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Mutatis mutandis

Lo pendiente: cambiar para mejorar

Rafael Arias Hern?ndez 04/12/2013

alcalorpolitico.com

Viejas lecciones no aprendidas. Enseñanzas olvidadas o no asimiladas.

El buen gobierno no se reduce a legalidad y legitimidad; ni se simplifica  a los importantes aspectos de representación, participación, institución y derecho.
 
En la gobernanza, en el reforzamiento del Estado de Derecho y el desarrollo de las instituciones, no en el uso y abuso del  voluntarismo y la discrecionalidad,  es vital fortalecer y ampliar la capacidad de respuesta y de previsión del gobierno y sus dependencias. Y, particularmente, es imprescindible asegurar una buena administración gubernamental,  en todos los ámbitos y niveles.
 
En principio, no hay que ceder ni conceder. Indispensable combatir siempre, ineficiencia y corrupción, complicidad y delincuencia. Simple y sencillo: a partir del uso transparente, eficiente y honesto de patrimonio y recursos públicos, así como del estricto seguimiento y control de obligaciones y compromisos institucionales presentes y futuros, como la deuda.
 
¿Reformar para  rematar y endeudar?
 
Reclamados y largamente esperados, algunos cambios, en alguna forma, dicen están  pretendidamente incluidos, en amplias o reducidas reformas que sin duda afectaran el funcionamiento de los gobiernos. ¿Cambiar para mejorar o para simular? ¿Qué se pretende con algunas, como la reforma energética?
En tiempos de obligada participación individual y social, no hay que perder de vista la administración de recursos y el uso de atribuciones institucionales que deben caracterizar al buen gobierno; y, desde luego, en especial el manejo, preservación y ampliación del patrimonio público, así como el control y buen uso del endeudamiento gubernamental. Con arca abierta y manos libres…adiós PEMEX.

No es la primera ocasión en la Historia, en la que Patrimonio y Deuda, fácilmente son  convertidos en pérdida y tributación, en saqueo y sometimiento.

Eterno viaje de ida y vuelta,  de entrada y salida, de ascensos y cambios de mediocridad e ineficiencia convertidos en hampa gubernamental.
 
Descarados atracos y saqueos. A base de vender o conceder lo que es patrimonio público; y de obligar a todos, presentes y futuras generaciones, a contraer obligaciones financieras y deudas injustificadas. Venta o remate de bienes y derechos sociales; y deuda pública de múltiples formas, son otras de las fuentes de enriquecimiento de ineficientes y criminales en el gobierno.

Mientras tanto, crecen inconformidad y protesta,  resistencia y desobediencia civil. Inocultables, pobreza y hambre se expanden, jóvenes sin empleo que, si sobreviven, serán viejos sin pensión. Retrocesos sociales ocasionados y alentados por ineptos y criminales gubernamentales reciclandose.
 
Principios y valores ausentes; frente a delitos, atracos y saqueos a la alza.

De, ¡arriba las manos!,  irresponsablemente pasamos a, ¡nos endeudamos!

No satisfechos con hundirnos y perdernos, rematamos presente y futuro de jóvenes y niños de hoy y, sobre todo, de aquellos que aún no nacen.

Hora de recordar y no olvidar que el poder público es un medio, no un fin; es de todos y cada uno y, sobretodo, de ninguno en especial.
 
Insistir en gobernar al gobierno.
 
Poder público al servicio de la sociedad y del  ser humano, no al revés.

Razón ciudadana y social prioritaria, no utilitaria, lucrativa  y comercial.

Es tiempo de cambiar, de erradicar negligencia, ineficiencia  y delincuencia. Hora de gobernar al gobierno. Ineludible participar en los procesos de reforma.

Urge fortalecer y aprovechar el sistema de representación y de participación ciudadana y social permanente, como una vía para fortalecer convivencia civilizada, solución pacífica de problemas y conflictos; pero también para seguimiento, control y evaluación de todo servidor público. Verdadera rendición de cuentas, no repetición de cuentos. Cambiar es el reto. ¿Podemos hacerlo?

Intensificar diálogo y concertación entre integrantes de la sociedad. En la pluralidad ejercer derechos y libertades responsablemente. Externar coincidencias y divergencias para llegar a acuerdos o desacuerdos. Procesar, juzgar y castigar.

O para variar se pretende cambiar para que todo siga igual o peor.
 
Bien se saben y se viven, los efectos de las leyes sin aplicar, convertidas en letra muerta o, a lo sumo, en buenos deseos y recursos retóricos.

Cambio aparente, simulado o por encimita, que en lugar de impulsar y  transformar,  debilita, desalienta, ofende  o irrita. Engaño y simulación, que sirve para favorecer y enriquecer a unos cuantos, a sus familiares, amigos y asociados.

Historia interminable. Riesgo presente de entregar, rematar, concesionar, lo que es público, lo que pertenece a todos los presentes y  a los que vendrán.
 
Lo que desde siempre  hace falta, es gobierno que sirva y no que se sirva; gobierno aceptado como servidor y no como depredador público.

En este sentido, es preciso decir y aceptar que todavía no tenemos lo que queremos y que no estamos conformes con lo alcanzado.

Hay demasiadas necesidades sociales e individuales que atender y no pocos aspectos del sistema de gobierno que mejorar. Millones de mexicanos continúan atrapados en el empobrecimiento extremo, en la angustia del desempleo,  en la falta de ingresos para enfrentar el hambre  y también víctimas de la delincuencia.
 
Millones y millones no ven ni comprueban, en su diario acontecer, que las cosas mejoren; desgraciadamente, para sobrellevar su existencia, lo que más reciben son los beneficios retóricos, fantásticos o virtuales, anunciados y presumidos en discursos, declaraciones, anuncios o boletines.   

Para que los cambios formales se traduzcan en avance democrático consolidado es  imprescindible que todo proceso de diálogo, negociación y construcción institucional se convierta en ley y trascienda a la esfera de la conducta diaria y de las expectativas.
 
Pero sobre todo, no debemos perder de vista lo que la experiencia nos ha enseñado, el cambio formal en la ley no garantiza, por sí mismo, un cambio en el comportamiento cotidiano de ciudadanos, grupos, partidos y gobiernos. Es decir, en una nueva cultura política que refleje, en los hechos, el esfuerzo permanente de todos. Cultura que, sin duda, empieza por erradicar y combatir negligencia, ineficiencia, corrupción, complicidad, delincuencia e impunidad en todos los ámbitos y niveles de gobierno.
 
Vecinos de crimen y castigo.
 
No sólo Tabasco vive una singular experiencia. Autoridades fiscales de Estados Unidos formularon cargos contra  ex gobernador de Tamaulipas y colaboradores o socios,  por delitos como lavado de dinero,  uso indebido de fondos públicos y fraude bancario. Acontecimientos cada vez más y más  cerca…
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