El reciente repunte de casos de sarampión en México y en otros países ha reavivado la discusión pública sobre la vacunación en todas las edades. Sin embargo, especialistas de la Universidad Autónoma de México (UNAM) aclaran que no todos los adultos mayores requieren vacunarse, debido a factores epidemiológicos, históricos y biológicos que ofrecen protección natural a una parte de esta población.
De acuerdo con los análisis publicados en la Gaceta de la UNAM y en el documento técnico difundido en febrero de 2026, las personas nacidas antes de 1957 estuvieron expuestas de forma natural al virus del sarampión, cuando la enfermedad era endémica y aún no existía el esquema de vacunación universal. Esa exposición generó inmunidad de por vida, lo que reduce de manera significativa el riesgo de contagio en la edad adulta.
Los especialistas explican que el problema actual del sarampión no se concentra en los adultos mayores, sino en las brechas de vacunación acumuladas en niños, adolescentes y adultos jóvenes. Estas brechas se originaron por distintos factores, entre ellos la interrupción de los programas de inmunización, la desinformación, la baja percepción de riesgo y, más recientemente, el impacto de la pandemia de COVID-19 en los servicios de salud preventiva.
La UNAM advierte que vacunar de manera indiscriminada a personas que ya cuentan con inmunidad natural no aporta un beneficio adicional y puede desviar recursos que deberían destinarse a los grupos verdaderamente vulnerables, como menores que no han completado su esquema de vacunación, personas sin antecedente vacunal comprobable y poblaciones con acceso limitado a servicios de salud.
En el caso de los adultos mayores nacidos después de 1957, la recomendación es revisar su historial de vacunación o confirmar si recibieron al menos una dosis de la vacuna triple viral. Solo en ausencia de ese antecedente, y bajo indicación médica, podría considerarse la aplicación de la vacuna.
Los documentos de la UNAM subrayan que el sarampión es una enfermedad altamente contagiosa, pero prevenible cuando los esquemas de vacunación se mantienen completos y con coberturas superiores al 95 por ciento. Por ello, el llamado principal no es vacunar de manera generalizada a toda la población adulta mayor, sino cerrar las brechas existentes, fortalecer la vigilancia epidemiológica y combatir la desinformación.
Finalmente, la institución señala que las decisiones sobre vacunación deben basarse en evidencia científica y en una evaluación individual, no en el temor generado por brotes focalizados. La estrategia más efectiva para frenar el resurgimiento del sarampión sigue siendo garantizar que quienes sí lo necesitan estén correctamente vacunados.