Por lo tanto, san José es un ejemplo de cómo se ayuda a Dios y de cómo se le protege, de cómo se colabora con Él en la obra de la redención. Es un ejemplo también de cómo se ama a la familia y de cómo se le protege delante de situaciones adversas.
 
Los datos que nos dan los evangelios y la tradición de la Iglesia han sido suficientes para trazar una historia y rescatar toda una espiritualidad basada en la vida del señor san José. Es suficiente porque nuestro interés no es agotar cada una de las etapas de la vida de este santo sino saber descubrir también otros aspectos de su vida a partir de la familia a la que perteneció, del mundo en el que vivió y de la misión a la que estuvo esencialmente ligado.
 
Sin pretender delimitar toda la importancia de San José a los acontecimientos del nacimiento glorioso de Nuestro Salvador, es como si reconociéramos que con San José podemos vivir en un estado permanente de Navidad. Es decir, no dejando de adorar y contemplar al Niño y no dejando de acogerlo y protegerlo ante los peligros que sigue enfrentando en nuestro tiempo.
 
A partir de San José nuestra tarea es cuidar y aprender del Niño. Un niño requiere mucha ternura, delicadeza, capacidad de asombro. Pero en estos tiempos en los que se impone la cultura de la muerte, el niño también necesita de nuestro carácter, determinación y entrega para defenderlo, así como para seguir admirando en él la maravilla de la vida.
 
Abbá José nos ayuda a recuperar el asombro y la admiración por los designios de Dios sobre el Niño, la paternidad, el matrimonio y la familia. Esto lo podemos señalar de manera general para entender también, desde su justa dimensión, las razones que llevaron al papa Francisco a hacernos una propuesta como ésta, a través de la Carta Apostólica Patris Corde.
 
Durante estos tiempos de pandemia se han dado muchos gestos de apoyo y compasión a los más necesitados. Ha sido un tiempo de mucho sufrimiento, pero también de manifestaciones de cariño y de caridad cristiana, pues ante el dolor de los demás no podemos quedarnos indiferentes.
 
Así como hay ejemplos evidentes y actos concretos de apoyo y compasión, se han venido realizando esfuerzos ocultos de misericordia y protección a los más necesitados en esta pandemia, lo cual nos hace remontarnos al ejemplo de San José que de manera humilde y silenciosa protegió y cuidó al Niño y a su Madre. Así lo expresa el papa Francisco:
 
«Nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes -corrientemente olvidadas- que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos». Todos pueden encontrar en san José -el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta- un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación.
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