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El reformismo de AMLO

Jorge Salazar Garca 11/03/2019

alcalorpolitico.com

Retomando lo dicho en el artículo anterior sobre la clasificación de los gobiernos en revolucionario, conservador y reformista, habiéndose considerado solamente la profundidad y la orientación de los cambios realizados, emular la 4ª Transformación con una Revolución es, sin duda, un exceso. Sin embargo, la conquista de los poderes ejecutivo y legislativo, por parte de MORENA, no deja de ser un avance.
 
El domingo 10 de marzo, la nueva administración cumplió 100 días de gestión, viviendo una aparente luna de miel con los grandes empresarios, hasta el momento. Los señores del capital están contentos, sus intereses están a salvo. Lamentablemente, de continuar esa cohabitación con los enemigos de la justicia social, la promesa de separa el poder económico del político NO se cumplirá. Sus guardianes (“se nos quedaron…. de la administración pasada y no hacen caso” dijo AMLO en Colima, marzo 5) están en el gabinete para impedir que la orientación “hacia los pobres” afecte sus carteras. Los vemos en el Poder Judicial pero también ambulan por el congreso y demás áreas de gobierno. Por ahora, transcurrido el 4.6% del sexenio, las reformas neoliberales para hacer negocios permanecen INTACTAS. El nuevo régimen sigue una ruta REFORMISTA, orientada a DISMINUIR la codicia y la corrupción, sin agitar el avispero.
 
Siendo optimista, pareciera que López Obrador está aplicando la estrategia “dos pasos adelante y uno atrás” (parafraseando el irónico titulo del libro de Lenin[1]) o aquella atribuida a Napoleón “va despacio porque lleva prisa”, cuidando mantener la estabilidad macroeconómica. Si bien es alta la aceptación (75%) hacia el Presidente, no basta para construir una república amorosa. Ese apoyo debe traducirse en acciones concretas y organizadas para vencer a la “mafia del poder”. El nuevo dirigente del CCE (Carlo Salazar) afirmó frente a AMLO: “el estadista debe lograr equilibrio en economía y sociedad para que las demandas sociales no desborden las posibilidades de la economía…” ¿Es una orden o sugerencia? ¿No debiera decir “…para que las demandas (abusos) empresariales no eliminen las posibilidades de justicia social?
 
Es loable gobernar buscando la reconciliación, pero mientras no se castigue a los responsables de haber convertido a México en panteón y paraíso de ladrones aquella no llegará. AMLO se coloca sólo en la raya central de una autopista, intentando lo respeten los cafres de los dos lados (salientes y entrantes). No obstante, si no es arrollado antes, la presión más fuerte le obligará a elegir, tarde o temprano, un carril y abandonar el otro. Si beneficia al dinero, la grosera concentración de la riqueza profundizará la injusticia y el enojo; si opta lo opuesto pasándose al carril izquierdo, los capitalistas se le irán al cuello inmisericordemente, tal como lo hicieron con Salvador Allende. ¿Y su partido? Diluyéndose en la disputa.
 
De cualquier modo, nadie debe sentarse a esperar a que un solitario caudillo traiga la JUSTICIA. Conseguirla corresponde a un pueblo organizado y consciente de su poder. “Las libertades (derechos) no se imploran, se conquistan” dijo AMLO en uno de sus últimas visitas a los estados.  
Mientras el nuevo régimen no ponga punto final a la impunidad para saquear, abusar y robar, ni siquiera aquel 6% de crecimiento histórico de los priistas logrará. La petición de “unirnos todos, sin odios ni rencores”, en el mejor de los casos, servirá para ganar tiempo. Entre la codicia irreductible de unos y el deseo de sobrevivencia de otros no hay conciliación posible. Además, no es cuestión de odios, sino de JUSTICIA. Podría empezar, por ejemplo, evitando la gigantesca evasión fiscal de los ricos, cuyo monto rebaso los 510 mil millones en 2018. Esa cantidad puede destinarse a cubrir los 1147 Millones diarios que se pagan por la deuda (10.5 billones) contraída para beneficiar a quienes NO pagan impuestos. ¡A esa evasión debe ponérsele un alto! aunque la chachalaca grazne, el beodo manotee y  el chupacabras conspire. Continuará


[1] Lenin, Ilich, Vladimir: “Un paso adelante y dos atrás” (1904)
 
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