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Se fue una guerrera de la fe

Fernando F. Cancela Xalapa, Ver. 26/03/2013

alcalorpolitico.com

En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final -porque esto sucederá- los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.
Primera Carta a los Corintios 15:52
 

Le comento apreciado lector que a las 17:00 horas del pasado viernes 22 de marzo, nuestra Iglesia que es la Primera Bautista de Xalapa, sufrió una perdida irreparable. A los 92 años de edad, falleció uno de los pilares de la misma, una fundadora muy querida e importante para nosotros, la señora Leonila Arciniega Miranda, a quien de cariño decíamos “Nilita”.

“Nilita” provenía de un pequeño poblado enclavado en el Estado de Hidalgo en cuyo olor del campo y del aire, conoció a quien sería el amor de su vida, al Profesor Rural David Pérez Vela, con quien procreó a sus seis amados hijos: Carlos, Jorge, Abel, Jaime, Guillermo y Joel Pérez Arciniega. Aunque todos ellos son personajes destacados y triunfadores, a Joel Dios lo proveyó de una de las voces más privilegiadas del estado y del país, al ser un tenor que aparte de cantar para la orquesta de la Universidad Veracruzana y ser maestro de la Facultad de Música de de nuestra máxima casa de estudios, simultáneamente dedica su tiempo completo como Ministro de Alabanza de la PIB Xalapa.

En ese sentido, el mensaje del pastor de la PIB Xalapa, Armando Díaz Salazar fue muy reconfortante, pues decía que cuando Lázaro murió, Jesús acudió con su familia a su funeral y les manifestó su solidaridad humana por la perdida de su ser querido. Armando mencionó durante su predicación, un hermoso pasaje bíblico que se encuentra en Eclesiastés capitulo 3 y versículos del 1 al 8 que dice: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Díaz Salar mencionó que todo está marcado por el señor; que el día de nuestro nacimiento fue destinado por Dios, así como también el día de nuestra muerte por lo que debemos estar listos para ir a su encuentro cuando él nos llame a rendir cuentas. Porque Cristo vive al levantarse de entre los muertos y debemos estar seguros que mañana nosotros también nos levantaremos y viviremos para siempre.

“Nilita”, fue la auténtica madre con la cabeza en alto, una mujer con orgullo, dignidad, templanza, carácter, pero sobre todo, con una fe inquebrantable. Una dama de hierro y mano firme, virtudes necesarias para sacar la fortaleza que siempre la distinguió y que demostró hasta el último momento de su vida con su gran amor por todos.

Mujer valiente que mantuvo en alto su estandarte desde hace más de 50 años que declaraba su gran amor a Dios, pues era sabedora de la importante palabra escrita en “La Biblia”; palabra que sin duda, fue el motor generador de la energía que siempre la distinguió, pues dar educación y formación a seis hijos, representó un verdadero sacrificio pues a ninguno de ellos, se le negaron los estudios.

Fueron momentos difíciles, sin embargo, con mucho amor, cuidado, dedicación y cariño “Nilita” forjó que la infancia y adolescencia de cada uno de ellos fuera feliz, y el mensaje que con mucho sentimiento proclamara su hijo Carlos Pérez Arciniega en su sepelio en el “Cementerio Xalapeño”, dejó en claro el verdadero significado para ellos, pues decía que Nilita “fue y será siempre una estrella reluciente que guiará nuestros destinos como hombres de bien, como seres humanos trabajadores, responsables y comprometidos con nuestro país, pues es el ejemplo imborrable que de ella recibimos”.

Carlos dio a conocer que el día que “Nilita” falleció, junto con sus hermanos invocaron a Dios en oración y sintieron que ella al escucharlos fue lo que motivo su feliz encuentro con el señor de los cielos; pero que antes de fallecer abrió sus ojos por última vez y como una sorpresa infantil, como si estuvieran descubriendo una verdad por primera vez, comprendieron que… todo lo que “Nilita” había perseguido en la vida, hasta ese momento lo había logrado. “Y nosotros al cerrar sus ojos, sabíamos lamentablemente que nunca más podríamos mirarlos con ese brillo que siempre permanecerá gravado en nuestras mentes y nuestros corazones”.

Decía que “Nilita” separó sus labios por un momento quizás para expresar lo que había descubierto, pero que ya no tuvo fuerzas, que la muerte fue más rápida y se la llevó antes de que pudiera articular palabras. El maestro Carlos Pérez Arcieniega remató mencionando que su madre había sido como todos la conocimos, una gran mujer. Descanse en paz, Nilita Arciniega Miranda. Una guerrera de la fe.

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