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La revalorización social de la función del docente del siglo XXI

Juan Delfino Molina Santiesteban 03/10/2013

alcalorpolitico.com

(Primera de dos partes)
 
Para hablar de la Revalorización Social de la Función del Docente del Siglo XXI, se hace necesario remontarnos al pasado, en el que la figura del maestro era considerada una autoridad no tan solo en el plantel educativo, sino de la comunidad en donde se encontraba la escuela.
 
El profesor además de ejercer con mística y vocación su desempeño profesional, realizaba infinidad de actividades en beneficio no tan sólo de la escuela sino de la comunidad en general. Los trabajadores de la educación en su mayoría se convirtieron en el paradigma a seguir por parte de sus alumnos, porque veían en su maestro al promotor del desarrollo comunitario, porque gracias a su intervención se gestionó la introducción del agua potable, drenaje, energía eléctrica, desayunos escolares, apertura de caminos, pavimentación de éstos, construcción de aulas, producción de las parcelas, etcétera.
 
El contexto social sin lugar a dudas era distinto y diferente al que se vive en la actualidad, eran pocos los hogares que contaban por ejemplo con televisor, el padre de familia era quien salía a trabajar cotidianamente para traer el sustento, mientras que la mamá permanecía la mayor parte del tiempo en la casa destinando buena parte de éste en la educación de sus hijos. Los padres de familia se acercaban a la escuela entregando a su hijo al maestro para que éste continuara con su formación educativa otorgándole la autoridad suficiente para que en el caso de haber una mala conducta o comportamiento inadecuado fuera corregido. Hay de aquel pequeño que llegara a su casa y se quejara de que le había llamado la atención el maestro porque en ese momento los padres de familia establecían la corrección necesaria.
 
Sin embargo, en la actualidad ante un nuevo escenario social, en el que las cosas cambiaron radicalmente, observamos cambios rápidos y precipitados en los que por razones de equidad de género y la necesidad de satisfacer necesidades económicas, se propició que la principal célula social como es la familia se transformara provocando con ello que papá y mamá tengan la necesidad de salir a trabajar dejando solos a sus hijos teniendo como distractor la televisión y la calle.
 
La televisión en nuestro país es una caja de resonancia que se encuentra en la mayoría de los hogares, convirtiéndose en un extraordinario medio de penetración e influencia social. La programación que se transmite no es para nada lo deseable para contribuir positivamente a la formación del individuo en un ciudadano crítico y propositivo, por el contrario nos encontramos con programas enajenantes que exhiben violencia, mentira, deslealtad, traición y sexo en cualquier horario convirtiéndose la televisión en una promoción continua de antivalores.
 
Por si esto fuera poco, algunos periodistas aprovechando todos los medios de información a su alcance, se han dedicado a desprestigiar la imagen del maestro responsabilizándolo de los malos resultados obtenidos en el sistema educativo nacional de acuerdo a los resultados de la pruebas ENLACE y PISA recomendadas por organismos internacionales sin tomar en cuenta la idiosincrasia, multiculturalidad y diversidad social, territorial y económica.
 
Los señalamientos realizados por los distintos medios de comunicación han influido en un amplio sector de la población, de tal manera que se ha llegado a cuestionar la autoridad del maestro en la escuela.
 
En pleno siglo XXI, se hace necesario una revalorización social a la función docente, reconociendo su desempeño, la vocación y la mística de trabajo porque el maestro continúa siendo un pilar extraordinario del hecho educativo que le ha dado sustento y fortaleza a las instituciones, porque gracias a la labor del maestro se fomenta el amor al país y nuestros símbolos patrios, contribuyendo con ello a forjar nuestra identidad nacional.
 
Se le exige al maestro en los tiempos actuales el mejoramiento de la calidad educativa, cuando históricamente se ha cumplido con lo señalado en el modelo educativo existente a través del desglose y aplicación de los planes y programas. En los cuales por cierto no interviene el maestro.
 
No se puede impulsar la calidad educativa responsabilizando al maestro, cuando hay distintos actores que intervienen en el proceso enseñanza-aprendizaje y no han cumplido con la responsabilidad que les corresponde. La pobreza existente en el país provoca que asistan alumnos a los planteles sin lo mínimo necesario, con hambre, desnutridos y con una innumerable tarea de actividades a realizar. A los trabajadores de la educación en lo general hay que estimularlos, reconociendo su desempeño profesional, porque gracias a un maestro tenemos la oportunidad de haber adquirido las herramientas elementales para superar con éxito los desafíos que nos impone la vida moderna.
 
Hoy más que nunca se requiere brindar el total apoyo y respaldo a los maestros, reconociendo en los hechos su labor con estímulos que le permitan vivir digna y decorosamente. Las potencias educativas en el mundo alcanzaron sus objetivos apoyando, fortaleciendo y estimulando al maestro, reconociendo que la única y eficaz llave para la transformación de los pueblos es la educación.
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