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Censurar o no censurar…esa es la cuestión

Paco Guisa Xalapa, Ver. 20/05/2009

alcalorpolitico.com

Gran debate se ha armado en relación con la utilización de la Internet para generar ataques y contraataques en contra de candidatos, partidos políticos, gobernantes y en general de toda la clase política del país, inmersa en esta inédita campaña electoral federal, donde los medios masivos de comunicación están tan controlados por la autoridad electoral.

La única opción que ha quedado para realizar propaganda abierta, de la buena y de la mala, es precisamente la red de redes, la Internet y sus páginas, donde lo mismo podemos “bajar” videos, realizar comentarios por escrito, revisar encuestas y ser partícipe de ellas, que comunicarnos con los actores políticos, chatear y “cartearnos” con ellos por la vía del e-mail.

El debate se puso “sabroso” en esta etapa electoral, pues como nunca, los representantes de los partidos se rasgan las vestiduras en uno y otro sentido: que si es ilegal utilizar la red para fines electorales, que si es inmoral hacerlo para desacreditar al contrario, que si el IFE tiene o no autoridad jurídica y moral para ordenar que se “bajen” videos de la red, etcétera, etcétera.

A ese respecto, los priístas no podemos equivocarnos y debemos mantenernos congruentes con nuestros principios, nosotros siempre hemos sido tenaces defensores de la libertad de expresión y es invariable nuestro posicionamiento a favor de un sano ejercicio de la comunicación de las ideas, por lo que sólo creemos en la autocensura de los medios para contener expresiones soeces y denigrantes de la dignidad humana y de la política, en una autorregulación basada en su ética profesional y en sus propias convicciones. No debemos soslayar que hay públicos para todo y cada medio busca su clientela entre esos diversos públicos, lo cual es valido, por lo que no podemos estar a favor de conculcar las libertades, en este caso la libertad de expresión, que tanta “sangre, sudor y lágrimas” ha costado a la nación.

Sin embargo, cuando esta libertad se ve rebasada por un libertinaje que ofende, que denigra, no sólo a quien se pretende perjudicar, sino al propio emisor del mensaje, pues al hacerlo desde el anonimato - como normalmente se hace en la red- el mismo emisor se coloca en una posición de cobardía y de inmoralidad; cuando esto sucede, decíamos, no podemos hacer otra cosa que levantar nuestra voz para rechazar y señalar esa actitud como perjudicial y nefasta para la democracia, pero, aunque parezca contradictorio, no debemos sugerir siquiera que se censure.

Dicho de otra manera, podemos rechazar el contenido, pero no el derecho que tiene cualquier ciudadano de expresarse, aún estando equivocado; en este caso es la misma sociedad la que pone a cada quien en su lugar.

Respecto a la circulación de propaganda ofensiva en la red, aunque el IFE ha determinado que debe “bajarse” de la Internet por que en esta etapa electoral contraviene los principios y las reglas del juego, considero que este no es un asunto de legalidad, sino de ética; mi posición personal es que la ley no debe ser un instrumento para amordazar la libertad de expresión, pues finalmente la sociedad está madurando hacia una nueva percepción de la política y tarde o temprano sabrá distinguir entre quien, calumnia y difama, y quién se presenta ante ella con la cara y las manos limpias. Mientras tanto, dejemos que el pueblo, por sí solo alcance la madurez política.
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