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Buenas intenciones, malos resultados

Arturo Reyes Gonz?lez 06/01/2011

alcalorpolitico.com

¡Otro gasolinazo! ¡Carajo! ¿Qué será peor, el PAN o el PRI?, fue la primera idea que me vino a la mente. ¿Qué se puede hacer al respecto?, fue mi siguiente pregunta. ¿Nada? Sigo pensándolo.

En el periodo de precampaña del entonces aspirante a la Presidencia de la República, Vicente Fox Quesada, se programó una vista a la ciudad de Xalapa para saludar a la militancia panista.

Mi amigo Omar Miranda Romero, hoy regidor octavo de la comuna xalapeña y posible titular de la comisión de transito municipal (¡suerte!) me habló para invitarme a una comida, a una pequeña reunión para que saludara al pre candidato y constatara lo “diferente” y agradable que era, a pesar de que él sabía muy bien de mi filiación partidista totalmente opuesta, distinta a la suya.

La verdad es que con Omar hemos discutido, a través de los años desde que nos conocemos, en distintos escenarios, lo bueno y lo malo que tanto uno como otro partido ha hecho, y fue en ese contexto que él me invito a ser testigo –novedad en ese entonces– del cambio que se contemplaba con su posible candidato. Si más acepté.

Los encontré en un día soleado en pleno centro de la ciudad, en la puerta del pasaje Enríquez poco después del medio día. Me explicó que realizaban un recorrido por las calles del centro, el entonces precandidato Fox y jóvenes xalapeños panistas, así como algunos simpatizantes en una pequeña caravana a pie.

Ante el ruido que ya se escuchaba de las cornetas de la comparsa partidista que se aproximaba, de inmediato nos adentramos a una mesa del tradicional restaurante “La Sopa” en el pintoresco Callejón del Diamante de la capital.

Me invitó a sentarme, sólo había un joven esperándolos y apartando el lugar, lo que para mi ya marcaba una clara diferencia de un “encuentro” partidista con representantes de la sociedad. “…para que veas que somos abiertos e incluyentes”, me dijo, mi amigo. “… puedes preguntar lo que quieras, lo que quieras y se te ocurra para que lo puedas escuchar y conocer”, agregó.

Finalmente Vicente Fox llegó y entró ante la mirada de los comensales que veían un alboroto pero no sabían a ciencia cierta de quién se trataba y en un par de mesas nos acomodamos cerca de 8 personas él incluido. Nos saludó de manera sencilla y amable, no traía un sequito de gente que le asistiera. Su altura, apariencia de hombre de campo –“ranchero” dirían algunos– y su lenguaje coloquial y hasta mal hablado, de inmediato captaba nuestra atención.

Sin mayor protocolo jaló una canasta que estaba al centro de la mesa y tomando una tortilla de mano le puso sal, salsa verde y la enrolló en taco para llevarla a la boca. ¿No tienen hambre?, preguntó y después comenzó una charla acerca de cómo veíamos a México, a Veracruz, como jóvenes, como estudiantes, como futuros profesionistas; hablaba de cambiar a México, de que iba a ser candidato del PAN y posteriormente Presidente de la República y que entonces sí iba a venir un cambio en la forma de vida de la gente del país, destacaba una y otra vez la necesidad de acabar con la pobreza, con la corrupción, de distribuir la riqueza, lo que lograría una vez que se diera “el cambio”, el cambio que México urgentemente necesitaba.

El resto de la historia todos la conocemos. Se dio el “cambio” o alternancia con el triunfo de Fox y la llegada del PAN a la Presidencia de la República. La noche del 2 de julio del 2000, mientras millones de mexicanos veíamos por televisión el festejo de su éxito, no dejaba de pensar y recordar sus palabras de la necesidad de cambio.

“¡Ni hablar! –pensé–, todo sea por el beneficio del país y de la gente más necesitada. Ojalá ayude a los mexicanos que votaron por él. Ojalá cumpla todo lo que ese día en la comida nos dijo de manera tan segura y convencida”.

Llevamos 10 años de “cambio”, de alternancia a manos de un gobierno emanado de las filas panistas, los últimos han sido desastrosos, no encuentro otra palabra para definirlos. El gasolinazo mensual que se aplica me parece está llenando el vaso del encono social, desconozco totalmente cuál sería una opción y si la hay para que no se diera de esta manera.

Mientras tanto, qué lastimoso sentir que acude uno a cargar combustible y cada mes alcanza para menos, mismo escenario que se repite en el mercado, en la tienda de la esquina, en la carnicería, en la verdulería, en el súper; para la ama de casa, el trabajador, el obrero, el oficinista, el chofer.

El cambio llegó. Sí, el cambio se dio. No resultó ser lo que esperábamos y menos lo que necesitábamos. Lejos, muy lejos quedó la idea de Fox de hacer, menos de sentar siquiera las bases de justicia social. Buenas intenciones malos resultados. Nos queda claro que los buenos deseos no son más que buenas intenciones. Por fortuna –y me consuela–, donde no ha habido cambio es con mi amigo Omar. Ahora somos más amigos, luchando desde partidos diferentes por el mismo objetivo: que de verdad haya cambio, pero para bien.

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