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Ciencia, Tecnología y Sociedad

Manuel Mart?nez Morales 08/08/2011

alcalorpolitico.com

En las últimas décadas, como alternativa a la limitada concepción racionalista de la ciencia y la tecnología, y en respuesta a la creciente importancia del fenómeno científico-tecnológico en la sociedad actual, se ha desarrollado una nueva forma de entender las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad. Se trata de los estudios denominados "Ciencia, Tecnología y Sociedad" (CTS), también conocidos como estudios sociales de la ciencia y la tecnología. Este movimiento, que ya ha tenido profundas consecuencias políticas y educativas en Estados Unidos y los países de la Unión Europea, es prácticamente inexistente en México.

En la actualidad, los estudios CTS constituyen una diversidad de programas filosóficos, sociológicos e históricos que, enfatizando la dimensión social de la ciencia y la tecnología, comparten el rechazo de la imagen intelectualista de la ciencia, la crítica de la concepción de la tecnología como ciencia aplicada y neutral, y la condena de la tecnocracia. Desde su surgimiento en los años setenta, los estudios y programas CTS se han desarrollado en varias direcciones: (1) En el campo de la investigación, los estudios CTS se han desarrollado como una alternativa a la reflexión académica tradicional sobre la ciencia y la tecnología, promoviendo una nueva visión no racionalista y socialmente contextualizada de la actividad científico-tecnológica; (2) En el campo de la educación, esta nueva imagen de la ciencia y la tecnología en sociedad ha cristalizado en la aparición en numerosos países de programas interdisciplinarios de enseñanza secundaria y universitaria; y (3) En el campo de la política, los estudios CTS han defendido una activa participación pública en la gestión de la ciencia y la tecnología, promoviendo la creación de diversos mecanismos institucionales que faciliten la apertura de los procesos de toma de decisiones en cuestiones concernientes a las políticas científico-tecnológicas. (M.I. González García, J.A. López Cerezo,J.L. Luján López: Ciencia, Tecnología y Sociedad: Una Introducción al Estudio Social de la Ciencia y la Tecnología, Tecnos; 1996).

Se distinguen dos corrientes o dos tradiciones en el ámbito CTS: la tradición europea y la tradición americana, que se diferencian principalmente por su énfasis en uno de los polos de la relación ciencia y técnica-sociedad. Como se sabe esta relación es bidireccional, por una parte la práctica científico-tecnológica está condicionada socialmente y, por la otra, el quehacer de la ciencia y la tecnología impacta la vida social en casi todos sus ámbitos. Ambas enfatizan la dimensión social de la ciencia y la tecnología.

La tradición europea se origina en los años setenta en la Universidad de Edimburgo, orientándose sobre todo alrededor de un intento por elaborar una sociología del conocimiento científico que no contemple a la ciencia como un tipo privilegiado de conocimiento fuera del alcance del análisis empírico y sociológico. En este sentido se inclina por considerar las condiciones sociales que moldean la elaboración de teorías científicas y la práctica tecnológica. Su interés se centra en describir como participan en la génesis y aceptación de las teorías científicas una diversidad de factores económicos, políticos y culturales.
Posteriormente surgieron en los países de la Unión Europea numerosos grupos y asociaciones que se insertan no solo en la búsqueda de una nueva sociología del conocimiento, sino que se embarcan también en un efectivo activismo político. Uno de sus logros conocidos ha sido forzar al Parlamento Europeo a que se limite en esos países la introducción y consumo de productos transgénicos hasta en tanto no se conozca, con suficiente confiabilidad, el impacto de estos productos en la biodiversidad y en la salud humana.

Por su parte, la tradición americana, cuya institucionalización administrativa y académica ha tenido lugar en Estados Unidos, enfatiza las consecuencias sociales de las innovaciones tecnológicas, su influencia sobre nuestras formas de vida y nuestras instituciones. La tecnología es entendida como producto (sin atender a su proceso de creación) con capacidad para influir sobre las estructuras y dinámicas sociales. La ciencia sólo ha sido objeto de una reflexión como un elemento subordinado al estudio del desarrollo tecnológico. Asentemos aquí que, como respuesta a las protestas de principios de los años setenta contra la guerra en Viet Nam, contra la depredación de la naturaleza y contra la investigación técnico-científica orientada por necesidades militares (aún ahora, aproximadamente el 80% de la inversión en ciencia y tecnología en Estados Unidos se dirige hacia investigaciones directa o indirectamente orientadas hacia fines militares), el Congreso estadunidense fundó, en 1972, la Office for Technology Assesment cuyo objetivo es "proporcionar indicadores tempranos de los beneficios probables e impactos adversos de las aplicaciones de la tecnología".

La tradición americana, incluso la desarrollada en las universidades, tiene un carácter más bien práctico y un importante alcance valorativo, lo que implica una reflexión educativa y ética, así como un especial interés en la democratización de los procesos de toma de decisiones en políticas tecnológicas y ambientales. Destaca el activismo que ha animado, en los ámbitos político y educativo, a numerosos autores de esta tradición. La reflexión teórica de esta corriente remite a menudo al pensamiento de autores como Ortega, Heidegger, Ellul, Habermas, etcétera. La ética, la historia de la tecnología, la teoría de la educación, las ciencias políticas y la filosofía social son las disciplinas que componen básicamente su marco comprensivo.

Cabe señalar que en los últimos años estas dos corrientes tienden a converger.

Una vez delineada a grandes trazos esta panorámica de los estudios sobre CTS, puedo aventurar algunas conclusiones:

- La ciencia y la técnica son unos entre tantos otros instrumentos y medios con que el hombre labra su relación con el universo; y digo labra porque la relación de los hombres con la naturaleza y con los otros hombres no está dada, se va construyendo históricamente, mediada por el ser social. Cada sociedad, en cada momento de su historia, se forja esa relación según su circunstancia. En tal sentido creo que no debe renunciarse al quehacer científico y tecnológico.

- Indudablemente, la ciencia y la tecnología contemporáneas, acicateadas y a la vez maniatadas por capitalismo, han invocado fuerzas de enorme poder destructivo que se nos presentan enajenadamente, es decir que no nos reconocemos en ellas y, por ende, jugamos el papel de aprendiz de brujo. De ahí la extrañeza y la pérdida de sí mismo del hombre cuando se enfrenta con la técnica, como advierte Heidegger. Me sumo a la propuesta que alguna vez hicieron Jaques Ellul e Ivan Illich, la opción del no-poder: no todo lo que sea técnica y científicamente factible es deseable hacer. Renunciemos al poder de hacer todo lo que se puede hacer.

- Si hasta el momento la principal fuerza impulsora del desarrollo de la ciencia y la tecnología ha sido la acumulación de capital, una reorientación del quehacer científico y tecnológico debe vincularse con un proyecto de transformaciones que conduzcan a nuevas formas de organización política y social; por tanto es necesario que las asociaciones de científicos y técnicos, los investigadores y docentes a titulo individual, asuman un papel social protagónico acercándose a organizaciones no gubernamentales, sociedades educativas y partidos políticos para contribuir en la elaboración de propuestas sobre política científica y tecnológica.

- El proyecto de país que la tecnocracia mexicana está implantando desde hace más de treinta años, siguiendo instrucciones del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo y del Fondo Monetario Internacional que son los capataces mundiales del gran capital, está conduciendo a la nación a la bancarrota total: ya desmantelaron la producción agropecuaria e industrial, ya están acabando con la pequeña y mediana empresa, ya quebraron el sistema financiero nacional, ya hundieron en la miseria a 40 millones de mexicanos; no conformes con esto ahora van sobre la educación y lo poco que hay de investigación científica y desarrollo tecnológico. Considero que nos corresponde hacer algo al respecto, al menos llamar la atención de la opinión pública sobre esta peligrosa situación.

- Hay que pugnar por la descentralización de la administración de los recursos que se aplican a la investigación en ciencia y tecnología, así como por la democratización en la planificación y la toma de decisiones relacionadas con el desarrollo científico-tecnológico. En lugar de una sola instancia que dicta y administra, como es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, habrá que proponer la creación a nivel estatal de consejos de ciencia y tecnología, en su sentido exacto, no para administrar y repartir recursos sino como un órgano de consulta en que estén representados no sólo los científicos, sino que en ellos participen representantes de los distintos sectores y ciudadanos de a pie. A través del trabajo de estos consejos podrían definirse y estimularse los vínculos entre ciencia, técnica, desarrollo económico, educación y cultura.

- Un elemento importante en esta dinámica es la conformación de redes y grupos de discusión en CTS, incluso puede pensarse en la posibilidad de establecer programas -en los distintos niveles y las diversas modalidades educativas- en CTS, como un primer paso para la consolidación de estudios formales en esta área y, deseablemente, la orientación de éstos en la dirección del diseño de políticas y estrategias para el desarrollo científico y tecnológico nacional y regional.
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