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Columnas y artículos de opinión

Ya cayó Trump

Por: Luciano Blanco González

08/01/2021

alcalorpolitico.com

Cuando en los muy próximos tiempos se escriba.- ya se están escribiendo.- las crónicas macabras de la pandemia.- el juicio de la historia será implacable en contra de aquellos gobiernos irresponsables que por incapacidad, dolo o mala fe, minimizan y juegan con las vidas de miles y de millones de seres humanos que diariamente mueren y seguirán muriendo aniquilados por las fantasiosas e inconscientes valoraciones que sus líderes difunden momento a momento sobre la gravedad del problema y su torpe capacidad para resolverlo.
 
Decirnos que todo está bien, que la pandemia está controlada, que el sistema de salud no ha sido rebasada, que hay suficientes camas disponibles para los enfermos, cuando ya millones de mexicanos sufren el drama de la falta de atención y de esperanza, porque la austeridad y el ahorro, han devorado nuestros medicamentos, han cerrado las puertas de las clínicas y hospitales generales y de especialidades y los que siguen abiertos están cubiertos de un manto negro que impone temor al contagio y miedo a quien tiene la temeridad de internarse, pues hacerlo muchas veces significa ir a morir en la soledad y en el agobio casi seguro de una muerte dolorosa cuya magnitud es inenarrable.
 
Cada quien es responsable de cuidarse, es una máxima de vida indiscutible y gran parte de la población lo está haciendo con mucha responsabilidad, pero una mayoría que lo entiende empujada por la necesidad o confiada en los desbarres publicitarios del oficialismo que nos transmite el mensaje de que no pasa nada, inclusive que se puede andar sin cubre bocas como lo hace la cúpula gubernamental, que se puede ir de compras o que se puede ir a pasear de manera indolente a donde sea como si no existiera el peligro y fuera momento de disfrutar la vida de manera amplia como lo hace de manera ejemplar y altamente educativa el Subsecretario de Salud, Hugo López Gatell o que se puede dormir a pierna suelta y con la conciencia tranquila como lo debe de hacer el señor Presidente.
 
Lo hemos dicho y lo reiteramos el manejo de esta maldita pandemia fortalecerá, debilitara o desquebrajara regímenes, sistemas y gobiernos políticos que parecían muy fuertes e invencibles, la leyenda Trump, es una de sus primeras víctimas, el citado se atrevió a menospreciar los consejos que le daban los científicos, inclusive de su propio Secretario de salud que recomendaba al mandatario las medidas protectoras para contener la pandemia, pero lleno de soberbia y muy confiado en su resistencia física y en su dominio místico, explotando la cabalística idea de los superhombres norteamericanos, desoyó una y otra vez los reclamos serios y contundentes de sus asesores.
 
En tanto los de enfrente, sus adversarios, mostraron una seria preocupación por la salud de la población gringa imponiendo duras restricciones a la movilidad y a la convivencia humana, haciéndose por ello respetables y dignos del apoyo popular por el enfoque realista y crudo del daño que estaba causando a la población el virus maligno y depredador.
 
Sin embargo Trump, al igual que López Obrador actúan con la seguridad de que están haciendo las cosas bien, ambos actúan con desmedida confianza de que sus actos de gobierno son aplaudidos y apoyados por la mayoría de sus gobernados y que una minoría inconsciente los critica con artificios y banalidades solo por desacreditarlos.
 
Actúan con una confianza absoluta en la suerte y se creen predestinados a cumplir misiones superiores que para realizarlas solo existe el camino que ellos señalan, despreciando cualquier otro que se les sugiera, ambos sueñan con ser líderes mundiales en esferas y por razones diferentes, se creen predestinados y por ello nada ni nadie puede apartarlos de su ruta, escuchar otras voces y ejecutarlas lo interpretan como traicionarse a sí mismos y a sus causas lo que los hace ser excesivamente aferrados.
 
Racista, el primero. Clasista, el segundo. Donald, represor, Andrés Manuel, compasivo. Liberal, uno, populista, el otro, Trump, capitalista radical, López Obrador, antiimperialista, los dos extremistas polarizantes, queridos por unos y odiados por otros y en medio una sociedad civil que tira a conveniencia, pero como mayoría cuando participa decide y decidirá el destino poniendo a cada uno en su lugar, colocándolos en el nicho de la gloria o del oprobio, del triunfo o de la derrota.
 
En ese contexto, Donald ya cayó, su figura se derrumbó estrepitosamente, sus vergonzosas obras como el muro fronterizo, la persecución de migrantes, la discriminación racial y su autoritarismo, sumado a todo su último intento de atraco electoral que culminó con su fallido asalto al capitolio en Washington, lo transfiguran de respetable estadista a despreciable bandolero.
 
Allá ya se escribió una historia, acá se está escribiendo otra, cuyo desenlace se desconoce, grandes sectores de la población se sienten agredidos por un inusual lenguaje que de manera generalizada se les endilga a todas aquellas personas que no comulgan con la forma de pensar y de ser de un sistema que se esfuerza en imponer un cambio que aparentemente carece de fundamentos y que muchos creen que su fuerza radica en el reparto indiscriminado de dinero que se hace de los fondos públicos entre la población y de lo que se presume que sus beneficiarios son la única base electoral que posee el partido en el poder el cual para aprovechar esta derrama se apoya en una estructura paralela que promueve el señor Presidente denominada Servidores de la nación.
 
Esta estructura paralela a la propia que se presume tiene el partido Morena funciona en todo el país con aproximadamente 20,000 operadores políticos pagados por el erario público, capacitados y entrenados para llevar hasta las últimas consecuencias a la gran transformación que pretende el Presidente, es dirigida y coordinada en el Estado por el viejo luchador social, Manuel Huerta, en funciones de Súper Delegado de los programas del Bienestar y por lo mismo responsable del éxito del proyecto, será él, quien se encargue de la gran movilización social en las elecciones del 6 de junio próximo y por lo mismo avizorado este personaje como fuerte ficha en el tablero de la sucesión veracruzana para el 24, podría ser un buen senador si se esmera y no cae en las tentaciones frívolas que sus enemigos le atribuyen abundantemente como una de sus catastróficas debilidades.
 
En las próximas elecciones, en el periodo de selección de candidatos como afirma mi querido maestro de Amatlán Naranjos, Profesor Martin Cruz, "correrá agua de drenaje", se destilarán y se respirarán las peores porquerías políticas en aras de obtener puestos y de conservar el poder, reaparecerán los trapecistas saltando de un columpio a otro, fluirán los peores humores de despecho y desamor de quienes se sientan despreciados y devaluados por sus partidos de quienes sienten que con ellos subsiste una deuda como pago a sus sacrificios, a su lucha y a su lealtad, y aflorarán las más turbias ambiciones disfrazadas con un suave quiebre de sacrificio por servir al pueblo.
 
Pero también emergerán hombres y mujeres honrados, sinceros, con verdadera vocación de servicio que expondrán sus prestigios e imagen pública para participar en la contienda, impulsados por la misma ciudadanía o por su propia conciencia con la intención de dar a la política un signo de limpieza y mostrar que no todo es basura, ni todo son ambiciones de poder o de lucro, que existen razones superiores como el amor a la patria y al terruño para promover el desarrollo y el bienestar de la familia y de las comunidades con orden, con justicia y con democracia.
 
El Señor presidente apoyado en encuestas que hacen sus adversarios o en las propias que elaboran y cucharean sus colaboradores le hacen pensar que todo es color de rosa y que todo marcha bien gracias a su política que nadie le contradice en el interior y cuya percepción le pueden estar dirigiendo a tomar decisiones equivocadas que tardíamente lamentará.
 
Decirnos que en el mundo no existe un profesionista de la magnitud profesional de Gatell, cuando éste ya carece de la suficiente autoridad moral para contener la pandemia y que nos está llevando a una hecatombe en el sector salud, cuando este sistema está derrumbado, nos muestran un Presidente desinformado sin sensibilidad para sentir lo que realmente pasa.
 
Creer en la cifra oficial de un millón y medio aproximado de contagiados y 130,000 muertos por Covid-19, es ignorar que una cifra similar de mexicanos no asiste a las clínicas por las razones arriba anotadas y estos convalecen la enfermedad bajo el cuidado de médicos particulares que pagan con sus propios recursos y que los más de 100,000 muertos que rebasan el promedio histórico anual de defunciones son producto de la desatención y de la nula capacidad de respuesta del sector oficial.
 
Pero cuidado, no son los muertos los que protestarán en las urnas, quienes sí lo harán, serán los amigos y familiares de ellos que por más que tocaron puertas y solicitaron ayuda y hasta compasión no fueron oídos ni atendidos.
 
No se percibe el mismo buen ambiente que tenía Morena en el 18, el cambio no lo apoyaron los campesinos, ni los obreros a quienes les da igual quien gobierne, fue la sociedad civil que confiada esperaba un cambio verdadero, ellos fueron quienes comparecieron a las urnas, pero ahora ellos mismos son quienes desean otro cambio al precio que sea y ellos son los que estarán en primera fila para intentar un reencauce en el camino del país.
 
El Presidente López Obrador es un líder admirable que sabrá exigir a su partido limpieza y congruencia para que no suceda lo que le pasó a Donald Trump y que entiendan que son tiempos de trabajo y de sacrificio sin límite, en el que a cada uno de sus cuadros políticos le corresponde cargar sobre sus hombros los fardos de la responsabilidad y del compromiso en la tarea titánica de impulsar la transformación sin simulaciones y sin violar los 3 grandes principios que enarbola el líder en todos sus actos: no mentir, no robar y no traicionar. Por el bien de la causa.

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