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Sección: Vía Correo Electrónico

No seguimos por heroísmo, sino porque el amor no sabe rendirse: madres buscadoras

“Hoy seguimos igual, recibiendo escarnio y burla de los funcionarios”: Rosario Ibarra de Piedra

Jorge Salazar García 16/05/2026

alcalorpolitico.com

Con una velada realizada el 9 de mayo frente al monumento a las madres y marchando por las calles de Xalapa al día siguiente, los familiares de los desparecidos en Veracruz volvieron a demandar en este simbólico día que el Estado cumpla con su deber constitucional de garantizar seguridad y justicia. En esos eventos las madres leyeron una Carta Abierta dirigida al gobierno y ciudadanos. De ella rescatamos algunas partes relativas a su apesadumbrado andar y a la insensibilidad del Estado.

¿Quiénes somos?

Somos las madres, las mujeres. Somos las hermanas. Somos las amigas, las hijas, los padre, los abuelos. Somos quienes caminamos donde nadie quiere mirar. (Somos) quienes excavamos con las manos, con las uñas, con el alma. Quienes hemos convertido el dolor en búsqueda y la búsqueda en memoria. No somos forenses. No somos funcionarias. Somos los familiares de los más de 135 mil desparecidos que este País ha decidido olvidar.



Lo que hemos visto

Estas dignas mujeres relatan en esa carta que han encontrado fosas clandestinas en panteones municipales de Xalapa, Coatepec, Naolinco y puerto de Veracruz. Deducen, que eso, al ser lugares administrados por la autoridad “significa que la frontera entre el crimen organizado y el Estado se ha disuelto”. Informan que tan sólo en el panteón de Palo Verde hay 260 cuerpos sin identificar, y que de enero a marzo de este año han desparecido 112 personas en Veracruz. Por esta razón concluyen que alguien en este momento, “está imprimiendo una ficha de búsqueda, pegando un cartel en un poste o aprendiendo a usar la pala”.

Silencios solemnes



Antes de continuar permítame citar a doña Rosario Ibarra de Piedra, madre de Jesús Piedra Ibarra, secuestrado en Monterrey (19/04/1975) por agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que dependía de la Secretaría de Gobernación donde Manuel Bartlett era director. Doña Rosario, pionera en la defensa de los derechos humanos fundó el Comité Eureka (¡Lo encontré!) para buscar a su hijo y demás desaparecidos durante la guerra sucia. Fue 4 veces postulada al premio Nobel de la Paz y la primera mujer candidata a la Presidencia de México.

En las buscadoras de hoy se ve el mismo rostro de dolor, desolación, indignación y de esperanza que doña Rosario llevaba en todos sus recorridos a lo largo y ancho del territorio nacional. Tuve el honor de conocerla en Guadalupe Tepeyac, Chiapas, durante la Convención Nacional Democrática organizada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en octubre de 1994. La vi silenciosa y solemne mientras recibía del subcomandante Marcos la bandera del EZLN en resguardo, dado que los zapatistas que se asumían sus hijos adoptivos, habían roto el diálogo (8 de agosto) ante las permanentes provocaciones del Gobierno. El Estado narco de aquel entonces acusaba a los zapatistas de estar “metidos en el narcotráfico”.

El segundo silencio significativo de Doña Rosario, lo percibí en 2019 cuando el Senado le otorgó la Medalla “Belisario Domínguez”. No fue a recibirla, tal vez porque AMLO había incluído en su gabinete a Manuel Bartlett quién siempre supo el paradero de Jesús Ibarra. Prefirió enviar una carta con su hija, Rosario Piedra Ibarra (también defensora, pero de funcionarios), actual titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. En la misiva agradece al Presidente la distinción diciéndole: “Querido y respetado amigo: dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento. Te pido que me la devuelvas, junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos hijos y familiares”.



Doña Rosario terminaba la carta calificando lapidariamente la atención que la 4T daba a quienes buscan Justicia; y, además, hacía una petición:

“Hoy seguimos igual, recibiendo escarnio y burla de los funcionarios. No permitas que la violencia y la perversidad de gobiernos anteriores siga acechando y actuando desde las tinieblas de la impunidad e ignominia. No quiero que mi lucha quede inconclusa”.

Tres años más tarde falleció ese portento de madre y mujer; seguramente con el alma desolada, pues ni la medalla ni la verdad le fueron entregadas. Al contrario, su demanda de justicia se multiplica por miles de madres y familiares de víctimas de desaparición forzada, ocasionada por el contubernio de funcionarios con el crimen organizado.



Su ejemplo vive

En 2022 entrevisté a Ma. Elena Gutiérrez Domínguez, tía de Rafael Espinosa Gutiérrez, víctima de desaparición forzada (Xalapa, 15/08/2013). Como integrante del “Grupo Buscando a Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en Veracruz”, esta activista se expresó así de Doña Rosario:

- Es un ícono en la historia reciente de este País ensangrentado. Representa a miles de madres que buscan a sus hijos e hijas en todos los estados de la República, porque en cada lugar hay familias llorando, buscando a sus desaparecidos. Somos madres y, al igual que doña Rosario, anhelamos con el alma expulsar el grito “Eureka” que ella nos enseñó a contener hasta encontrar a nuestros seres queridos.



Ahora en 2022 la historia se repite la misma tragedia. El Estado mexicano parece no entender que es su responsabilidad absoluta mantener la paz y tranquilidad de su pueblo y castigar con todo el peso de la Ley a los responsables de cometer estos delitos considerados de lesa humanidad. ¿Cuántas comisiones de la verdad se necesitan para saber quiénes son los responsables de más de 100 mil desparecidos?

Datos crudos

Tan abrumadora es la impunidad estructural en México que las buscadoras de Tamaulipas, en su desesperación y desamparo, propusieron a los cárteles mexicanos un pacto social para que cesara la desaparición de personas.



De 2018 a febrero de 2026, el Comité Contra la Desaparición Forzada (CED) de Naciones Unidas (ONU) pidió a México 819 acciones urgentes de búsqueda de personas y situó al País en el primer lugar mundial de deapariciones.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su informe anual del 11 de mayo, refiriéndose a ese delito, dijo que México vivía una crisis humanitaria porque hasta junio de 2025 se habían registrado más de 128 mil desaparecidos y al menos 70 mil cuerpos sin identificar en las morgues oficiales. Documentó que los ataques son sistemáticos, generalizados y que cuentan con la participación directa de funcionarios públicos federales, estatales y municipales. Y menciona a Veracruz como un caso paradigmático.

En el mismo sentido se pronunció el obispo emérito de Saltillo Raúl Vera, quien señaló el pasado mes de abril que “la corrupción provoca que no haya respeto a los derechos humanos, gracias a la participación de las autoridades con la delincuencia organizada”.



Contraste que duele

Mientras nosotras excavamos con varillas de metal, el Gobierno se prepara con frivolidad para el Mundial de Futbol 2026, no obstante que a unos kilómetros del estadio (sede) Akron de Jalisco, hay casi 500 bolsas con restos humanos en fosas clandestinas. Los colectivos han denunciado que se han retirado fichas de búsqueda en zonas cercanas al estadio para que los visitantes no se den cuenta. ¿Qué mensaje nos manda eso? Que un gol vale más que una vida.

En Veracruz, continúa la carta, “los responsables de esta crisis siguen en el poder, incluso reciben homenajes u ocupan cargos. Por ejemplo, Fidel Herrera, exgobernador acusado de recibir 12 millones de dólares de un grupo delictivo fue homenajeado por el Congreso mientras nosotras protestábamos en las calles. La clase política nos ignoró”.



Ante la determinación del CED de la ONU sobre que esta crisis implica crímenes de lesa humanidad, las buscadoras informan que el Gobierno la calificó de injerencista y llamó politequería a las denuncias de los colectivos.

¿Por qué seguimos?

Seguimos porque recordamos sus caras. Porque sabemos cómo reían. Porque todavía podemos oler su ropa recién lavada. Porque hay una foto en la mesita de noche que no nos deja rendirnos. No seguimos por heroísmo: seguimos porque el amor no sabe rendirse.
Vaya para estos seres revictimizados por un Gobierno delincuencial, un abrazo solidario deseando les lleve un poco de consuelo y alivio a su infinito dolor.