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Opacidad e incapacidad, corrupción e impunidad

Rafael Arias Hern?ndez 08/01/2018

alcalorpolitico.com

324 días del final y el PANRD sigue sin rendir buenas cuentas y obtener positivos resultados en lo importante, como en economía, desarrollo social y seguridad de los veracruzanos.
 
Innegable, uno que otro intento de logro o avance por consolidar, la mayoría desconocidos y sepultados por la falta de transparencia y acceso a la información real, oportuna y confiable. Opacidad e incapacidad, discrecionalidad y voluntarismo,  inocultables e injustificables.
 
Los problemas no se van a resolver solos, se agravan. No habrá milagros o soluciones divinas, gobernar al gobierno es a la vez derecho y obligación ciudadana y social. Ante todo, imprescindible informarse y participar. No queda de otra, se padece lo que se permite.
 
Ni dictadura ni aristocracia. Condenable toda forma de autoritarismo o despotismo, incluso el ilustrado.
 
Determinante no olvidar que, en todo caso, hay que participar pero no para ratificar y justificar irresponsabilidad gubernamental  y crimen sin castigo. Participación responsable y permanente.
 
En general, excepciones aparte, tanto en el gobierno estatal, como en los municipales de todos colores y sabores, prevalecen y crecen opacidad, ineficiencia, complicidad, delincuencia e impunidad.
 
Ante evidentes desinformación y simulación, obligado insistir: ¿De qué tamaño es el daño recibido y cuál es ya, el acumulado? ¿A cuánto asciende el total-total de deuda pública estatal y municipal? ¿Dónde están los miles de millones de pesos presupuestados y desaparecidos? ¿Y los resultados de la entrega recepción? ¿Cuántos despedidos y  nuevos contratados van? ¿Renovar o autorizar más concesiones y privatizaciones, para beneficiar a quienes? ¿Cuál es el costo de la reestructuración de la deuda? ¿Por qué los descomunales y ofensivos súper sueldos, prestaciones y beneficios, a funcionarios?
 
Inaceptable la simuladora rendición de cuentas,  sin información actualizada y confiable. Imposible la participación y la evaluación pública sin respeto y garantía a derechos y libertades ciudadanas y sociales. Abunda la delincuencia de la opacidad.
 
Plan de desarrollo, inútil, decorativo y costoso, sumergido en una planeación tan anticonstitucional e inconsistente, como inaplicada y hasta hoy no evaluada.
 
Fiscalización oficial aparentada y supuestamente respaldada con cientos de caras auditorias y consultorías encubridoras, puntualmente presupuestadas, asignadas y cobradas. ¿Para qué gastar en lo que no se usa, ni sirve?
 
 
Carnaval anticorrupción
 
Hoy por hoy. Para muchos sobran fundadas razones para desconfiar y hasta pronosticar el anticipado fracaso del sistema estatal anticorrupción que, como el nacional,  antes de nacer está muerto.
 
En los hechos y operación,  destinado a ser un simulado y costoso fingimiento y distractor gubernamental,  para el entretenimiento y la manipulación mediática. Mucho ruido, pocas nueces; y eso sí,  a cuenta del presupuesto, con nuevos y costos cargos y plazas de encubridores y simuladores serviles o abyectos, impuestos por conveniencia  e interés, de conocidos presuntos responsables y prófugos potenciales. Total el objetivo es garantizar la continuidad de la impunidad.
 
Vox populi señala y repite. El que esté libre de responsabilidad que jale la cadena.
 
Y ahí van locos de contentos con sus cargamentos para otra atrocidad.
 
Mientras, el malestar público crece y el hartazgo social se manifiesta de muchas formas.
 
Que quede claro, malos y peores gobiernos  causan resistencia y desobediencia civil. ¿Veracruz tiene los gobiernos que se merece?
 
 
Elecciones el festín del hampa electoral
 
La prioridad antes que todo. No olvidar y tener siempre presente, limitaciones y sacrificios, en los que sobreviven millones de veracruzanos. Crecen pobreza, hambre e inseguridad con incapaces gobiernos de más de lo mismo.
 
A más gasolinazos, impuestos, deuda pública y costosas finanzas gubernamentales.
 
A más presiones inflacionarias y  devaluatorias.
A más gobiernos saqueadores, endeudadores y privatizadores. A esto y más, urge puntual respuesta y aprovechar toda oportunidad de cambiar para mejorar, no para empeorar. No más pasividad, desinterés, ni resignación  o conformismo.
 
En todo asunto público indispensable presencia y participación, organización y movilización ciudadana y social. Como en las elecciones, que no deben ser patrimonio de la indeseable partidocracia;  y mucho menos, actividad exclusiva del hampa electoral que las mueve y aprovecha.
 
Con sus excepciones. Día a día se comprueba que el remedio resulta peor que la enfermedad, con gobiernos sin seguimiento y control ciudadano y social.
 
Las condiciones económicas y sociales empeoran, con instituciones y dependencias oficiales, plagadas de ineficientes y delincuentes, de irresponsables y parásitos.
 
Confiados en el cambio de autoridades, se confirma que se renuevan, reproducen o empeoran atrocidades y desastres, limitaciones y sacrificios. En consecuencia, aumentan injusticias, abusos y arbitrariedades. Total unos tras otros se protegen, encubren y hacen intocables y reciclables. Son  lo mismo y peor. Más gasto, más deuda y más privatización.
 
Si el Duartismo es condenable, lo que le sigue y lo aprovecha ¿qué es?, ¿cómo llamarlo? ¿Gobierno del cambio, para empeorar?
 
Si se llega al poder para no poder, ¿qué se debe hacer? ¿Reelegir o escriturar y entregar el gobierno a familia, grupo, partido o banda?
 
O para decirlo, en la incómoda forma que tanto se rehúye y pretende ignorar: ante desinterés, pasividad y conformismo,  “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”.
 
Ineludible responsabilidad ciudadana y social
 
Decía Karl Popper que conocidos los alcances de la condición humana y su siempre presente característica y tendencia a la falibilidad y  al error,  lo importante es plantear la pregunta: “¿Qué podemos hacer para configurar nuestras instituciones políticas de modo que los dominadores gobernantes malos e incapaces, que naturalmente intentamos evitar, pero que no obstante, no resulta excesivamente fácil hacerlo, ocasionen los menores daños posibles y de modo que podamos deshacernos de los dominadores incapaces sin derramamiento de sangre?”
 
¿Por qué primero no se corrigen, bien y a tiempo,  males y  deficiencias  gubernamentales? ¿Por qué se permite, tolera y estimula irresponsabilidad, ineficiencia y hasta corrupción e impunidad? ¿Para qué la cara fiscalización oficial y sus inútiles supervisión y control, si al final no hay responsables ni culpables frente a notorios daños, pérdidas y delitos? ¿Por qué permitir la concesión o privatización del gobierno como la mejor solución?  ¿A quién importa el bien común, el interés social,  o la propiedad pública? ¿Quién defiende e incrementa lo que es de todos?
 
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