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Sección: Estado de Veracruz

México guinda: ¿Símbolo de victoria o de regresión democrática? II

- La derrota electoral obliga también a revisar la actuación de la oposición y a la autocrítica

- Los partidos que han devenido en empresas particulares o nichos impunes son lastre para la democracia mexicana

- Perder también conlleva la madurez cívica de saber reconocer el triunfo del otro

Vctor A. Arredondo 12/06/2024

alcalorpolitico.com

Toda derrota debe aprovecharse como aliciente para preparar la estrategia de lo que sigue; para ello, es imprescindible analizar lo que llevó a ganar al contendiente y, también, a realizar una autocrítica sobre los errores propios cometidos. Desde hace años, los partidos de oposición sabían que el oficialismo “iba con todo” para permanecer en el poder y que la única manera de enfrentarlo era a través de una alianza fuerte, convincente, entre ciudadanos y partidos opositores que, por la fuerza gubernamental, implicaría una contienda compleja. Por esa razón, la decisión de la dirigencia nacional de Movimiento Ciudadano sobre su participación en esa alianza era crucial. Además, había expectativas favorables de que eso ocurriera por las reiteradas críticas públicas de Dante Delgado “contra el autoritarismo del gobierno, la violencia y la militarización del país”. Finalmente, prefirió ir por su cuenta, argumentando que con el PRIAN no iría ni a la esquina y que su partido sería “una fuerza electoral capaz de competir con Morena”. Esa decisión, criticada severamente por el gobernador emecista de Jalisco Enrique Alfaro, por Luis Donaldo Colosio Riojas, quien parece ser el único líder presentable de MC en Nuevo León, y por comentaristas nacionales, fue un fuerte golpe para los esfuerzos de enfrentar el control político total de México, por parte del partido de López Obrador.

Cualquier observador neutral puede dimensionar el daño que provocó esa decisión a nuestra democracia. Después de los resultados electorales se puede argumentar que la suma total de las dos expresiones opositoras no fue suficiente para derrotar a Morena. Sin embargo, esa conclusión a posteriori no es válida, porque no sabemos cuál hubiera sido el impacto inicial en la percepción del electorado sobre una oposición totalmente unificada. Dante Delgado conoce de política, porque desde estudiante de secundaria ha estado en eso, por lo que sabía muy bien las consecuencias de dividir el voto opositor. Por más explicaciones dadas, quedarán las dudas de la razón real de su decisión. Pero sea lo que fuere, ahora va a tener que enfrentarse a la promesa que él mismo hizo ante la sociedad mexicana, la “de renunciar a MC, si ese partido no se convertía en la segunda fuerza política del país”.

¿Y qué decir de la actuación acomodaticia del Partido Verde? Cada vez queda más claro que a sus dueños y socios sólo les interesa la impunidad y el dinero público que reciben como subsidio, porque han mostrado una carencia total de ética cívica. Se rinden a los pies de cualquier corriente y partido político que, en determinado momento, los acobije y asegure su supervivencia. Se trata de un club de familias bien identificadas que encontraron la manera de vivir del erario público sin aportar beneficios útiles a la prosperidad nacional. Contrario a los políticos correctos que han sido convocados por ese “partido”, sus directivos son el peor ejemplo de simulación política y deben ser objeto de escrutinio exhaustivo, si es que deseamos restaurar la integridad en la vida pública. Este asunto dibuja de manera prístina a los partidos que se han convertido en empresa privada, aun cuando eso conlleve perjuicio social, debilitamiento de la credibilidad de la política mexicana y una crisis de imagen que nos golpea frente al resto del mundo.



Y no se puede desconocer el caso desastroso de los dos principales partidos de la alianza opositora, fue patética la actuación de sus directivos nacionales, que estuvieron más ocupados en asegurar sus respectivas senadurías y en provocar la salida de miembros de su propio partido que se negaban a aceptar la selección personal de candidaturas leales a los directivos, sin consideración alguna a la pérdida de operación territorial en la promoción del voto. Supusieron que su presencia ocasional en mítines y reuniones de figurín supliría la indispensable promoción de sus candidaturas en el vasto campo electoral. Siempre estará en duda su actuación limpia; en particular, la de Alejandro Moreno del PRI. La amenaza que tenía sobre sus hombros de que le judicializarían su expediente patrimonial, lo convirtió en dependiente de su fuero y sujeto fácil de extorsión política, lo que se reflejó en su incompetente entrega de resultados. Es escandalosa la debacle nacional del PRI en cuanto a imagen social; son muchas las evidencias de que los candidatos opositores tuvieron que contrarrestar la carga negativa de ese personaje y la del propio partido. En cuanto al PAN, todos nos preguntamos ¿dónde están los votos que habían asegurado a sus seguidores? Un último punto, no se debe olvidar que la misma coacción y amenaza de abrir expedientes judiciales, se aplicó contra exgobernadores priistas para que cedieran a Morena sus respectivas estructuras estatales de promoción electoral a cambio de impunidad. Por tanto, la suma de la incompetencia de los directivos nacionales de los partidos de oposición, más la amenaza-extorsión a una parte de los “líderes” de la oposición y las acciones ya comentadas en el artículo anterior, explican una parte de los resultados electorales obtenidos.

La otra parte que debemos aceptar, como ciudadanos demócratas, es que Morena sí logró captar un margen sustancial del voto ciudadano; de tal magnitud, que no será posible cambiar ese diferencial mediante impugnaciones directas a lo que se obtuvo en las casillas. Existen reclamaciones formales ante las instancias a cargo del proceso electoral que seguirán su curso legal y que deben orientar para tomar medidas que eviten lo que ya no debe suceder en nuestro País, si es que aspiramos a ser una nación democrática, justa, moderna, transparente, respetada en el mundo. Otra lección que tenemos a la mano, es que Morena obtuvo un amplio rango en el diferencial de votos, con base en trabajo territorial y beneficios económicos de los programas sociales que impactan directamente el bolsillo de los electores. Por primera vez en nuestra historia, tendremos una mujer como presidenta de la República y debemos apoyarla para que le vaya bien a México. Lo mismo sucedió en Veracruz, donde otra mujer, Rocío Nahle, ganó la gobernatura y se le reconoce su triunfo. Yo no aposté por su proyecto, y sí por el de Pepe Yunes, quien desde hace unos 25 años me convenció su actuación pública, cuando yo era rector de la Universidad Veracruzana y asesoraba el trabajo de las casas de la UV en las comunidades de Coyopolan y El Conejo. Ahí atestigüé su entrega solidaria hacia el desarrollo rural sustentable y el gran afecto con que le correspondía la gente de la sierra de Perote. En los años siguientes, todos conocimos su excelente entrega y resultados como legislador veracruzano; por lo que me orgullece ser su amigo.

Los recientes mensajes de Claudia Sheinbaum, de su equipo de transición y el que acaba de divulgar Rocío Nahle, en búsqueda de la concordia y de buenos resultados gubernamentales, son buenas señales que esperamos constatar a lo largo de sus respectivos gobiernos. Y para que eso sea convincente en lo queda del sexenio, le sugiero prudencia a López Obrador, ya no conviene seguir tensando la división en el País, y menos al cierre de su administración. Eso sólo crea problemas en la transición gubernamental y hereda más presiones innecesarias en los primeros años de gobierno de Claudia Sheinbaum. En el registro de la historia están documentadas las graves consecuencias del error de López Portillo al final de su sexenio. Lo que debe hacer AMLO es confiar en la capacidad de juicio y acción de su sucesora; por lo que conviene más al País que se dedique a preparar una transición ordenada, sus maletas y una buena ceremonia de entrega del poder, donde recibirá muchos aplausos y reconocimientos. A las fuerzas armadas se les reconocerá que cumplan, como ha sido desde hace muchos años, su encomienda constitucional y vayan haciendo los preparativos para la transferencia jerárquica e institucional hacia su nueva comandante suprema. A la mayoría parlamentaria y a los 29 gobernadores de Morena, se les recomienda que empiecen a cambiar su foco de atención del que esperemos se convierta pronto en un simple ciudadano, con todos sus derechos y obligaciones constitucionales, hacia quien será la presidenta de México los siguientes seis años. Al equipo de Claudia Sheinbaum a cargo de la transición gubernamental y, en lo particular, al exrector Juan Ramón de la Fuente, le aplaudimos su claro pronunciamiento sobre el debido respeto al nuevo gobierno en estos tres meses que quedan para el inicio sólido del primer gobierno federal en México, encabezado por una mujer.


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Artículos de esta serie:
México guinda: ¿Símbolo de victoria o de regresión democrática? I
México guinda: ¿Símbolo de victoria o de regresión democrática? II