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Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

Las palabras de la Ley

El día de los muertos en México [II]

Salvador Martnez y Martnez 19/10/2022

alcalorpolitico.com

En esta ocasión, continuamos con el tema del “día de muertos en México” con los trazos de una polémica en materia de derechos humanos. Hoy, no obstante, recordamos el pensamiento de Gabriel Marcel, ya divulgado por nosotros alguna vez y que es referido a los muertos: “No es posible que hayas desaparecido simplemente como una nube que pasa y se desvanece; admitir tal cosa, sería una traición.” (Portal alcalorpolitico.com 31/10/2018).

La disposición legal que se trata es la siguiente: “Para efectos de este título, la pérdida de la vida ocurre cuando se presentan la muerte encefálica o el paro cardiaco irreversible.” (Ley General de Salud, en su artículo 343, primer párrafo).

Iniciamos con un suceso de la vida cotidiana. Caminábamos por las calles de Coatepec, Veracruz (México) cuando encontramos a una compañera de la escuela secundaria. Después del convencionalismo de los saludos. Ella preguntó: “¿Qué haces?” A bote pronto, recibió la respuesta: “Aquí, sobreviviendo a la pandemia”. La compañera se puso muy seria y replicó: “No. Sobreviviendo no, estamos viviendo”.



¡Cuánta razón hubo en su réplica! Y, sobre todo, de cara a la cuestión ¿Cuántas personas tuvieron que morir para que nosotros estemos viviendo? Es decir, no es posible que las víctimas de la pandemia Covid-19 hayan desaparecido simplemente como una nube que pasa y se desvanece. Si se admite tal cosa, el próximo 2 de noviembre, no sabemos en qué medida, perderá su tono festivo.

Ciertamente, resulta difícil concluir si la pandemia Covid-19 puede definirse como una catástrofe o como una calamidad. Aquí se entiende por calamidad aquella desgracia, desastre o miseria que resulta de acciones humanas intencionales. Se reserva la palabra <> para designar la desgracia, el desastre o la miseria provocados por causas naturales que escapan al control humano (Garzón Valdez).

En este contexto, se pueden distinguir las siguientes calamidades: las intervenciones humanitarias armadas, la pretendida relevancia moral de la diversidad cultural, el terrorismo de estado, el terrorismo no institucional, la corrupción y siempre la guerra.



Dentro de la catástrofe que dio como resultado los millones de personas que han muerto en el mundo a causa de la pandemia Covid-19, no faltan quienes sospechan que también hay acciones humanas intencionales y aluden al acto terrorista o terrorífico más grande que podamos imaginar: el deterioro (¿La destrucción?) del planeta Tierra.

En términos jurídicos, existen quienes actúan como propietarios del planeta, entendiendo la propiedad con un significado muy antiguo (usar, gozar y abusar de las cosas); olvidando por completo que tratándose del planeta somos meros usufructuarios. Por ejemplo, los “poderes salvajes económicos” (Luigi Ferrajoli) que recorren impunes las vías de este planeta.

¿A quiénes, entonces, debemos conmemorar el próximo 2 de noviembre? A los de la familia que se fueron, por supuesto; pero, dentro de nuestra familia, en el acto viene a la memoria el nombre del sacerdote Gilberto Suárez Rebolledo, quien fue víctima de la pandemia y en Xalapa, muchos recibieron los frutos de su fe, de su elocuencia y de su acción.



Ante un dato concreto, habrá en qué pensar, entonces, en las palabras de un hombre sabio: se considera que andamos por el mundo con muchos que creen que tenemos el derecho y la oportunidad de hacer simplemente todo lo que queramos y no tener que hacer cosa alguna que no deseemos llevar a cabo.

Dicha creencia, y tal impulso, parece constituir el trasfondo de un caudal de declaraciones, convenciones y tratados internacionales en materia de derechos humanos. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pasando por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos y sociales, la Convención Americana de Derechos Humanos, la Convención Internacional de los Derechos de la Mujer y la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Y, ...un largo etcétera.

Ante el raudal de catálogos de derechos que, sin duda, guardan un valor, sea éste la libertad, la igualdad o la fraternidad; de cara a esas inmensas listas racionalistas de derechos humanos, la tarea contemporánea consiste en cernir, discernir, a la luz del entendimiento, cuáles son derechos humanos verdaderos, ya que hoy muchos pretenden erigir sus propósitos y deseos en derechos fundamentales del ser humano. Con ese discernimiento, podremos arribar a la síntesis de todas las síntesis: “Haz lo justo y evita lo injusto”.



Aquello sobre lo que deseamos abundar no se puede resumir, en una palabra, pero es útil un texto de Mauricio Beuchot Puente para describirlo:

“Algunos iuspositivistas alegan que esos derechos humanos, como derechos naturales o derechos morales, no pasan de ser buenos propósitos o buenos deseos, ya que no tienen una instancia coercitiva que los haga valer. En ese sentido no podrían llamarse derechos, por naturales que se los quiera ver. Sólo es derecho el que se hace cumplir, y esto sólo sucede cuando es positivizado.”

En contra de esa postura de los iuspositivistas, el propio Beuchot argumenta que, sí hay una instancia que los hace cumplir, sólo que no por la fuerza de la violencia, sino por medio de la persuasión, que es la que los pone en la conciencia. Y, el autor nos recuerda a Eduardo García Maynez y su aserto: "Para que un derecho sea válido, debe tener una razón suficiente de su validez"



Con este argumento, queda abierto de par en par el zaguán de nuestro discurrir, pues el último libro de Antonio Beristain Ipiña lleva por título La dignidad de las macrovíctimas transforma la justicia y la convivencia (In tenebris, Lux) [Luz en las tinieblas].

Este autor escribe a lo largo de su libro, sin ignorar a las víctimas indirectas, sobre las víctimas directas del terrorismo. Podemos decir que, ante su mirada, las macrovíctimas de la pandemia tienen una dignidad. Su muerte no ha sido en vano.

En el campo de las abogadas y los abogados, el libro alimenta una idea central cuando afirma que, los Derechos Humanos deben apreciarse y cultivarse más; pero esto no basta. Deben evolucionar cualitativamente y transformarse en derechos victimales. Deben reconocer que los grupos vulnerables esperan y desean mucho de los Derechos Humanos.



“Es decir, unos derechos que giren alrededor de los vulnerables…unos derechos que proclamen estos grupos como protagonistas de una convivencia nueva, más justa…y solidaria; unos derechos victimales que les consideren como ‘La medida de todas las cosas’. Piden formular un nuevo y revolucionario aforismo: in dubio pro reo, ante la duda, optemos en favor de los socialmente marginados”.

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