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La vida espiritual para plantar cara a la sociedad

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 17/02/2020

alcalorpolitico.com

Se llega a vivir la vida cristiana no como algo habitual sino como algo realmente excepcional. Dentro de las comunidades cristianas, hay hermanos que llegan a tomar conciencia de la altísima dignidad de ser llamados a la fe; han tenido una experiencia de encuentro con el Señor y por eso sienten la necesidad de estar más tiempo con Él, de girar en torno a Él, de construir su vida en torno a la fe.
 
El alma enamorada de Dios siempre quiere más y más, por lo que la oración se va convirtiendo no en una práctica sino en un estilo de vida. La oración se experimenta, por lo tanto, no como un recurso ocasional ni como un momento que quede al margen de la principal orientación de la vida; la oración es la vida misma de aquel que quiere vivir en constante comunicación con Dios.
 
Nos falta dar este paso para que la fe no se nos haga algo simplemente habitual sino que llegue a saborearse y experimentarse desde este carácter excepcional. Asimismo, no hemos llegado a probar las bondades y el poder de la oración ya que no la hemos incorporado esencialmente a nuestra vida, sino que la hemos relegado para algunos momentos, sobre todo cuando hay problemas y emergencias.
 
La oración es esencial para la vida de un cristiano y además es el espacio que nos confirma en la fortaleza y en la fidelidad, en un mundo donde se puede diluir y relativizar la identidad cristiana. Al respecto, habría que considerar la vida de los padres del desierto y de todos aquellos cristianos que se fueron al desierto y a la montaña, a finales del siglo III, para consagrarse a una vida de oración.
 
Tomaron una decisión radical como ésta porque reconocieron que la vida verdadera se encuentra en el diálogo profundo con Dios, viviendo volcados en su presencia. Sin embargo, su decisión también estuvo relacionada con el panorama que contemplaban en la sociedad en la que vivían. Reconocieron que de acuerdo a la organización y el rumbo de la sociedad era muy difícil consolidarse en esta identidad cristiana por lo que a través de su decisión de irse al desierto y a la montaña, plantaron cara a la sociedad.
 
Su decisión provocó que otros tomaran conciencia del rumbo de la sociedad y de la necesidad de cuidar con atención la vida espiritual. Citamos esta historia no para huir de nuestras ciudades y refugiarse en la montaña sino para plantar cara a una sociedad que nos acostumbra al materialismo y a las comodidades, proponiendo un estilo de vida basado en la oración, en el cuidado de la vida espiritual, en la humildad y en el silencio.
 
Un cristiano que cuida su vida espiritual sabe sustraerse de esta vorágine y de este mundo que termina por estresarnos y vaciarnos de espiritualidad. Al cuidar la propia vida espiritual con acciones radicales también se logra cuestionar la vida de los demás cuando está basada de manera enfermiza en el materialismo, el ruido, las comodidades y el consumismo.
 
Resulta verdaderamente fecunda la tradición espiritual de los padres del desierto como se puede ver en estos apotegmas. Dijo abba Zenón: “El que quiere que Dios escuche velozmente su oración, cuando se levante y extienda sus manos hacia Dios, ante todo y antes de hacerlo por su propia alma, ore de corazón por sus enemigos. Por esta acción, todo lo que pidiere a Dios será escuchado”.
 
El abad Evagrio refiere este dicho de los padres del desierto: «Anunciaron a un monje la muerte de su padre, y el monje dijo al mensajero: "Deja de blasfemar; mi padre es inmortal"».
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