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Soñar… en qué

Arturo Reyes Gonz?lez 16/12/2010

alcalorpolitico.com

La temporada de fin de año, más que la decembrina, se presta para que millones de mexicanos piensen, al menos en algún momento, por pequeño y breve que sea, sobre lo que vendrá, lo que nos espera, lo que puede suceder empezando el año próximo, aunque mucho de ello más bien refiera a lo que quisiéramos que sucediera.

La diversidad de ideas y anhelos corresponde, lógicamente, a la también diversidad de necesidades que cada quien padece; de cómo le haya ido en la película del 2010 dependerá la lista de solicitudes para el 2011.

Mantener el trabajo, cambiar a otro, mejorar el aspecto económico, cambiar automóvil, cubrir los gastos o algunos de ellos con el aguinaldo; salud, amor, paz y tranquilidad laboral y familiar son algunos; un Ipad, mejor celular, el X-box, Wii o consola de juegos del momento, juguetes de moda, ropa, en otra edad.

No debemos perder de vista que el grueso de la población del país, esa que se ubica en el rango de la pobreza extrema, de los jodidos dicho de manera coloquial, debe luchar, trabajar, para conseguir apenas lo básico: tres comidas al día, agua potable de calidad, ducha caliente con un leve giro de muñeca y hasta caminos asfaltados e infraestructuras que ahorran tiempo y dinero, transporte público, más zapatos, escuela y hospitales y medicinas al alcance de todos.

No es lo mismo gastar todas las energías en sobrevivir cada día que tener las condiciones para estar convencido de que se puede aspirar a la vida eterna. Los primeros no planifican, no ahorran, apenas sueñan, si es que les queda un momento en el día, fuerzas y sobre todo ánimo e idea para hacerlo; sólo mantienen una ilusión: mejorar, aspirar a vivir como debe ser, como la gente.

Y pensar que los segundos tienen tiempo libre, tiempo para la educación pública y privada, la cultura, el ocio, el cine, el deporte, viajes y pequeños y grandes lujos y aún así, en muchas ocasiones, no sueñan en la medida en que deberían hacerlo dadas sus posibilidades, ¡en grande!, y suelen pasársela quejándose de su ¿mala suerte?

La cotidianidad, la inmediatez nos envuelve.

Cómo pueden los primeros pensar en urbanidad, en desarrollo sustentable, en democracia, en macro economía, en las reservas y los estándares de calidad gubernamental. Prácticamente se les está hablando en otro idioma, sí en español pero en términos no propios de su cotidianeidad, de su entorno, de su realidad. El mensaje veo difícil que llegue, que represente, que signifique algo para millones de mexicanos.

Cómo mover consciencias, cómo sembrar el sentido de la mejoría, de la verdad, del desarrollo, del progreso. He ahí el gran reto.
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