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Sursum Corda

Palabras de Desagravio a la Virgen de Guadalupe

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 29/06/2020

alcalorpolitico.com

Los fieles que han obtenido una fe tan preciosa no han dejado de emocionarse e ilusionarse con las fiestas litúrgicas, a pesar de las limitaciones para ir a la Iglesia. El confinamiento no ha sido un impedimento para vibrar con la fe de la Iglesia y para hacer fiesta desde la casa y el corazón.
 
En este tiempo de tribulación y de acuerdo al acompañamiento espiritual de la Iglesia, han logrado disponerse para honrar, alabar y celebrar a Dios y a sus santos.
 
Los fieles han logrado acercarse al Señor y alabarlo como verdaderos adoradores, en espíritu y verdad. Saben que es pasajera esta tribulación y que volveremos a estar juntos en la Iglesia para cantar ¡Aleluya! Pero mientras llega ese momento jubiloso, nada impide que Dios sea amado, adorado y alabado.
 
Bajo esta mística, la expectativa era muy alta. Estaban pendientes de la celebración del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María. Tantos fieles devotos a la Virgen esperaban ansiosos este día, pues en este tiempo de tribulación han venido percibiendo que, ante el dolor, el amor de la Madre del Cielo es lo que nos sostiene en la esperanza.
 
Junto con esta expectativa de seguir celebrando la fe, también nuestros fieles traen un desgaste muy grande, ya que, por si no fuera suficiente el miedo y la preocupación que provoca esta crisis sanitaria, los ataques a las Iglesias cometidos durante este mes de junio han provocado un profundo dolor en el alma.
 
Se ha protestado, se ha procedido legalmente, se ha mostrado públicamente nuestra indignación, se ha hecho el debido acto de reparación y a pesar de todo, como si no fuera suficiente, despertamos ese día con la noticia del incendio en el altar de la Virgen de Guadalupe, en el Mercado San José.
 
Exactamente ese día sagrado e inmaculado, había sido mancillado un altar de la Madre de todos los mexicanos. Otra vez se lastimaba lo más íntimo de nuestra alma espiritual, regresaba el dolor del alma ante una nueva agresión.
 
Estas cosas que suceden inexplicablemente y que expresan el peligroso nivel de descomposición social que está viviendo nuestra sociedad, con un gobierno que abona a la crispación y polarización social, nos hacen clamar al cielo para pedir la ayuda divina pero también para ser explícitos a la hora de expresar nuestro dolor e indignación por la agresión a la Virgen de Guadalupe.
 
Madre del amor hermoso, se nos cae la cara de vergüenza y se estremece nuestro corazón al ver tus imágenes quemadas o destrozadas en distintas partes del mundo, incluso en este suelo bendito donde tú forjaste una hermosa nación, reconciliando a dos grandes pueblos. Nuestro sufrimiento es indescriptible al ver la Casa de Dios y tus imágenes ultrajadas por el odio a la fe.
 
Aquí mismo en Xalapa, la bella y culta capital del Estado, que está consagrada a tu Inmaculada Concepción, se han mancillado algunas Iglesias y lamentablemente se ha atacado tu divina presencia.
 
Madre mía de Guadalupe, perdona a tu pueblo, acoge en tu regazo a todos los que en México y en Xalapa han atentado contra tu santidad y pureza. Como dice el Stabat Mater del P. José Luis Martín Descalzo:
 
“¿Y ahora? ¿No es demasiado, hijo, lo que me estás pidiendo? ¿Habiendo sido madre tuya, cómo podría serlo de tus asesinos? Pero si fui esclava una vez, seguiré siéndolo. Que entren, que entren en mi seno. Se ha desgarrado tanto en esta hora [El Calvario], que ya me caben todos”.
 
Que entren en tu seno, Madre Inmaculada, todos los que atentan contra la vida y lastiman la dignidad de los demás, todos los que atacan las Iglesias, todos lo que te agreden, para que sean purificados y renovados en tu corazón Inmaculado.
 
Olvida, Madre amada, las culpas de tu pueblo y recuerda en este momento oscuro de nuestra historia a los santos que dejaron en el pueblo católico esa huella indeleble de amor por ti, por medio de su devoción y de sus escritos.
 
  • Acuérdate del apasionado amor de San Bernardo de Claraval, reflejado en sus libros: Las grandezas de María y La Virgen Madre, así como en el Memorare que aprendimos desde pequeños. 
  • Acuérdate de San Luis María Grignion de Monfort y sus libros: Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen y El secreto de María
  • Acuérdate de Las glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio. 
  • Acuérdate del amor tan especial que te brindaron San Juan María Vianney, Santa Teresa de Lisieux, San Maximiliano María Kolbe, San Pío de Pietrelcina, San Josemaría Escrivá, San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta. 
  • Acuérdate de las conferencias doctas y apasionadas sobre el acontecimiento guadalupano del sabio Sergio Cardenal Obeso Rivera y de la tierna devoción de San Rafael Guízar Valencia, que nos enseñó a amarte y cantarte ¡Oh Virgen santa! 
  • Acuérdate de los millones de mexicanos que desde 1531 suben al Cerro del Tepeyac y a todas las Iglesias donde estás presente. 
  • Acuérdate de la piedad y devoción de nuestras madres que visten a sus niños de inditos para consagrarlos a Ti. 
Escucha estas palabras de desagravio, aunque sabemos que eres Madre y tu consuelo llegará a nosotros más rápido que el nuestro a Ti. Como dice el Padre Pío:
 
“¡Cuántas veces he confiado a esta Madre la atormentada angustia de mi inquieto corazón! ¡Y cuántas veces me ha consolado! (...) En tiempos difíciles, me parece que no tengo madre en la tierra, sino solo una, llena de piedad, en el Cielo (...) Pobre madrecita, ¡cómo me ama! ¡Con cuánta solicitud me acompañó al altar esta mañana! (...) Me gustaría tener una voz muy fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a ir hacia Nuestra Señora”.
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